EL VENENO DE LA CENSURA

cineEl cine es el eje de mi vida.

Cada película ha aportado su parte vital para evadir o entender al mundo.

Lo de menos es la calidad del argumento o fotografía. Desde un gran plano a un plano americano o un zoom back o paneo en cualquier escenario natural o decorado, el cine entró por mis oídos y ojos, hasta transportarme al pasado y presente de nuestra historia.

Podría enumerar las películas que me han marcado y me faltaría tiempo para hacerlo.

Desde Yanco (1961) hasta el último celuloide que alcance a ver, puedo afirmar que el cine ha sido mi alfombra mágica, como la del príncipe Hussein —el de Las mil y una noches—, y deberé agradecerlo hasta el último aliento.

Las salas cinematográficas, de diversa arquitectura y geografía, se convirtieron en el refugio necesario para aprender o evadirme de la realidad.

En 1978, durante mi paso por Juchitán, Oaxaca, me interné en un viejo cine, levantado en el corazón del barrio Felipe Pescador, sin aire acondicionado y techo. La película se titulaba Cascabel. Abordaba el tema de la censura  durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez.

Yo radicaba en Cuernavaca y quise conocer el Istmo de Tehuantepec, a sugerencia de una maestra de primaria que conocí en Cuautla e invité al cine.

Uno de los protagonistas circunstanciales de la cinta encabezo un mitin tres meses antes, frente al Palacio de gobierno de Cuernavaca: el ingeniero Heberto Castillo.

Yo daba mis primeros pasos como reportero profesional en un diario estándar de cuatro páginas en blanco y negro: el Noticiero del sur.

La sala de Juchitán estaba semivacía. Los vendedores de palomitas, dulces y refrescos, optaron por hacernos compañía, tras ofrecernos sus productos.

En esa ocasión, Juchitán me había impresionado por su exuberancia vegetal y su gente, alegre, solidaria y revolucionaria.

Las mujeres casadas lavaban su ropa en las afluentes del río que cruzaba por la cabecera municipal. Lavaban con el torso desnudo y en enaguas ceñidas a la cintura, azul marino, moradas o guindas.

La película era audaz al abordar el tema de la censura oficial.

Tras la masacre estudiantil de 1968 y del sangriento Jueves de Corpus del 10 junio de 1971, Echeverría logró cooptar a la izquierda institucional e impulsar la llamada Apertura democrática.

Algunos cineastas aprovecharon ese resquicio político. Uno, el jarocho Raúl Araiza, armó una historia de contenido social. Lo hizo con la ayuda de los argumentistas Jorge Patiño y Antonio Monsel.

Cascabel puso sobre la mesa dos temas sensibles de una sociedad lastimada por la pobreza y los abusos de poder de una oligarquía corrompida y ultraconservadora: el saqueo de los recursos naturales de los lacandones, en Chiapas, y el control férreo del gobierno a los medios masivos de comunicación.

El manejo actoral fue sorprendente y convincente. Araiza extrajo lo mejor de los personajes principales: Sergio Jiménez, en su papel de dramaturgo y socialista honesto; Norma Herrera, la esposa desencantada del dramaturgo; Raúl Ramírez, como el director de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaria de Gobernación; Ernesto Gómez Cruz, el cacique y ladino lacandón y Aarón Hernán, el asistente de dirección de Jiménez, entre otros.

Hasta sobresale en su breve aparición la vedete Rosita Bouchot.

Raúl Araiza le imprimió al filme un toque de documental, bajo el pretexto de que el dramaturgo —recomendado por el secretario de gobernación para realizar el cortometraje sobre los lacandones—  pidió hacer una investigación de campo ante de internarse a la selva chiapaneca.

En la búsqueda, entrevista a dirigentes políticos, antropólogos y sociólogos. Uno de  fue el ingeniero Heberto Castillo, prominente líder del movimiento estudiantil del 68 y fundador del Partido Mexicano de los Trabajadores.

Hasta el título de la película, Cascabel, fue un acierto de los guionistas y el director.

La letal serpiente era la perfecta metáfora de la censura oficial.

Nadie que se diga de izquierda o transgreda al status quo puede sobrevivir a su veneno, como ocurre en la memorable cinta.

Raul Araiza fue contratado por Televisa para dirigir telenovelas.

Y tras sus espaldas dejó tres rescatables filmes, de la veintena que dirigió: Cascabel, En la trampa y Fuego en el mar.

Raúl Araiza nació en Minatitlán, Veracruz, en 1935, y murió en la ciudad de México el 8 de junio de 2007.

Después de enfrentar la insolación en el interior de la rustica sala cinematográfica, cené esa noche con Meche Macías López, la inteligente maestra juchiteca, y sus padres.

Uno de sus parientes, presente en la mesa, fue el alcalde en desgracia, José Francisco López.

Durante el convivio toqué el tema de la película que recién había visto en aquel horno de ladrillos. El edil priista, sin soltar un segundo su botella de cerveza XX, comentó que pudo apreciarla el primer día de su exhibición. Nos adelantó que en dos semanas viajaría a la ciudad de México para entrevistarse con el ingeniero Heberto Castillo.

Por esas fechas, un grupo de maestros normalistas juchitecos, invitaban a los pobladores a integrarse a la Coalición Obrera, Campesina, Estudiantil del Istmo para derrotar en las urnas a los candidatos del PRI, partido en el que militaba el tío de Meche.

Después me enteraría, por boca de Meche, que el primo hermano de su madre se había separado del cargo.

El ayuntamiento era gobernado por  una junta administrativa.

En marzo de 1981, Juchitán tendría su primer presidente municipal de izquierda, uno de los dirigentes fundadores de la COCEI: Leopoldo De Gyves de la Cruz.

HEMEROTECA: yo el jurado – user

Mi pistola es veloz – Mickey Spillane

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