EL CACHALOTE DE FYODOR

Por Everardo Monroy Caracas

EL ESCUPITAJOImposible hablar. ¿Cómo poder revelarles que la Isla Magdalena tiene sus propios códigos de sobrevivencia?  Ellos invirtieron catorce horas seguidas, entre la espesura de la marea y partiendo de Punta de Mita.

El pequeño submarino  en nada se diferenciaba a un cachalote de media tonelada con dos asientos plásticos para cuatro tripulantes: Ricky, Nelson, Margaret y El Guicho Peláez. El plan no podía fallar porque era un hecho que los radares de la Armada de México difícilmente detectarían el sonar de la nave.

En dos días, de acuerdo al plan inicial, el reencuentro con Eva Gambera seria en territorio nayarita. De Punta de Mita a Sayulita y de Sayulita a Puerto Vallarta con solo un recargo de combustible en Bucerias.

–El buque de la Armada parte de Mazatlán los miércoles por la noche y lleva visitas y alimentos. Tú buscas a El Loco Porras y acompañas a su morra. Te quiero alerta…

Precisamente en el bodegón de Martin Bocinas se construyó el cachalote. El ruso Fyodor, un brillante ingeniero aeronáutico, pero disminuido por el cáncer y las adicciones, dirigió la faena. (Su esposa, radicada en San Diego, recibió el medio millón de dólares por su trabajo). Cada pieza mecánica e hidráulica y el forraje de acero inoxidable fueron trasportados de Tepic con la complicidad de un oficial y dos subalternos de la Policía Federal de Caminos. Eva Gambera, por indicaciones de El Guicho, cada viernes les entregaba la cantidad pactada.

–Ellos creyeron lo del laboratorio de anfetaminas y en esa creencia aprovecharon sus ganancias. Así funciona el negocio…

Desde el enrejado apenas alcanzaba a ver el mezquital y los guayacanes que aún destilaban un verdor incandescente. El color era un insulto ante el caparazón de roca maciza donde se encontraba. (Hay un polvo gris que encuba escarabajos y al despertar te cubre y corroe. Eres su prisionero.)

El capataz Medina insiste en doblegarlo con el aislamiento.

–Únicamente un cacharro de frijoles refritos con chile y mucha sal y además un jarro de agua potable por día.

Ahora todo era distinto. Odiaba el parloteo de los loros y el sonidito insistente de los pájaros “bobos”. Los días de furor y dicha se habían extinguido… Y lo lamentaba.

Un error, un maldito error. Imposible hablar… Su lengua y el instinto lo habían traicionado: el haber aceptado la media botella de tequila y decirle a La Alacrana que muy pronto la invitaría a conocer Playa Ventura… El capataz Medina, del bando contrario, no dudó en la verdad de su amante…

Eva Gambera, la ex Señorita Baja California,  jamás se lo perdonaría…

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