UN TUNCO DE DOS MANOS

cineEl miércoles 11 de abril  de 2012 murió Julio Méndez Alemán.

La primera vez que lo conociste fue en una película mexicana filmada por Ismael Rodríguez, el padre putativo de Pedro Infante. Lo disfrutaste, alucinado, en una polvorienta sala cinematográfica, la del Teatro del Pueblo.

No cumplías aun trece años de edad.

Y fuiste un testigo privilegiado cuando asesinó a balazos, en una cantinucha de Coahuila, a Emilio El Indio Fernández, en su estampa de Pascual Velasco.

Los hermanos del Hierro era el título de la cinta en blanco y negro.

Ismael Rodríguez la había filmado en 1961 y tuviste acceso a ella siete años después de su estreno en el Cine Metropolitan.

La ciudad de México era una olla de presión que logró reventar en octubre de 1968 y regar de sangre universitaria una de las plazuelas de Tlatelolco.

Julio, ya sin el Méndez, frisaba los 35 años. Tenía en su haber, en ese entonces, más de sesenta películas.

Después te enterarías que era el único actor mexicano que desnudó y besó, totalmente en cueros, a la diva sonorense María Felix.

Tal bellaquería pudo materializarse en el celuloide Amor y sexo, filmada un año después de representar al psicópata Martin en Los hermanos del Hierro.

Siempre lamentaste el no atreverte abordarlo en 1987 en uno de los restaurantes céntricos de Cuautla, Morelos donde tenía una casa. Degustaba al lado de su esposa Esperanza de la Paz, madre de sus cuatro hijos.

Te sorprendió verlo tan demacrado y con una poblada barba blanca.

Querías decirle que, de niño, allá en Huayacocotla –en un viejo galerón con techo de dos aguas los miércoles exhibían películas mexicanas–, lo viste enfundado en el traje negro del Zorro o como el adversario del espeluznante vampiro Nostradamus, encarnado por German Robles.

No fue cualquier cosa haber sido, en ese filme de terror, el yerno del presidente de la Comisión contra la Superstición, o sea de Domingo Soler, en su personaje del profesor Duran.

Sin embargo, Gisela te sugirió que lo buscaras en su casa. Ella te presentaría a Hugo Stiglitz, amigo del actor. Stiglitz radicaba en Cuautla y era menos viejo que Julio Alemán.

Jamás se materializó el encuentro.

En 1973, cuando trabajabas de fogonero en la Armada de México, disfrutaste de un chilliwestern protagonizado por Julio Alemán.

La película logró atraparte por tu apego al cine del italiano Sergio Leone y el de los estadounidenses John Ford y Clint Eastwood. Su director Alberto Mariscal la intituló El Tunco Maclovio o Deuda de muerte. Lo interesante de la historia fue que su argumentista empoderó a una mujer oligarca, Laura Montaño, quien contrata a un sicario para ejecutar a un lugareño (Juan Miranda) que enamora a su hija y rechaza venderle su rancho.

Julio Alemán representó cabalmente a El Tunco Maclovio y hasta le  puso su toque personal al ocultar su brazo mocho en una larga y polvosa capota y colocarse un pupilente azul en uno de los ojos. El rostro enhiesto, sombrío y la barba entrecana te convencieron que se trataba de un auténtico asesino profesional. En aquella versión, ajena a la censura oficial, vistes en todo su esplendor los desnudos de Bárbara Angely, la hija de Laura Montaño, y Nora Cantú, propietaria de un comedero de paso, donde pernoctó Juan Mariscal (Mario Almada), cazarecompensas y padre de una de las víctimas de El Tunco Maclovio.

Las películas Los Hermanos del Hierro (basada en una novela de Ricardo Garibay) y El Tunco Maclovio fueron filmadas en Durango y Coahuila y según comentarios de Julián Bravo, quien de adolescente hizo un protagónico en el segundo filme, Julio Alemán lo apoyó para que en su papel de Marcelo no descuidara su hablar y vestir. Alberto Mariscal simplemente confiaba en sus actores para darle el tono convincente a su historia, ambientada en el norte mexicano del siglo XIX. El mismo tono de hablar que Ismael Rodríguez les imprimió a sus actores en Los hermanos del Hierro.

Nunca te explicaste, por qué un hombre como Julio Alemán que había participado en más de 150 películas, trece obras de teatro y 33 telenovelas no dejó un libro que revelara sus secretos de actuación o nos descubriera el mundo creativo de sus compañeros de oficio y de los grandes directores del cine mexicano. Desde El Zarco, su primer película, donde trabajó en 1959 al lado de Pedro Armendáriz, José Elías  Moreno y Arturo Soto Rangel, hasta Tango das Mortes, del argentino Ernesto Aguilar, en 2008, miles de trabajadores de la industria del cine tuvieron contacto con su talento y personalidad.

En tu caso, y ahora se lo dices a Magnolia Hoffman que no deja de remover con su huesudo dedo índice la ramita de menta que flota en el Mojito, te hubiese gustado haber tenido el valor para abordarlo en Cuautla, en aquel domingo del mes de mayo, para proponerle escribir sus memorias y, de paso, agradecerle los buenos momentos que te hizo pasar en tus tiempos de escolapio y vagabundo. “Gracias a él”, le reiteraste a Magnolia, “los hedonistas del cine mexicano se recrearon con los cachondos desnudos de María Felix, Isela Vega, Sasha Montenegro, Ofelia Medina e Isabel Sarli, la fogosa vedete argentina, mejor conocida como La Coca.”

—¿Por qué no me has hablado de Las pirañas aman en cuaresma? —cuestionó Magnolia, metiéndote la rodilla en la entrepierna.

—Ya habrá tiempo de hacerlo, porque esa película se cuece aparte —respondiste y con un rápido beso en la boca sellaste cualquier nuevo intento de tu acompañante para ahondar sobre el tema.

HEMEROTECA: Par de Reyes – Ricardo Garibay

VIDEOTECA:

http://zoowoman.website/wp/movies/los-hermanos-del-hierro/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s