TIENES QUE RECORDAR

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coverTienes que recordar, por favor. El año dejará de existir, pero los dos continuamos respirando. Deja los reclamos para otro día. También arroja el periódico al cesto e intenta escucharme.

Lo dices tantas veces que prefiero olvidarme que sigues en la habitación y de pie, cerca del polvoso reloj chino que me regalaste el año pasado.

Hueles a humedad e imagino que has paleado la nieve de la entrada y depositado la basura en el contenedor de los vecinos.

La edad no es un impedimento para realizar tus labores. En dos días recibiremos el 2016 en el mismo lugar y con los mismos silencios prolongados.

Tantos recuerdos se acumulan y el olvido es el mismo, único. Llegamos a este país con las manos vacías y trastabillando de miedo. Las evocaciones filiares se congelaron. Después todo fue distinto. Tú no paraste de limpiar pisos, pocetas y escritorios y trastocaste nuestro tiempo de descanso. La noche volvióse día y el día, noche. Qué estupidez y es tan real, tan contundente, que hemos perdido el rumbo de la realidad y de los sueños.

Trabajar para morir con deudas y en un falso confort de vida.

Nunca supusimos que nuestro destino seria compartir el tiempo con los vampiros asalariados  y las mariposas nocturnas. Hasta los búhos y las luciérnagas nos cedieron su espacio en los edificios públicos.

¿A quién puede interesarle que anoche, en Venezuela, el presidente Nicolás Maduro firmó una ley que protegerá, durante tres años, los derechos laborales de la masa trabajadora o que el presidente de Argentina, Mauricio Macri, por el contrario, recorte burocracia y dejé en estado de indefensión a sus familias en plenas fiestas decembrinas? Aun así, y lo sabes, la prensa internacional trastocará la verdad y convertirá al venezolano en un dictador y al argentino, en un paladín de la justicia.

Lo dices en la misma postura de siempre, con tus anteojos montados sobre tu gruesa nariz mapuche y tu vaso de vino tinto en tu mano lastimada. Yo sigo en la cama, enferma, intentando escuchar el murmullo de las arañas que no dejan de rasgar mis aretes de falsas amatistas.

Es miércoles 30 de diciembre y desde ayer, Dios bendito, la nieve hizo de las suyas. Montreal dejó de jugar con los colores y el arcoíris y ahora es una sábana mortuoria donde los niños intentan ser ángeles y sus padres, cavadores de tumbas. La muerte corroe mis huesos y tú, de pie, me observas triste e intentas distraerme con tus disertaciones de intelectual marxista. Hemos perdido el día por el trabajo en vela y aun te aferras a tu pasado de mentor y militante comunista.

Me niego a recibir el año y busco alejarme de ti, de mis recuerdos, de este país bendito. Mi matriz está seca y nuestras sábanas ya no huelen a desinfectante…

HEMEROTECA: Wall Street y el ascenso de Hitler – Antony C Sutton

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