¡AY HERMENEO, HERMENEO!

SATURNIA_Fotor_20180717Ay Hermeneo, Hermeneo, siempre me burlo de ti cuando te veo y no soy el único… eso creo…

La retahíla era diaria cuando tenías ocho años y leías los nueve libros equivocados.

Ser un zagal sin incisivos afilados no era cualquier cosa. Principalmente en una ranchería tan siniestra como Viborillas.

De noche, la llanura era pegajosa y húmeda y se corría el riesgo de morir ahogado o incinerado.

Siempre has admirado a los ajolotes por su capacidad de adaptarse al agua y el fango.

Cada noche los observabas en los charcos que brotaban por el paso de los arroyuelos y las lluvias.

El poblado de apenas medio centenar de chozas con techos de cartón petrolizado, estaba partido en dos por una carretera arenosa que palidecía durante los meses de abril y mayo, por el reflejo de la luna.

Ay Hermeneo, Hermeneo, cada vez que te escucho me meo, me meo y no soy el único… eso creo…

Lo recuerdas huesudo, de ojos como lumbrera y los labios apenas perceptibles, como un tísico del Sahara.

Siempre descalzo, fantasmal, y recorriendo la llanura, desde el anochecer al arribo del sol y el color de la niebla.

Tienes muy clara su presencia.

Lo observaste degollar un cordero con las uñas y beber su sangre hasta saciarse.

No le importó que continuaras tras la nopalera, en hinojos y tiritando. Sabía que lo mirabas y eso le reconfortaba.

Ay Hermeneo, Hermeneo sigo bajo tu influjo, soy tu reo y no soy el único… eso creo…

Han transcurrido cinco décadas e ignoro porque te abandonó en pleno atrio de la iglesia de Huayacocotla, bajo aquel trueno de hojas amarillentas y raíces retorcidas y saltonas.

El Padre Baltazar López te levantó con ayuda del Mayordomo Prudencio Pasaran y despertaste rodeado de santos y vírgenes minusválidos.

Ahí permaneciste en penumbras, observado y protegido por aquel ejército de tuertos, tuncos y tullidos de yeso.

Hermeneo logró encariñarse de ti tal vez por tu renguera y orfandad.

La historia de abandono no fue tan distinta a la de Hermeneo.

Después te enterarías que en Potrero Seco, Atilano Uribe quemó la cabaña de tus padres, les cortó la lengua y amordazó en los catres. Solo a ti quiso rescatarte.

En el incendio murieron tus tres hermanitos y la abuela Caritina.

Ay Hermeneo, Hermeneo mueves los magueyales y te oteo y no soy el único… Eso creo…

Así creciste en total ignorancia, tan semejante a las ovejas que cuidabas y a los tordos y cenzontles que sembraban de nidos y huevos los fantasmales manzanos del traspatio.

Hermeneo impedía que los cuervos y tlacuaches los destruyeran. Era un guardián nocturno, de afilados incisivos que revoloteaba por las ramas, como un mono sagrado de la India.

Hermeneo te enseñó a contar las estrellas y caminar en el pantano.

Tienes que reconocerlo.

Cuando recorría los arroyuelos y pescaba ajolotes para alimentarte, lanzaba repetitivos graznidos y te abrazaba festivo.

Jamás quiso lastimarte o convertirte en un adversario de los amaneceres y atardeceres de Viborillas.

Los pobladores le temían, estaban conscientes del poder de los descendientes de Atilano Uribe, el matón oficial de los Garrido y Peñaloza.

Lo único que conservas de aquel terruño de humedad y ranas, es un acervo de papel y piel de carnero en nueve volúmenes escritos en letra gótica y carmesí. Te recuerdan el origen de los Uribe y su apego a la oscuridad y la sangre.

Eres uno de ellos, no lo olvides…

Ay Hermeneo, Hermeneo, siempre me burlo de ti cuando te veo y no soy el único… eso creo…

HEMEROTECA; TvNotas – 15 Mayo 2018

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s