ZOMBIS DE HUAYA

cineEn Huayacocotla conocí al Santo El Enmascarado de Plata.

Aclaro, en 1962 no sabía que su verdadero nombre era Rodolfo Guzmán Huerta, oriundo de Tulancingo.

A mis siete años lo vi derrotar a un ejército de muertos vivientes y comprobé que siempre, la justicia y el bien  prevalecen sobre la mentira y el mal.

La sangrienta pelea tuvo lugar en el único cine del pueblo, el de la Orilla.

Don Higinio Solís nos dio la oportunidad de ver esa inolvidable aventura.

Una semana antes, en un poste de alumbrado público colocó los stils donde anunciaba el espectacular encuentro, dirigido por Benito Alazraki, un chilango nacionalista que terminó filmando películas de ficheras.

Cada miércoles, por un peso, don Higinio Solís nos ofrecía  una película en blanco y negro.

Sin embargo, cada familia llevaba su propia silla para un mejor disfrute del celuloide.

Huayacocotla es un pueblo serrano, levantado en la cima de una montaña. En la década de los sesenta, la luz eléctrica apenas sobrevivía a los ventarrones y aguaceros de junio y julio.

El servicio era pésimo.

Don Higinio Solís, también sacrificaba reses para vender por kilo. Había comprado un generador de electricidad itinerante, alimentado de gasolina.

Por esa razón, el Santo hizo su trabajo sin incidentes. En una hora veinte minutos y doce segundos le partió la madre a esos engendros del mal que caminaban arrastrando los pies y asesinando cristianos, futuros zombis.

En verdad fue mi primer encuentro con el horror.

En 1978 comprobaría que seis años después, un gringo de padres latinos, George A. Romero destacaría al filmar una película de zombis  (La noche de los muertos vivientes), bajo la influencia de dos viejas películas gringas: White Zombie (1932), protagonizada por Bela Lugosi, y I Walked with a Zombie (1943).

Aun  así, seguramente el filme del Santo  tuvo la misma influencia. Es posible que, a Romero, más intelectualizado, le avergüence revelar que la vio en el televisor de sus abuelos.

Durante varias noches soñé con esos muertos vivientes.

Difícilmente podía asimilar, a mis siete años, que tales monstruos existieran.

La entonces amante del presidente Gustavo Díaz Ordaz, Irma Serrano, actuó en la película. Lo hizo por imposición del propio Santo. Pocos machos podrían sustraerse a sus piernas y canciones atormentadas, de voz rasposa.

Imagínense al hombre más poderoso de México arrodillarse ante esa hembra de muchos arreos y abrevar de su juntura salina.

Tiempos aquellos.

El Santo sigue vigente.

Hollywood no deja de producir series o películas de zombis (The Walking Dead es la mayor prueba). Deambulan por todas partes del mundo. Son un gran negocio.

Don Higinio —o uno de sus hijos— colocaba cada lunes el cartel de la película que exhibiría el miércoles.

Ese día optaba por desviar mi camino al salir de clases y dirigirme a la casa de mis tíos Ramón Baca y Ana María Monroy.

Normalmente ascendía, mochila al hombro, por la calle Manuel Gutiérrez Nájera hasta la avenida Revolución.

Los lunes, al llegar a la calle Morelos torcía a la izquierda y en el cruce con la calle Hidalgo, frente a la casona de mi tío Sostenes Monroy, divisaba el tan ansiado stils.

Mi tía Ana María nunca me negaba el peso para ver la película.

En algunas ocasiones, si el tema era religioso, ella me acompañaba al galerón de techo de zinc a dos aguas.

Ese miércoles, la película abrió con dos encuentros de lucha libre: en la primera, el Santo y su compañero Gori Guerrero derrotaron a sus dos contrincantes rudos. En la segunda, también venció a Black Shadow a quien, ocho años antes de filmar la película —el 7 de noviembre de 1953—, despojó de su máscara, después de un sangriento combate que duró setenta minutos.

Tiempos sin retorno.

El Santo de mi adolescencia dejó de existir el 5 de febrero de 1984, víctima de un infarto del miocardio, al término de su actuación en el Teatro Blanquita, de la ciudad de México.

Puedo afirmar que casi pude ver las cincuenta y seis películas que protagonizó, desde 1958 a 1982, e incluyo la de El vampiro y el sexo, de 1968, donde media docena de mujeres chupasangre aparecen en topless.

Hasta el día de su sepelio pude conocer la identidad del Santo —Rodolfo Guzmán Huerta— y el lugar de donde nació e inició su carrera de luchador profesional: Tulancingo, Hidalgo.

HEMEROTECA: La Historia de la Tierra – Robert Hazen

VIDEOTECA:

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