EL ARRE MACHOS (Prefacio)

UN POCO DE HISTORIA

crisalidaJaime Murrieta Briones, conocido en el gremio periodístico como el Arre Machos, murió por un problema renal, el 16 de mayo de 2011. Tenía 55 años y tuve el privilegio de trabajar a su lado en Ciudad Juárez, Chihuahua (México). Durante más de 20 años fue el fotógrafo de la violencia. Su cámara registró miles de cadáveres, delincuentes, policías y militares inmorales, víctimas del narcotráfico, y parte de la arquitectura salvaje del municipio fronterizo sometido por la sobreexplotación laboral en las maquiladoras, la miseria y el vicio.

En junio de 1996 conocí a Murrieta y con su recomendación logré rentar un cuarto en la casona donde él vivía, muy cerca de las instalaciones del periódico El Diario de Juárez, donde fui contratado como reportero investigador. El director editorial nos envió a bares y restaurantes para cubrir la transmisión de la Pelea del Siglo: el enfrentamiento a puñetazos entre el campeón mundial superligero, el mexicano Julio César Chávez y el chicano Óscar de la Hoya. Ese viernes 7 de junio quedaron vacías las calles y avenidas de Ciudad Juárez porque la fanaticada vio por televisión el combate transmitido desde Las Vegas, Nevada. El periódico publicó al día siguiente una extensa crónica sobre lo ocurrido.

Murrieta hizo el registro fotográfico.

Fue el principio de una larga convivencia profesional y afectiva. Un mes después de aquella experiencia periodística –la pelea Chávez—De La Hoya y en la que ganó el chicano—, un atractivo personaje rentó otra de las habitaciones de la casona.  Era un joven transexual, oriundo de Camargo. El propietario del inmueble era velador de una farmacia y le proporcionaba las hormonas femeninas al nuevo inquilino. El muchacho experimentaba la extraña metamorfosis de hombre—mujer y ya poseía senos de silicona y grandes nalgas. Su anhelo de ser hembra lo arrastró a la vida nocturna, donde ganaba dinero fichando en las mesas y haciendo fonomímica como la cantante grupera Alicia Villarreal. Darío Puentes nos juraba y perjuraba que no se prostituía, sino simplemente alentaba a los clientes a bailar e ingerir bebidas alcohólicas. Tenía veinte años de edad cuando lo conocimos y sus facciones suaves y atractivas eran muy semejantes a la entonces cantante del grupo Límite.

Murrieta le dio seguimiento gráfico a la transformación de Darío e intentó vender el material visual a una revista estadounidense. Por mi parte, durante medio año consigné en varias libretas el comportamiento de Darío y algunos datos biográficos que me proporcionaba. Mis largas ausencias en Ciudad Juárez impidieron conocer el desenlace de la historia y en una ocasión, en noviembre de 2004 –un mes antes de asilarme en Canadá—le pregunté a Murrieta:

—¿Y qué fue de Cristal, Arre Machos?

—Ya es una hembra y parece que se casó con alguien importante de El Paso…

Lo de llamarlo Cristal fue idea mia, porque uno de mis propósitos era escribir una novela que intitularía Crisálida o La Pupa, bajo el fuego de la arena. Incluso, elaboré una breve sinopsis de la historia que en una de las francachelas finsemaneras, terminó en manos del director editorial.

Escribí como planteamiento general:

En Crisálida o La Pupa, bajo el fuego de la arena, se entrecruzan tres historias de amor, segreguismos y violencia: Mateo, clase mediero de Parral, Chihuahua, hijo de un comerciante, que se avergüenza de la opción sexual de su vástago quien lucha por materializar su sueño de ser mujer y llega a castrarse (al practicarse una vaginoplastía).

Lucrecia, hija de una familia pudiente radicada en El Paso, Texas. Sus padres son cirujanos plásticos. Está casada con el propietario de una Casa de Cambio en Ciudad Juárez, Vittorio Armendáriz, que lava dinero del narcotráfico. Es madre de dos adolescentes. Ella es quien orienta a Mateo para que se practique la vaginoplastía y sea una “auténtica mujer”. Lucrecia en realidad tiene un secreto que al final de la novela queda al descubierto.

Juan, al que apodan Juana La Loca, es pobre, radica en Tepoztlán, Morelos, se prostituye y trabaja de bailarín en un show travesti. Juan es asesinado a balazos, pero antes torturado porque se niega a entregar un teléfono celular. Culpan del crimen a su amante, el hijo del presidente municipal, quien es casado y padre de familia. Al final se descubre que fue el alcalde quien lo ejecuta personalmente con la ayuda de dos policías municipales. Un video es la causa del crimen, no el hecho de que su hijo sea amante de Juan. Este intentó chantajear al alcalde al filmar una relación sexual con él. El maestro se suicida y el padre acepta culpar a su hijo del crimen.

 Por lo que corresponde a Mateo, logra su objetivo: los padres de Lucrecia le hacen la esperada vaginoplastía y termina casado con el hermano de Lucrecia, pintor y exportador de artesanías. La boda es bendecida por el obispo de Morelos. En lo que sería el último encuentro sexual entre Lucrecia, Vittorio y Marcos (ahora llamado Mariana),  sirve de marco para develar el secreto de la primera: es transexual y tiene pene.  Los hijos fueron adoptados.

La intención hasta ahí quedó. No logré desarrollar la historia. Durante veinte años jugueteó en mi cabeza sin materializarse en el papel. Los relatos que ahora público en nada se asemejan al planteamiento original. Ni modo, es posible que en fechas posteriores alguna de las musas me ayude a coronar el propósito y me zafe de esa carga creadora.

HEMEROTECA: TVyNovelas México – 01 Junio 2018

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