NOCHE MÉNDEZ

Por Everardo Monroy Caracas

EL ESCUPITAJOI

Sábado primero de enero. Año Nuevo

Día fue decapitada al amanecer. Noche Méndez, Belén y Consuelo escucharon sus últimos estertores desde su escondrijo. Su vida dependía del apoyo de los vecinos o la policía federal de seguridad, ya alertada. Eran el salvoconducto para abandonar el cobertizo de los cachivaches y huir a Sunland Park, Nuevo México.

La odisea no sería fácil.

Las tres mujeres tendrían que cruzar un territorio plagado de pandilleros, narcomenudistas, coyotes y burreros: Puerto Anapra y Lomas de Poleo: páramos con callejuelas infectas y construcciones amorfas de tabicón, tablones de fibracel, láminas petrolizadas y plásticos obtenidos en los basureros de las maquiladoras.

Zona infranqueable al ocultarse el sol.

Durante la oscuridad, los viciosos y psicópatas resurgían como seres de ultratumba. El terror cundía entre los habitantes de bien.

Nada era fortuito.

En los pantanosos arenales de Lomas de Poleo una o dos veces por semana aparecían cadáveres de jovencitas de complexión delgada y largo cabello negro. La mayoría de familias pobres, oriundas del sur de México y Centroamérica. Por falta de dinero, y después de fracasar en su intento de internarse a territorio estadounidense, terminaban trabajado en los bares y las maquiladoras de Ciudad Juárez.

—Tengo mucho miedo tía  —replicó Consuelo—, estoy segura que nos van a encontrar…

—Cállate carnala, porque me pones más nerviosa… y dile mamá, no tía…

—Hazle caso a Belén —sugirió Noche Méndez mientras separaba con cautela uno de los tablones de la parte trasera del cobertizo.

Desde su escondrijo, infectado de cucarachas y ratas, escuchaban con claridad los golpes y los gritos de dolor de Día.

 Los vecinos, enclaustrados en sus covachas, optaron por guardar silencio y permanecer en penumbras, sin intervenir. Únicamente los perros  con sus ladridos intentaban alejar la presencia de la muerte, como normalmente ocurría durante la noche.

Día Méndez logró hacerse de una casa de ladrillo y cemento con un pequeño traspatio en la calle Rémora y Cangrejos, a una cuadra de la avenida Rancho Anapra.

De lograr salir del cobertizo, Noche Méndez y sus sobrinas tendrían que caminar casi un kilómetro de terreno sin pavimentar para alcanzar la calle Tonca. De ahí, cruzar la malla divisoria, internarse al agreste erial cubierto de cactus y gobernadoras y desplazarse por la Anapra Road, dentro de la ciudad fronteriza de Sunland Park.

—Perdónenme… —balbuceó Noche Méndez entre sollozos—. Nunca imaginé que ustedes vivirían esta pesadilla…

II

Viernes 24 de diciembre.

Noche Méndez llegó a la casa de su hermana en un viejo automóvil Chevrolet turquesa, de cuatro puertas. Sus sobrinas —adolescentes e idénticas en apariencia como su madre y tía—, descargaron la cajuela, mientras Día continuaba frente a la estufa, preparando el pavo relleno de almendras y los romeritos.

Durante la cena, las hermanas recordaron sus tiempos de lepas en la capital de Veracruz e intercambiaron regalos, colocados previamente bajo un pino de plástico con luces y esferas de distintos colores.

Belén y Consuelo cantaron villancicos. Día tocó la guitarra y Noche Méndez palmeó, silbó y lanzó hurras.

III

Noche Méndez trabajaba de cobradora para la Federación del Pacifico. Dos veces al mes recorría algunos bares, restaurantes, farmacias y hoteles para recolectar el dinero. En corresponsabilidad al pago, los propietarios evitaban ser secuestrados, ejecutados o que sus establecimientos terminaran consumidos por el fuego.

Noche Méndez recibía mil dólares por cada treinta mil recabados.

Un mesero del Tábano Club —amante ocasional—, la enganchó en el negocio de la extorsión.

Mientras cocinaba una piedra de cocaína con bicarbonato y agua destilada, Tony Roca detalló el modus operandi de una cobradora de sobornos:

—Nada de soltar la lengua, simplemente te presentas, dices que vas de la Federación, y recibes el dinero. Un bato de moto, irá a tu casa para recoger la pasta y tampoco te hará preguntas, porque tiene prohibido intimidar con los cobradores. El mismo bato te va a pagar tus servicios. No necesitas dar ni el nombre o cualquier dato personal… Es un trabajito seguro…

La urgencia de fumar crack le impidió a Noche Méndez tomar la decisión correcta. Su ingreso a la Federación no presentó obstáculos, gracias a Tony Roca.

Un  agente infiltrado de la DEA hizo la descripción física de la nueva cobradora e incluso, proporcionó datos familiares y números telefónicos.

“Morena, de cara redonda y cuello corto; nariz chata y ojos negros, muy grandes y usa largas pestañas postizas. Se llama Noche Méndez y es huérfana de padre. Su mamá vive en Xalapa, Veracruz, donde se volvió a casar. Noche Méndez tendrá entre treinta y cinco a cuarenta años y es de cuerpo menudo, tirándole a obeso. Fuma marihuana y es adicta a la piedra de cocaína, que se surte en la Chaveña, donde comparte casa con dos prostitutas y bailarinas del Tropicana, en la Pronaf”.

Una copia de la misma información la obtuvo el Consejo de Seguridad Ciudadana Por un Juárez Limpio. El comando paramilitar, responsable de combatir ilegalmente al crimen organizado, lo conformaban ciento cincuenta ex oficiales del ejército mexicano y ex policías de seguridad pública municipal. Todos entrenados en técnicas de contrainsurgencia en Israel, Panamá y Colombia.

Su objetivo principal era eliminar a los jefes del segundo circulo de mando de la Federación del Pacifico.

Noche Méndez estuvo bajo vigilancia durante seis meses, sin ser molestada.

 El 19 de diciembre, una llamada telefónica alertó a los paramilitares. Según el informador de la DEA, Noche Méndez visitaría a una hermana en Puerto Anapra, entre el 23 y 24 de diciembre. Pasaría con ella las festividades de navidad y año nuevo.

IV

Pinche carnala, hasta que te acuerdas de nosotras —Día le reclamó a Noche Méndez, sin dar visos de resentimiento. Ya conocía su comportamiento—. Teníamos un año sin saber de ti. Si no es por nuestra jefa, a la qué le mandas dinero y hablas constantemente, juraría que ya estabas muerta o en alguna prisión de México o Estados Unidos…

—Ya, ya carnalita, tu sabes que no me gusta molestarte, menos con tantos problemas que tienes. Porque ya me enteré que el hijo de la chingada de Alberto te abandonó por la culera de Raquel, tu comadrita, pero me tranquilicé porque te da pasta para las niñas.

V

Los principales integrantes del Consejo de Seguridad Ciudadana Por un Juárez Limpio, tras breve deliberación, decidieron detener e interrogar a Noche Méndez y al sicario de la motocicleta. Les aportarían suficiente información para identificar a los principales jefes regionales del cártel.

La noche del 31 de diciembre se pondría en marcha el operativo.

Los interrogatorios y las ejecuciones serian filmados y difundidos por Internet.

Las instrucciones de los empresarios y del Secretario General de Gobierno fueron inapelables:

Ninguna brizna de piedad: frente a la cámara de video deben ser decapitados como cerdos, y sus cabezas arrojadas al interior de cualquier centro nocturno de la Federación. En el afiche debe leerse:

“Aquí está su basura y así van a acabar todos los asesinos, envenenadores de nuestra niñez y extorsionadores.

“Atentamente

“¡La Familia de Chihuahua

Por un Juárez Limpio!”

El comando paramilitar planeó hacer el levantamiento en la glorieta de ingeniero Bernardo Norzagaray y Rancho Anapra, antes de llegar a la calle Mojarra.

El 27 de diciembre, el tipo de la motocicleta le pidió a Noche Méndez un favor especial: el primero de enero tendría que acudir al bar La Espuma, en la Mariano Matamoros, para recoger tres mil dólares.

Oye morrita no nos falles, porque a mi me cortan las bolas y a ti las chichas de vaca que tienes”, le advirtió, en tono burlón, por el celular, ya intervenido.

Noche Méndez había planeado huir el primero de enero y radicar en Los Ángeles. Ya no trabajaría para la Federación.

Su madre, muy devota de la Virgen de Guadalupe, la convenció para que abandonara sus adicciones y la prostitución. Darle un giro radical a su vida. Noche Méndez estaba consciente que acabaría mal de seguir por el sendero del mal.

 

VI

—Esta morra se nos va a pelar —alertó el responsable del comando, un tipo enorme y musculoso, cejudo y entrecano. La greña descansaba sobre sus hombros—. Debemos ganarle la jugada a esa puta

 Sus seis subalternos, del mismo porte físico y uniformes negros, frente a la Estación Delicias abordaron tres patrullas de la policía de seguridad pública municipal. Cada cajuela transportaba bazucas, granadas, balas y fusiles de asalto.

VII

Noche Méndez despertó al escuchar los acordes repetitivos de un huapango veracruzano, El Querreque. Nerviosa, y bajo  la bruma de la sidra y el whisky, detectó en el pequeño monitor del celular que la llamada era de Tony Roca.

—¡Pélate, culera!, ¡Pélate!, ¡Van por ti…! ¡Te van a partir tu madre…!

Noche Méndez corrió a la habitación de su hermana y en el trayecto marcó el número de emergencia de la policía juarense, el 082.

—Emergencia, en qué puedo servirle…

—Por favor, necesitamos ayuda… Vivimos en la calle Rémora 430, esquina con Cangrejo, a una cuadra de la avenida Rancho Anapra… Me llamo Noche Méndez y trabajo para la Federación…

No aguardó la respuesta de la operadora y soltó el teléfono.

Su hermana fue incapaz de ponerse de pie. El alcohol aun circulaba por su sangre y estaba totalmente ebria, desmayada.

Belén y Consuelo reaccionaron al primer llamado y corrieron semidesnudas tras su tía.

En los instantes que cerraron la desvencijada puerta de tablones del cobertizo, escucharon el macabro aullido de la muerte: neumáticos restregándose en las piedras ante el violento embrague de los frenos y el repetitivo tropel de varias pisadas. Después, en breves segundos, Noche Méndez percibió los primeros gritos de dolor de su hermana gemela.

VIII

—Es ella, es la puta de Noche Méndez, no hay duda —confirmó el jefe paraco al comparar el rostro de Día con el de la fotografía que le entregó una mujer policía en la Estación Delicias.

El zumbido de su celular lo alertó y le ordenó a sus subalternos que guardaran silencio. Unos segundos después, ya con el aparato en el bolsillo, comentó:

—La hija de su puta madre alertó a la policía federal de seguridad, dio el pitazo… Nos dan treinta minutos para sopearla y hacerla carnitas…

IX

Día logró alejarse de la realidad. El dolor que le infringían los golpes minó su entendimiento, pero gritaba.

Bajo el sopor de la sinrazón, sintió el gélido filo del cuchillo cebollero en su cuello…

Y pensó:

Mañana voy con las niñas y mi carnala al Sunland Park y jamás nos separaremos…   

X

En uno de los cables de alta tensión, un perro de pelambre negro se balancea… Desde ahí, es posible observar las lámparas encendidas de vapor de sodio de Sunland Park. El frio ha vaciado sus calles…

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