NADA SERA IGUAL

hermanosEl trayecto ha perdido su frescura y el invierno poco a poco recupera su alegría.

En menos de una semana le entregará la estafeta de mando a la amante de Hades: soberano de los infiernos.

Durante nueve meses reposará en una modesta isla del océano ártico.

Nada volverá a ser igual.

Los mercaderes y ministros de la fe de Europa, África y Asia tendrán que alimentar sus campiñas con cadáveres y arrojar la pitanza a los lagos y ríos para ocultar su vergüenza y  remordimiento.

Los colores jades, malvas, azules cerúleos, ocres y púrpuras serán el tálamo de los conquistadores. Cada parque o plaza comercial, recibirá el cálido aliento de una primavera cargada de feromonas y andrógenos.

Y durante el trote —y sin el molesto ropaje de esquimal citadino—, Basilio Nobili aspiró con profundidad los últimos vestigios de tabaco.

En esos instantes, tomó la determinación de celebrar en plena avenida Rosemont, el arribo de su cuarta hija, a la que llamaría Vesná.

En un principio, supuso, sus vecinos protestarían por lo escandaloso del festejo, pero lo entenderían. Siempre apoyaba sus descalabros domésticos. Desde repararles el automóvil o las cañerías, sin cobrarles, hasta ser el mandadero habitual de los adultos mayores, afectados por los achaques del inclemente clima invernal.

Los principios cristianos, amamantados en su amada Lituania, prevalecían entre su especie, principalmente en marzo.

Durante dos semanas, el poder fáctico bombardeó el subconsciente de los montrealenses, en un gran porcentaje católicos. Un hecho sangriento ocurrido durante el siglo I de nuestra era —y a nueve mil kilómetros de distancia de la isla— seguia vigente: la detención, tortura y ejecución de un hebreo antiimperialista, llamado Jesús.

—En dos días es el martirio del Mesías —recordó Gerasa después de saludar a Basilio.

Lo hizo bajo el porche y en una piyama raída que casi arrastraba.

—Gracias por recordármelo… El Domingo de Ramos iré a la iglesia y espero encontrarte…

—Ay Basilio, intentaré ir, pero tú sabes que poco puedo hacer con estas reumas…

—No te preocupes, Gerasa, yo te recojo y me acompañas… A mi familia le dará gusto llevarte al templo…

—Mañana celebras en grande por el arribo de tu hija. ¿Es así?

—Estás en lo cierto y espero no causarte problemas por el ruido…

La anciana volvió a ocupar su mecedora y arropar sus flacas piernas con un  cobertor descolorido.

—Nadie puede incomodarse contigo, si eres nuestro Ángel de la guarda… ¿Y cómo vas a llamar a tu criatura?

—Vesná, por nacer en primavera y dos días antes del sacrificio de Jesucristo…

—Alabado sea el Señor, que hermoso nombre…

HEMEROTECA: Cine epico italiano mudo Andre Deed Cretinetti – AA VV

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