¿POR QUÉ?

Por Everardo Monroy Caracas

la langosta portada

Por Everardo Monroy Caracas

Mientras aguardo el arribo de Pech, escribo en mi libreta. La sed me sacude por los excesos de anoche. La Langosta sigue cerrada, a pesar de ser las once de la mañana. En la acera de enfrente reconozco a varios compañeros asiduos del bar, tan impacientes como yo.

Intento combatir la cruda redactando un texto. Desde anoche quise sacar a flote mi paso por territorio chiapaneco en mis tiempos de reportero. Lo inicio con la ayuda de un bolígrafo de tinta verde:

¿POR QUÉ?

En la redacción del periódico La República en Chiapas, donde laboré de joven, llegó un universitario de ideas conservadoras. Jamás se despegaba de la Biblia; el libro Mi Lucha, de Adolfo Hitler y las historietas de Chanoc y Los Supersabios, impresos por la editorial Novaro.

Durante los recesos del tecleo, Caritino Cárdenas no paraba de hablar de los sinsabores y alegrías de Tsekub Baloyán, padrino de Chanoc, y del simpático y obeso Panza, uno de los principales personajes de los Supersabios.

Después de redactar las notas del día, ya en absoluto reposo, Cárdenas optaba por abordar el asunto de la fe y sus creencias políticas. Siempre me intentaba convencer sobre la necesidad de exterminar a los comunistas, porque tarde o temprano llenarían de odio a los mexicanos.

En Tuxtla Gutiérrez, durante sus tiempos de estudiante preparatoriano, tuvo un encuentro con el periodista antisemita Salvador Borrego.

—Lo saludé al terminar su conferencia y me regaló dos libros de su autoría, Derrota Mundial, con prólogo de José Vasconcelos, y América Peligra. En ambos, el señor Borrego no ocultaba su admiración por los nazis y proponía combatir frontalmente al judaísmo, promotor diabólico del Trono de Oro y, por ende, el corruptor del mundo.

Borrego le aseguró que Hitler sacó del atraso económico a Alemania al fincar su autoridad en el orden y trabajo, no en promover una clase social sobre otra.

—El judaísmo —me repetía Cárdenas, de pie y gesticulando como poseso—, es quien maneja la economía del mundo y utiliza a comunistas y cristianos, enajenados por las doctrinas judaicas, para dominar a las naciones pobres e ignorantes.

Cuarenta años después, en uno de mis viajes a Chiapas saludé a mi ex compañero de oficio. Ahora era pastor de una iglesia cristiana y militaba en el Partido Acción Nacional. Vivía en una modesta casa de una planta de ladrillo rojo, rodeada de árboles de aguacate y matas de café.

Bebimos un par de cervezas en el traspatio. Yo me recosté en una hamaca y él en una mecedora con la Biblia abierta sobre sus huesudas piernas.

—Debo confesarte que la realidad me rebasó, ahora prefiero estar en paz conmigo mismo— abundó Cárdenas con voz trémula—. Tuve dos hijos y cuando crecieron uno se fue a la selva con el Subcomandante Marcos y el menor, me lo mataron unos judiciales durante un desalojo cercano al predio El Alazán. Los dos me salieron comunistas y hasta mi mujer me abandonó. Hoy solo me cuida una hermana.

Lo miré con afecto y únicamente alcancé a balbucir:

—Lo importante es que no has perdido la fe en Dios y defiendes lo que siempre has creído.

Hasta la fecha jamás he logrado descifrar ese misterio.

¿Por qué Cárdenas leía la Biblia, de origen judaico, y Mi Lucha y La Derrota Mundial, escritos por antisemitas?

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