MALA DECISIÓN

Por Everardo Monroy Caracas

polvos ajenosEn Montreal existe un teatro-taller y depende de la universidad de Concordia. Catherine Ravary asiste todos los fines de semana. Quiere ser Desdémona. El Negro Coulliar hará el papel de Yago y Philippe Cordel de Otelo.

El despelote estará garantizado.

Catherine abandonó a El Negro para casarse con Cordel. Imaginarán el desenlace de este drama shakesperiano.

Los ensayos se realizan por separado.

Esa fue idea de Brunet, al ser comisionado para dirigir la puesta en escena.

El estreno tendrá lugar en dos meses. Hay expectación entre los universitarios.

Es un asunto de celos, a la manera del Cisne de Avon.

El Negro estrangulará a Catherine —una conmovedora Ladyboy— y no Cordel, de acuerdo a la lógica de la obra.

—Las apuestas han aumentado y será Bertrand quien se encargara de recibir el dinero —informa Amance Girald en rastas verdes y túnica de santa.

Los del aula C van por El Negro, fiel consumidor de LSD y hongos alucinógenos.

Es cosa de verlo al término de una fiesta o al abandonar las discotecas.

Tiene los músculos de atleta y cerebro de matemático.

 Philippe Cordel estudia medicina. Sus huesos son de mantequilla, como su cerebro, contaminado de marxismo.

Montreal tiene algo de Venecia o Chipre, por sus ríos y olores a sardina y remolacha cocida.

De ahí el interés de utilizar escenarios naturales en la representación.

Yago y Rodrigo, el caballero engañado, no abrirán el primer acto, de acuerdo a la obra original. Tampoco se escuchará aquello de “¡Calla, no sigas! Me disgusta muchísimo que tú, Yago, que manejas mi bolsa como si fuera tuya, no me lo hayas dicho”. No, según el alcohólico de Brunet, al abrirse el telón, aparecerá Desdémona hincada y desnuda, frente a un féretro abierto, y maldecirá a Otelo por haberlo engañado con su alférez, el perverso Yago.

Y con los altoparlantes a todo lo que dan, se escuchará la voz de El Negro:

Puedo mojar tus labios con la savia

de los besos amargos e indefensos.

Convertir mis sueños en inciensos

y encender tus muslos con mi rabia.

 

Puedo lamer tus pechos y tu cara;

el delta terso, salino y embriagante

y hurgar travieso el aro rutilante

para robarte aviesa, gemidos de juglara.

Puedo luchar mojado y sin flaquezas

ante el raro reflujo del destiempo

y tus dedos armados de destrezas.

 

Noche de calamar y pasatiempo

sobre cumbres cargadas de cortezas,

y entre gritos azules del mal tiempo.

Mientras el tema era discutido en el teatro-taller, Elliot Coulliar, el responsable de la adaptación, sufría los estragos de la tuberculosis, de bruces en el sofacama. Lamentaba haber faltado a su promesa de suicidarse antes de finalizar el año.

Diez meses aguardaría para la transformación física de Catherine.

Los doscientos mil dólares del seguro de vida serían utilizados en la vaginoplastía,  implantes de senos y acortar su nariz de sefardita.

Tambien, el  fallarle a los seguidores de Thanatos.com lo obligaron a viralizar su decisión a través de twittazos y Facebook.

—Te advertí de los riesgos y no me escuchaste, estúpido —repitió El Negro al despedirse de su hermano y dejar semiabierta la puerta del estudio.

Elliot volvió a estornudar.

Un hilillo de sangre humedeció su bigote y labios. Lamentaba haber involucrado a Catherine en aquella truculenta historia.

En esta ocasión no acudiría al estreno de la obra.

…y tendría que arrastrarse para cerrar la puerta…

VIDEOTECA:

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