L@S INVISIBLES…

Por Everardo Monroy Caracas

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El viernes 5 de octubre de 2007, la ministra responsable de atender  a las personas mayores de Quebec, Marguerite Blais, se reunió en Montreal con un centenar de vecinos de la tercera edad. Una mujer de ochenta y cuatro años solicitó la palabra y dijo:

—Señora ministra, ¿Usted sabe que cuando yo hablo nadie me escucha y cuando yo paso por la calle, nadie me ve? Soy invisible y esto es la vejez en Quebec…

El doctor Réjean Hébert, representante de la facultad de medicina y ciencias de la salud de la Universidad de Sherbrooke, presente en la reunión, al intervenir, concluyó:

—Los medios de comunicación son un reflejo de la actitud de la sociedad hacia las personas mayores. Me parece que hay una buena ilustración de que los ancianos no son considerados ciudadanos de pleno derecho y están al margen de la sociedad.

En esa consulta pública, informó que únicamente 130 mil personas mayores vivían en Residencias de asilo —privadas y públicas—, mientras que ochocientos mil en su propio domicilio.

Otra realidad, tambien filtrada en el encuentro:

En el 2007, el aporte al fisco de los pensionados y jubilados fue superior a los dos mil doscientos millones de dólares. Con su trabajo voluntario le aportaron a la sociedad, en el mismo lapso, otros tres mil cien millones.

En el 2016, el 16 por ciento de los quebequés de 65 a 69 años trabajaban formalmente, a pesar de estar en edad de jubilarse o pensionarse. De ellos, el 8.1 por ciento fueron mujeres.

El problema —como asegura  el jefe del certificado de gerontología de la Universidad de Montreal, Louis Plamondon—, es que esta contribución raramente es reconocida por la sociedad.

—Nunca hablamos del lado productivo de las personas de la tercera edad. Los convertimos en una carga impositiva. Nunca hablamos del hecho de que estas personas realizan servicios comunitarios, que impulsan la economía. No, siempre los presentamos como víctimas o como un problema para la sociedad.

El poder factico refleja esa tragedia: la televisión y el cine únicamente emiten historias para un público menor de treinta años. Sus ancianos no existen como protagonistas. Son entes de relleno, victimizados o enfermos.

El doctor Hébert, al ser entrevistado por la reportera de El Devoir, Louise-Maude Rioux Soucy, alertó a la sociedad por el trato que reciben los adultos mayores.

Insistió:

“Esa realidad virtual, niega la presencia del hombre y la mujer de la tercera edad, principalmente  a la anciana sola y desesperadamente pobre. Por lo mismo, está claro —y esto es particularmente cierto—, las mujeres mayores enfrentan la pobreza del silencio… Ese grave aislamiento no es lo suficientemente denunciado”.

HEMEROTECA: pro90

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