EL PRINCIPIO…

Por Everardo Monroy Caracas

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Una verdadera parrilla oxidada.

Agotado arribé al hotel Campesino, sin ánimos de comunicarme al periódico. Lo primero que pensé, antes de meterme a la habitación, fue allegarme de una caguama helada. En la 16 de septiembre pululaban los bares y tiendas Oxxo.

El calor era sofocante, seco.  No fue perita en dulce viajar veinticuatro horas en autobús.

De chilangolandia a Ciudad Juárez.

Mil novecientos kilómetros sin dormir y hambriento.

Dejé el veliz sobre la cama y abandoné el hotel con la llave de la habitación en el bolsillo. Me interné en la 16 de septiembre, iluminada por los espectaculares de los bares, restaurantes y centros nocturnos.

La hora de los vampiros y cucarachas.

En un bar de barra semicircular y pocas mesas decidí remojar el gañote. De los dos mil seiscientos pesos que traía antes de abordar el autobús en la ciudad de México, solo quedaban ochocientos. No me preocupé. El trabajo estaba amarrado. Por teléfono, el director del Diario me urgió.

—Véngase, pero de ya… Lo necesitamos —exclamó del otro lado de la línea telefónica.

En 1996 tenía mi domicilio en el estado de Morelos. Estaba al frente de una revista quincenal: Campo de batalla.

No hablamos de dinero.

Chihuahua me era conocido. En noviembre de 1981 trabajé en un periódico de la capital del estado: Novedades. Lo dirigía un escritor iconoclasta y demócrata, José Fuentes Mares. En 1996, la mayoría de sus reporteros terminó en la empresa editorial Paso del Norte, propiedad de un comerciante de licores, el señor Osvaldo Rodríguez Borunda.

Las rolas de Juan Gabriel y Lupita D’Alessio y el barullo de una clientela chera y de minifalda, difuminaron mis añoranzas territoriales. El presente imprimió su colorido y crudeza. Sin proponérmelo,  bajo el sopor de la cerveza, recuperé mi antiguo transitar por Juárez.

Después de laborar en Novedades —de noviembre de 1981 a marzo de 1982— fui contratado en el periódico El Fronterizo, de Ciudad Juárez. El diario pertenecía a la Organización Editorial Mexicana, propiedad de los hermanos Vázquez Raña. Durante siete meses llegué a cubrir la fuente de partidos políticos y Educación. El presidente Miguel de la Madrid, el gobernador Oscar Ornelas Küchle y el PRI, controlaban la ideología del periódico.

Ebrio y decaído retorné al hotel. Recuerdo con exactitud día y año: viernes 6 de junio de 1996.  Una pelea por el campeonato mundial de peso superligero tendría lugar el sábado 7 y era el tema de las televisoras y los juarenses. El mexicano Julio César Chávez y el estadounidense Oscar de la Hoya se enfrentarían en un casino de Las Vegas, Nevada.

Una llamada telefónica me despertó antes de las ocho de la mañana. V me llamó para que me presentara de inmediato al periódico. Originalmente yo empezaría a laborar el lunes 9. Sin embargo, los planes variaron.

—Lo necesitamos hoy —dijo con las eses muy marcadas—. ¿Contamos con usted?

—Ahí estaré…

El periódico estaba en la avenida Triunfo de la Republica. La construcción blindada con cristales era de dos plantas. En la segunda hallábase la dirección editorial. V me recibió y presentó a los jefes de redacción, fotografía e información, N, J y L.

Sin tanto protocolo me dieron las primeras órdenes de trabajo: hacer una crónica sobre el comportamiento de la clientela de los bares al presenciar por televisión la pelea de box Chávez-De la Hoya. De paso, escribir alguna nota que saltara durante mi recorrido por el centro de la ciudad. Me acompañaría un reportero gráfico: Jaime Murrieta Briones, el Arre Machos.

Ese día reporteamos desde las once la mañana a las nueve de la noche. De los dos trabajos que entregué —la crónica de la pelea y un breve reportaje— reproduzco el relacionado al Juárez que encontré después de catorce años. V lo cabeceó: Mujeres mercancía, una realidad cotidiana…

En Ciudad Juárez, la mujer,  no mayor de 25 años y lastimada por el desempleo y el hambre, es un producto de primera necesidad. Autoridades, cantineros y los parroquianos que asisten a los bares —356 reconocidos oficialmente— la han convertido en una mercancia de placer. Es un negocio redituable.

El mismo presidente de la Alianza de Comerciantes de Vinos y Licores de Ciudad Juárez, Antonio Medina no duda en reafirmarlo:

—El hambre es la madre de la prostitución y la madre de la extorsión es la prohibición.

Y bajo esa descarnada realidad, revalidada por quienes tienen en sus manos evitar la proliferación del vicio y la prostitución clandestina, las víctimas cotidianas son, para desgracia de padres, hermanos y conocidos, las jovencitas de bajo estrato económico y, sobre todo, aquellas que huyen de la violencia doméstica y la falta de dinero.

La Subprocuraduría General de Justicia del Estado da un dato preocupante:

Cada mes, en Ciudad Juárez, el Grupo de Delitos Sexuales de la PJ, al mando del comandante Juan Guerra Izaguirre, recibe un promedio de 60 denuncias por pérdida de personas y de ellas únicamente un 70 por ciento logran esclarecerse.

Sin embargo, para Esther Chávez Cano, responsable del grupo femenil 8 de Marzo, el problema es mayor al no existir un programa preventivo o de vigilancia en bares y centros nocturnos donde se utiliza la mano de obra joven y que en su esencia significa el mercadeo carnal y el enriquecimiento de lenones, tratantes de blancas, autoridades gubernamentales y cantineros.

Todo un negocio.

Chávez Cano lo resalta:

—Es difícil estimar cuántas mujeres menores de 25 años, son víctimas de la pobreza y de los lenones que impunemente se anuncian en algunos medios masivos de comunicación para hacer de la sexualidad femenina el mejor negocio de su vida.

Y lo dice, periódico en mano.

En las últimas 48 horas, propietarios de quince bares solicitan —vía aviso clasificado—, jovencitas para atender sus respectivos negocios. Los únicos requisitos para entrar “al jale” son ser guapas, no rebasar los 25 años de edad y además “tener muchas ganas de triunfar y ganar dinero”. Las cifras prometidas van de los 50 a 200 pesos diarios.

El presidente de la Alianza de Comerciantes de Vinos y Licores de Ciudad Juárez, Antonio Medina advierte:

—Quienes en bares y centros nocturnos prometen salarios estratosféricos, a mujeres guapas y analfabetas, el Ayuntamiento tiene la obligación de investigar, porque ahí existe algo sucio: a grandes luces se busca prostituir y oprimir a esas personas que únicamente quieren sobrevivir, llevar comida y bienestar a sus familiares.

La Alianza aglutina a 120 bares y centros nocturnos, pero asegura que existen 356 y dan empleo a 30 mil personas. De estas, diez mil son mujeres encargadas de vigilar las barras o atender directamente en las mesas a los clientes.

El comandante Juan Guerra Izaguirre, responsable de investigar denuncias de personas desaparecidas, centra sus cuestionamientos a los centros nocturnos, negocios de masajes y bares, donde —a su decir—, son la manzana de la discordia al incitar a las jovencitas a laborar con supuestos salarios altos.

—Al final de cuentas, las arrastran a la prostitución, drogadicción o alcoholismo.

Sin embargo, de acuerdo a su experiencia en las investigaciones,  responsabiliza a los padres o familiares de las muchachas. La mayoría, por problemas económicos, han generado un tipo de violencia doméstica que provoca que sus hijas huyan de su casa y enfrenten los inconvenientes de vivir en las calles.

Dice:

—Recibimos un promedio de setenta denuncias mensuales de personas desaparecidas, principalmente de mujeres jóvenes.  Hemos esclarecido un 70 por ciento y, en la mayoría de los casos, nos informan que huyeron de su hogar por la falta de dinero o el mal trato recibido por sus padres.

En la calle se expongan a ser víctimas de lenones o tratantes de blancas o se acostumbren a sobrevivir de la prostitución y las propinas de clientes en los bares y centros nocturnos.

Chávez Cano adelanta que en quince días se abrirá una agencia especializada de delitos sexuales del Ministerio Publico.

—No es posible —agrega— que el Grupo que atiende las denuncias de Delitos Sexuales y personas desaparecidas lo integren ocho agentes judiciales. En lo que va del año se ha denunciado la desaparición de 300 personas, en su mayoría mujeres no mayores de 25 años.

Por su parte, Antonio Medina defiende a su gremio. Culpa a las autoridades gubernamentales por tolerar la explotación de menores de edad y permitir que algunos vivales conviertan sus establecimientos en refugio de vividores de mujeres.

Y pone el dedo en la llaga:

—La prostitución es algo tolerado…Mire usted hasta dónde el gobierno tiene conocimiento de ello. Para nadie es un secreto saber que “morritos” de 11 a 12 años los fines de semana se van a El Paso y por quince o veinte dólares tienen contacto sexual con gringos que los prostituyen.

En lo que va del mes de junio, la Subprocuraduría General de Justicia del Estado recibió la denuncia de familiares de ocho jovencitas desaparecida. Una de ellas estudiante de la Escuela Secundaria número Seis. Fue secuestrada por varios sujetos en un auto, ante la mirada atónita de sus compañeros de estudio.

Las otras mujeres desaparecida son Sonia Romero Rivera, de la colonia Bellavista; Verónica Martínez, de la colonia Morelos II; Maribel Espinoza y Norma Patricia Montañez, de la colonia Durango; Dora Isela Ramos, de Parral y sus amigas Guadalupe y Patricia. Ninguna de las ocho ha cumplido los 18 años.

HEMEROTECA: La guerra contra las mujeres – Rita Laura Segato

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