SANGRE FRIA

Por Everardo Monroy Caracas

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In coold blood o A sangre fría.

Es el título de un libro periodístico, escrito por el estadounidense Truman Capote. Fue publicado en la década de los sesenta.

Durante cinco años investigó una matanza ocurrida en Holcomb, Kansas. Cuatro miembros de una familia —de apellido Clutter— fueron asesinados por dos ex convictos: Richard Eugene Hickock, de 34 años y Perry Edward Smith, 36. Capote los comparó a saurios, ofidios o anfibios por actuar con frialdad frente a sus víctimas: dos adolescentes y dos adultos.

La codicia motivó el crimen.

La frase a sangre fría forma parte del argot periodístico. Escritores de novelas policiacas o reporteros de nota roja la utilizan al referirse a personas que asesinan sin piedad.

Se trata de una simple metáfora.

Sin embargo, V, J y L me prohibieron hacer uso de la expresión en el Diario.

Un colega de la planta reporteril, afín al panismo fundamentalista, llegó a cuestionar la calidad de mi trabajo.

—¿Le mediste la temperatura de la sangre al homicida? —ironizaba frente a los integrantes del consejo editorial.

Optaba por callar.

Ser sureño o chilango tenía sus desventajas. Los oriundos de Chihuahua nos repelían por culpa del sistema político presidencialista. De 1938 a 1988 los 35 gobernadores —todos priistas— fueron impuestos desde la ciudad de México, concretamente de la residencia oficial de Los Pinos. El ultimo, Fernando Baeza Meléndez —1986-1996— llegó a la gubernatura por órdenes del presidente Miguel de la Madrid. La dirigencia nacional priista y el gobernador en turno —Saúl González Herrera— orquestaron un escandaloso fraude electoral.

Sus adversarios, clero y panistas, realizaron una campaña mediática en contra del priismo sureño o chilango. Llegaron al extremo de difundir chistes xenófobos o relacionarnos con delincuentes comunes. Por ejemplo, algunos periódicos locales, destacaban que el homicida o ladrón detenido era chilango y no norteño.  En 1995 tuve en mis manos volantes que sugerían asesinarnos:

Haz patria, mata a un chilango.

La campaña antichilanga disminuyó al obtener la gubernatura un militante panista. Esto ocurrió el 4 de octubre de 1992. Sin embargo, Francisco Barrio Terrazas no combatió la corrupción y también solapó al crimen organizado. Por lo mismo, su sucesor fue un militante priista —Patricio Martínez García— al que intentaron asesinar.

El colega que constantemente me cuestionaba recibió una respuesta: lo reté a golpes para zanjar nuestras diferencias. Antes, le aclaré que mi única intención era sacar adelante mi trabajo periodístico. No me interesaba competir o afectar los intereses económicos del gremio.

Dejó de molestarme.

El miércoles 11 de junio, el Diario público la segunda parte del reportaje Del asesinato a la impunidad, relacionado al narcotráfico.

En lo que va del año 21 ejecuciones son atribuidas a los guardianes de los barones de la droga. En algunos casos, se conoce la identidad de las víctimas. De los sicarios y sus jefes, nada.

Los ángeles vengadores,  como llaman a los sicarios o gatilleros al servicio de los barones de la droga, el 5 de junio ejecutaron a dos mujeres. En el mismo hecho dejaron malherido a una de sus víctimas: un ex convicto del Centro de Rehabilitación Social (Cereso). Sergio Acosta Rodríguez se encuentra incomunicado y fuertemente vigilado en un hospital privado de Ciudad Juárez.

El comandante del Departamento de Homicidios de la Policía Judicial del Estado, Antonio Navarrete Pérez, aseguró que es uno de los principales testigos de la PJE para desentrañar una serie de ajusticiamientos que tienen en vilo a la sociedad juarense.

Las procuradurías General de Justicia del Estado (PGJE) y la General de la República (PGR) han tenido la oportunidad de esclarecer algunos de los crímenes atribuidos por narcotraficantes. Sin embargo, no hay resultados.

Dos botones de muestra lo evidencian:

El jueves 8 de marzo, a las 10:30 de la mañana, el primer comandante de la Zona Norte de la PJ, Julián Calderón y sus elementos aprehendieron a tres presuntos pistoleros. Sucedió en los instantes que Agustín Calzada Saucedo, Tomás Berkoni y Paul Dickerson, con domicilio en El Paso, Texas, provocaron un incidente vial en la calle Pitahaya de esta ciudad fronteriza. En los momentos de ser abordados por los agentes de tránsito, sacaron a relucir armas de alto poder.

Los dos agentes de vialidad solicitaron el auxilio de la Policía Judicial.

Los tres sicarios iban a bordo de un Gran Marquis, color guinda, con placas sobrepuestas, la 26 SHTS. Portaban pistolas calibre 9 milímetros, .380 Super y una .45 y en la cajuela un cuerno de chivo AK-47 y dos escopetas calibre 12.

Calderón con sorna le confió a los reporteros:

—Existe la posibilidad de que estos sujetos sean gatilleros…

Un hecho parecido aconteció el jueves 20 de abril, en la calles Gregorio M. Salas y Chapala. Tres hombres y dos mujeres, en una Blazer Silverado, modelo 1992 y placas de Texas MRL 432, se estrellaron con un auto Dodge 1982, propiedad de María Ana Navarro.

Los agentes de la Dirección General de Policía se dieron cuenta que los tripulantes iban ebrios y portaban armas de grueso calibre. Tambien solicitaron el apoyo de policías judiciales.

Desde las once de la mañana fueron perseguidos por diez unidades policiacas. Los prófugos, sin soltar un solo tiro, lograron atrincherarse en la vivienda 2497 de la calle Chaparro.

—¡De aquí nos van a sacar muertos! —gritaban y tras las ventanas amagaron con hacer accionar dos metralletas AK-47.

El comandante de la PJ, Javier Sánchez Martínez les pidió dialogar. Después de dos horas logró controlar la situación. Las dos mujeres y tres hombres se entregaron.

Los detenidos fueron Francisco Portillo, Isaac Martínez, César García Casas, Gloria Román y Marisela Fernández. Ésta alcanzó a gritar ante los reporteros:

—¡Realizábamos un operativo… por el festejo del nacimiento de un nuevo hijo de César García!

La policía no quiso explicar el por qué los detenidos portaban las AK-47 con bayoneta y las tres pistolas calibre .45 y 9 milímetros, marca Tauro.

En la actualidad ya no están tras las rejas, ni enfrentan algún proceso judicial, de acuerdo a indagaciones hechas por el reportero.

El procurador de Justicia del Estado, Arturo Chávez Chávez, informó que investigan 14 ejecuciones.  El Grupo Orión, integrado por agentes judiciales de Chihuahua y federales, serán los responsables de esclarecerlos.

—Tenemos convenios con la Procuraduría General de la República para que los homicidios relacionados con el narcotráfico se atiendan en los dos fueros.

El jueves 3 de abril un sujeto fue incinerado con gasolina en el interior de la cajuela de un auto Dodge Aries, color blanco, modelo 1986, placas BLZ 776. El ocurrió a las 20:00 horas en el cruce de las calles Guerrero Negro y Francisco Sarabia. El occiso recibió el tiro de gracia y previamente le cubrieron las fosas nasales.

El mismo día, a las 15:30 horas, entre las calles José Granados y Nazagaray, ajusticiaron a Rolando Cruz López en una bodega. No faltó el balazo en la nuca.

El lunes 15 de abril, en un tramo del camino vecinal El Zorro, patrulleros de la unidad 574 descubrieron el cadáver de un hombre de tez blanca, de aproximadamente de 30 años  y 1.66 de estatura. Le dieron un rafagazo de AK-47 en la cabeza.

La frase Ajuste de Cuentas volvió a repetirse en los corrillos policiacos.

Ningún barón de la droga fue molestado. En las calles se mueven con impunidad sus ángeles de la muerte y los ejércitos de distribución de enervantes.  Según la PJE, sus víctimas son quienes se han “bañado” (o robado) cocaína, heroína y mariguana, durante los meses que se realizaron importantes cambios de capos en los cárteles de Juárez, Golfo y Tijuana.

El viernes 3 de mayo, David Aguilar Sáenz, de 60 años —y propietario de una Casa de Cambio y del restaurante Parrilla del Río, enclavado en las calles Lincoln y Zempoala—, fue ejecutado de siete balazos. Uno pulverizó su cráneo.

El domingo 5 de mayo, en el camino adyacente al cementerio Recinto de la Oración, un campesino descubrió dos cadáveres envueltos en cobijas. Les taparon la boca con papel sanitario y la cabeza y rostro con cinta adhesiva. El reporte forense  informó que tenían 18 y 22 años de edad. Los dos recibieron un balazo en la cabeza, pero antes los torturaron. La PJE reportó que se trató de un ajuste de cuentas por el decomiso de 567 kilos de cocaína en el Punto de Revisión Carretero de Samalayuca.

Cristian Mauricio Rodríguez Tarín y Edgar Eduardo García Lerralde fueron las víctimas. El primero laboraba en el bar Top Capos’s y su compañero se dedicaba al comercio de autos robados, según el reporte policiaco. El padre de Edgar Eduardo, dueño de un lote de vehículos, lo identificó en la morgue.

El sábado 10 de mayo la policía judicial recibió una llamada telefónica. En una casa-habitación de la privada Pascual Orozco, de la colonia División del Norte, yacían sin vida en su recamara un hombre y una mujer. Saúl Macías y su acompañante fueron ejecutados. Sin embargo, para no evitar suspicacias, se dio carpetazo al asunto. El argumento: suicidio compartido.

Cinco días del hecho y a mil 500 metros de la antigua garita aduanal de la carretera a Casas Grandes, fue abandonado sin vida Fernando Villa, de 22 años. El 4 de marzo fue secuestrado por cuatro sujetos  en su pick up Chevrolet 1995. El hecho tuvo lugar en el fraccionamiento Oasis. El cuerpo presentaba el tiro de gracia.

Del 22 al 28 de mayo el Servicio Médico Forense recogió tres cadáveres con características de ajusticiados. Los encontraron en el Cerro del Indio, el Ejido Tres Jacales y en un lote baldío del fraccionamiento Pradera Dorada. Ninguna persona identificó a los verdugos.

Nada de nada.

Durante los primeros cinco días de junio, se iniciaría una nueva andanada de ejecuciones. En cuatro hechos los sicarios tuvieron una falla: dejaron viva a una de sus víctimas.

El martes 4 y miércoles 5 de junio, cuatro personas fueron asesinadas: una bailarina del Down Town y dos hombres. Otro, Sergio Acosta Rodríguez, logró sobrevivir.

La bailarina Brenda Lizeth Padilla Tiznado y su amante Acosta Rodríguez solicitaron el auxilio de unos patrulleros de la Federal de Caminos, estacionados en su unidad en el kilómetro 20 de la Carretera Casas Grandes-Ciudad Juárez. El hombre conducía una Cherokee negra con franjas doradas. Su acompañante iba recostada en el asiento trasero, aún con vida. Antes de dispararles les colocaron cinta adhesiva en la cabeza. Brenda no alcanzó a llegar al nosocomio, murió durante el trayecto. Sergio sobrevivió. Era un ex convicto del Cereso, donde estuvo recluido cinco años por delitos contra la salud.

El miércoles 5, a las 9:30 horas, policías preventivos recibieron una llamada telefónica. Un empleado del rancho Girasol, ubicado en el kilómetro 34 de la Carretera Casas Grandes-Ciudad Juárez, informó que encontró a dos hombres sin vida. Tenían la cabeza vendada con tape y los ejecutaron con armas de fuego. Su auto, un New York azul metálico, con placas de Sonora, fue hallado al día siguiente en el kilómetro 64.

Las victimas vestían ropas de chero. Uno fue identificado, Carlos René Arvizu, de 26 años y era originario de Sonora.

En todos los casos, cero detenido.

De los sicarios y sus patrones, nada se habla.

HEMEROTECA: A sangre fria – Truman Capote

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