LA REVUELTA

el infierno de gaalia6

La revuelta estudiantil demandaba gratuidad, calidad y empleo.

La protesta iba encaminada a impedir que el cobro de la colegiatura de estudios superiores se elevara, como insistía el Primer Ministro de Quebec, Luc Tremblay.

Durante siete meses —de febrero a agosto—, los universitarios tomaron por asalto el corazón de Montreal.  En diferentes marchas, bloquearon el acceso a los grandes comercios, hoteles y edificios públicos. Les pertenecían las rue Metcalfe y la avenue Sherbrooke.

La policía antimotines —en casco, toletes, escudos y fusiles cargados con cápsulas de gas pimienta y balas de goma— participaron en la refriega. Una especie de guerra civil.

Piedras e insultos desencadenaron represión y detenciones.

En agosto, dos semanas antes de las elecciones, fueron arrestados y aporreados más de dos mil doscientos jóvenes.

El asunto de la educación superior seguía estancado, sin dar visos de solución.

El Primer Ministro y sus aliados de la Asamblea Nacional se negaban a echar abajo el propósito de privatizar la educación superior y dejar en manos de los bancos el futuro profesional de sus egresados.

 El problema se radicalizó al comprobarse que, seis de cada diez egresados de las universidades, no obtenía un empleo relacionado a su título.

Obtenían mejores oportunidades laborales los estudiantes de carreras técnicas.

Moisés Estrada, desde el comedor público de la rue Mackey, observó el desarrollo de la protesta pública.

Un grupo de estudiantes de la Universidad de Concordia repartían volantes. En ellos denunciaban que eran víctimas de violaciones por personas ajenas a las aulas.

Mientras degustaba un combo de comida rápida —ensalada y pollo frito—  Estrada leyó el volante:

    ¿Por qué mi escuela no es segura?

    El asalto sexual es uno de los más violentos crímenes y afecta a estudiantes de enseñanza media superior. Una de cada cuatro estudiantes son víctimas de asaltantes sexuales durante su curso y de ellos el 80 por ciento son mujeres.”

     Considerando que actualmente no existe una política clara y accesible sobre el asalto sexual en la Universidad de Concordia.

    Considerando que los servicios relacionados con el asalto sexual, incluido el apoyo a los sobrevivientes y a la rendición de cuentas del autor, son sumamente limitadas y de difícil acceso en la Universidad de Concordia.

    Considerando que la Universidad de Concordia, como institución de educación superior, debe liderar el camino hacia la creación de una sociedad más segura y más igualitaria.

    Pedimos que la Universidad de Concordia:

    Ofrezca un espacio permanente en el campus de un centro de asalto sexual.

    Dedique financiamiento permanente y sostenible para las operaciones del centro de Asalto sexual.

    Implemente programas de capacitación obligatoria de sensibilidad para la seguridad y el personal de consejería y desarrollo, así como cualquier otro miembro de la Universidad de Concordia de que expresen su interés.

  Promulgue una política clara y accesible relativa específicamente a los casos de asalto sexual en la Universidad de Concordia.”

Por la tarde, en uno de los cuadrantes interiores de la casa de estudios, el primer tema discutido por los universitarios fue su enfrentamiento —a pedradas y gases— con la policía.

Les urgía recabar dinero para liberar a sus compañeros detenidos.

Las multas oscilaban entre quinientos y seiscientos dólares.

El ex militar siguió con azoro el desarrollo de la asamblea estudiantil a puertas abiertas.  Pasó a segundo término el propósito original de sus problemas.

En tres días asistiría al Ministerio del Empleo y de la Solidaridad Social. Ahí solicitaría ayuda económica e iniciar su proceso de francesación, en una escuela pública.

La sugerencia la hizo la trabajadora social de un centro comunitario hispano.

Una semana antes, rentó un cuarto con closet en la zona este de la ciudad. El departamento de tres recámaras era compartido, como el sanitario y el refrigerador.

Si Empleo Quebec le liberaba dinero, por ser un nuevo residente, su problema de sobrevivencia se reduciría.

Sin proponérselo, era un testigo privilegiado de las broncas políticas que enfrentaba el gobierno provincial con la masa universitaria.

Los representantes de cada universidad pública y privada, habían creado una red de comunicación permanente a través de Internet.

En pocos minutos atraían la presencia de compañeros y simpatizantes para protestar en la Plaza de Armas.

Tremblay y su ministro de Educación, John Carey —pro anglófono y delegado del Partido Liberal—, optaron por resolver el problema a toletazos.

Nada de dialogo.

Seguían firmes en su propósito de incrementar la matrícula universitaria en un setenta y cinco por ciento.

Un dirigente estudiantil —de melena revuelta, barba hirsuta, collarín ortopédico y brazo enyesado— pasó lista de los asistentes.

Y aclaró que ese ejercicio era obligatorio para comprobar si los representantes de cada universidad aun permanencia en las calles.

En esta ocasión, ninguno faltó.

La vieja militancia del Partido Nacional Quebequés y el arzobispado infiltraron en el movimiento estudiantil a tres de sus leales: Ruth Bourassa, Pierre Simard y Vagger Villeneuve.

El propósito principal era arrodillar a Tremblay antes de dirimir en las urnas la controversia política.

Tremblay, a su vez, obtenían un poco de tiempo para desviar la atención del asunto de los sobornos recibidos por la mafia.

Una por otra.

HEMEROTECA:04-12-18-tvnotas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s