NADA ES FACIL

la dama6

Nada es fácil en un país ajeno a nuestra idiosincrasia.

Mi arribo a Montreal ocurrió el domingo 15 de abril de 2008. Desde entonces perdí la capacidad de socializar y me convertí en un útero alquilable, sin derecho de réplica.

 Mis nueve meses con Leonardo Rico no fueron los mejores. Nuestros anfitriones, Waldo y Marda, nos advirtieron que recibiríamos hospedaje durante seis semanas.

Tendríamos que trabajar en una agroindustria cercana a la isla.

La paga seria en cash y con turnos laborales de doce a catorce horas diarias. Después, darían su aval para conseguirnos un departamento, sin necesidad de ser ciudadanos canadienses o tener tarjeta de crédito internacional.

Marda quiso evitar problemas en su matrimonio. Yo era demasiado voluptuosa, según me comentó Waldo.

Desde nuestro encuentro en el aeropuerto, Marda observó las insinuaciones de su marido. Éste difícilmente pudo sustraerse a mi falta de chichero y la sinuosidad de mi cuerpo, protegido por unas mallas de lycra negra.

La pareja no me conocía. Marda tenía lazos sanguíneos con Leonardo y un adeudo de diez mil dólares.

—Mi prima no tiene inconveniente en rentarnos un cuarto y hablar con el manager de una empacadora agrícola para que nos den trabajo —comentó Leonardo tres semanas antes de nuestro viaje.

En esas fechas yo laboraba en un centro nocturno de la Ciudad de México.

Leonardo habló por teléfono con Marda, desde el aeropuerto internacional Benito Juárez y confirmó lo acordado.

Le dijo a su prima que yo era su esposa y permaneceríamos seis meses en Quebec. Después, retornaríamos a la Ciudad de México.

Hasta el 2008, el turista mexicano no necesitaba visa canadiense. Podríamos permanecer en Canadá, de abril a octubre, sin ser molestados por la policía migratoria.

Hoy reflexiono al respecto.

Lo hago en mi departamento.  Esta noche la pasaré con Payette.

No logro superar los sinsabores que he enfrentado para sobrevivir.

Mis atributos anatómicos y rasgos faciales han sido una maldición. Han enfermado de celos o envidia las mujeres que llegué apreciar y amar.

El ser coqueta y fogosa es algo inherente en mi naturaleza.

Por lo mismo me procuro.

Me gusta oler bien y hacerme lavados vaginales o enemas para tener una relación sexual segura y placentera.

De ahí la asiduidad de mis clientes.

Los tengo entre mis piernas una vez por semana y no ponen objeción en la paga.

Día a día leo periódicos y libros en una IPad. Me gustan las biografías y novelas románticas.

Lo hago por recomendación de una antigua amistad, entrañable y generosa. La de Norberto Velarde.

Norberto fue delegado sindical del magisterio en La Barca, Jalisco y cuarenta años mayor que yo. Murió en mis brazos de un derrame cerebral. Permanecimos ocho años juntos y yo iba a celebrar mi treinta aniversario de vida. Ya contaré esa historia en capítulos posteriores.

—Si vas a putear, hazlo, pero se de las mejores y no te avergüences. Es tu profesión –me repetía Norberto y sugería–: Lee el Kamasutra… Conoce todos los secretos de una buena sexualidad, como lo hacen las geishas…No seas una trabajadora sexual del montón…

De ahí su interés en prepararme intelectualmente y tener temas de conversación con mis clientes.

Una tesis recurrente de Velarde era el asegurar que en las revoluciones armadas, siempre triunfaban los guerreros que  tenían preparación política, pero sin perder su origen lumpenesco.

Los delincuentes comunes y las trabajadoras sexuales han sido doblegados por el capitalismo con drogas y alcohol. De no ser así, México sería otro…

Las repito y milito, sin estar del todo convencida de sus palabras.

Norberto siempre supuso que la delincuencia era el lado aprovechable de los asalariados y miserables en tiempos de revolución.

Sin embargo, también reconozco que logré librarme de muchos problemas por no depender de las drogas o de amores equivocados.

Después de mi relación con Leonardo Rico, juré no volver a ser rehén de ningún hombre.

Buscaría reinventarme en el exilio: jamás retroceder o regresar a México.

Uno de mis clientes asiduos tiene cáncer hepático.

Y me ha ofrecido ayudarme a legalizar mi estatus migratorio.

En el 2005, su familia lo abandonó por sus excesos de alcohol y trabajo. La madre de sus tres hijos volvió a casarse. Ahora radica en Moscú

Dale Gretzky quiere morir en el Mediterráneo.

Y supone que yo puedo materializar su sueño.

De hacerlo, tendríamos que casarnos por lo civil y al yo obtener la ciudadanía, nos largaríamos a Francia.

Eso dice, eso cree…

Por lo pronto, prefiero seguir libre y ahorrar…

 Mis planes son otros…

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