EN EL PRINCIPIO…

Por Everardo Monroy Caracas

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La calle provee.

Es una máxima sabia cuando el hombre deja de depender de los padres.

Lo experimenté en Cuernavaca, desde que René Arteaga entró a las oficinas del Noticiero del Sur y me pidió ser su guía.

Le urgía ir a Jumiltepec, una pequeña comunidad inmersa en el municipio de Ocuituco.

René Arteaga era el reportero estrella del periódico Uno más Uno. Un hombre de izquierda, de origen salvadoreño, pero asilado político en México. Robusto, de cabello cano y piel canela.

Sus gruesos anteojos bifocales dábanle cierto aire de catedrático universitario.

Yo debutaba como reportero redactor.

1977 fue el año de mi despegue en el oficio.

El señor Frago Sandoval, propietario de tres modestos periódicos —Noticiero de Ciudad Victoria, Noticiero de México y Noticiero del Sur— fue quien me envió como subdirector a Cuernavaca. Radicaba en la Ciudad de México.

En esas fechas desconocía los recovecos reporteriles para redactar una nota de calidad o los alcances periodísticos de un buen reportaje.

El mérito mayor era mi hambre de curiosidad para obtener una noticia.

Por instinto desconfiaba de la palabra de un político o del buen corazón de un juez, policía, militar o agente ministerial.

Siempre he creído que la fuente de toda verdad está en la boca de las víctimas de la injusticia.

Un ciudadano de a pie es el mayor proveedor de la noticia confiable.

Cada cabeza es un mundo.

Y así lo creo.

René Arteaga traía la consigna de elaborar un reportaje relacionado al clero católico morelense. El obispo de la diócesis de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo era abiertamente un promotor de la iglesia comprometida con los pobres.

En Latinoamérica, durante la década de los sesenta, surgió un movimiento religioso afín a la teología de la liberación. En infinidad de barrios urbanos y comunidades rurales, cientos de sacerdotes comprometidos con los pobres, organizaron frentes de resistencia contra la miseria, represión policiaca y explotación laboral. En las Comunidades Eclesiales de Base se promovía a un Jesucristo revolucionario, apegado a las tesis marxistas-leninistas.

En el estado de Morelos, Méndez Arceo, al que sus detractores llamaban el Obispón Rojo, enfrentaba los embates de un clero adverso a sus pretensiones liberadoras. En contraparte, en las entrañas de la diócesis, surgió un movimiento eclesiástico anticomunista. Respaldado por organizaciones de ultraderecha y el Partido Acción Nacional.

En Jumiltepec habitaba un sacerdote adverso a la ideología del obispo Méndez Arceo: Esteban Lavagnini, de origen italiano. Pertenecía a un movimiento internacionalista que desconoció al Papa Juan XXIII, por permitir cambios en la liturgia católica, de acuerdo a lo pactado en el Concilio Ecuménico del Vaticano II.

Los tradicionalistas, así conocidos, seguían las directrices del arzobispo francés, Marcel Lefebvre, adversario irreconciliable de Juan XX III.

Lavagnini se declaró en rebeldía contra un Vaticano Ateo y lo apoyaron miles de pobladores de Jumiltepec y de otras comunidades morelenses. En su templo daba la misa en latín y las mujeres tenían prohibido vestir pantalón o minifalda y llevar el cabello corto.

Rene Arteaga llegó a Cuernavaca con el propósito de entrevistarlo. Por lo mismo, pidió mi apoyo para visitar Jumiltepec.

—Usted debe conocer a alguien de esa comunidad —dijo después de explicarme el interés del encuentro.

—No hay problema —lo tranquilicé—, es fácil contactar con el dirigente municipal del Partido Demócrata Mexicano.

—Perfecto, no quiero inquietar al cura si nos movemos con sus enemigos…

Arteaga se refería a los seguidores de los partidos Socialista de los Trabajadores o del Comunista Mexicano. Los del PDM eran anticomunistas y proclericales de derecha.

El siguiente día de nuestro encuentro, a bordo de un auto sedán rojo, dejamos Cuernavaca. En el pueblo de Ocuituco fue fácil contactar con el dirigente del PDM. Laboraba en el ayuntamiento. Era cetrino y muy pulcro, de nariz curva.

Rene Arteaga lo convenció sin tantos contratiempos.

—Nuestro propósito es defender la causa del padre Lavagnini, antes que la iglesia roja se apodere de México —prometió falsamente.

Su artilugio funcionó.

Por Teléfono, el burócrata habló con el ayudante municipal de Jumiltepec. Nos recibiría en sus oficinas.

En menos de media hora llegamos a la comunidad rural. Estaba a veinte kilómetros de la cabecera municipal.

Todo esto ocurrió, de acuerdo a mi diario personal, el sábado 18 de febrero de 1978.

El sacerdote rebelde nos dio la bienvenida en la casa del ayudante municipal. Usaba una sotana negra remendada. El hombre era huesudo, lechoso y de ojos claros e intensos. Olía a sudor.

—Tenemos que ir a la parroquia —nos dijo—, porque debo hervir unos frijoles que dejé remojando toda la noche…

Fue en la parroquia San Andrés Apóstol donde René Arteaga realizó la entrevista.

Después me enteraría que el decano periodista fue amigo personal de Ernesto Che Guevara.

Siete meses después de conocerlo, el 22 de octubre de 1978, murió en la Ciudad de México. El 20 de abril había celebrado sus 50 años de vida.

En los meses de mayo y junio tuvimos varios encuentros en Cuernavaca. Gracias a su generosidad, a pesar de ser de carácter bronco, me enseñó a mejorar la redacción de mis notas periodísticas. Tambien me regaló un sinnúmero de libros y manuales de periodismo.

Y finalmente con su recomendación obtuve la corresponsalía en Morelos del periódico donde laboraba.

Uno más Uno fue creado tras el golpe perpetrado a Excélsior, por el presidente Luis Echeverría.

Uno más Uno surgió el 14 de noviembre de 1977 e integraron su planta reporteril y editorial los mejores periodistas y escritores mexicanos, liberales y marxistas de México.

Sin embargo, el gobierno y la oligarquía impidieron su consolidación financiera.

Sin publicidad —privada y oficial— y presiones impositivas obligaron a su propietario y director, Manuel Becerra Acosta a venderlo. En el 2002, dos empresarios mexicanos lo adquirieron por cinco millones de dólares.

En 1984, sus mejores reporteros y articulistas optaron por fundar un nuevo rotativo: La Jornada. Los promotores principales fueron Miguel Ángel Granados Chapa, Carmen Lira Saade, Humberto Musacchio, Héctor Aguilar Camín y Carlos Payán.  Miles de intelectuales y organizaciones sociales compraron acciones para materializar la empresa, bajo el régimen de cooperativa. El primer ejemplar circuló el 19 de septiembre de 1984.

Mi paso por Uno más Uno me permitió llegar a Chihuahua y desarrollar el oficio reporteril con mayor profesionalismo.

En Ciudad Juárez, como anoté en capítulos anteriores, enfrentaba actitudes chauvinistas o xenofóbicas.

Y aun así, el 24 de junio de 1996, el Diario publicó la segunda parte del reportaje sobre el comercio informal y su relación con el poder político.

El director editorial, lo intituló:

Como cintillo:

La magia de la fayuca en Juárez

Y como cabeza principal:

CONTRABANDO Y CORRUPCION

Secreto a voces y negocio de pocos. El contrabando —hormiga o no— se ha convertido en el modus vivendi de veinte mil personas en Ciudad Juárez.

Los modernos piratas  —de troca, avioneta y tortons camuflados— han invadido en un día, calles y avenidas del primer cuadro de la ciudad. La venta de sus mercancías-fayuca les permite obtener diariamente más de cuatro millones 450 mil pesos.

La Concanaco estima que en un año, políticos y contrabandistas se meten al bolsillo mil 600 millones de pesos.

En esa pirámide de ganancias, dos mil individuos, entre funcionarios aduanales y contrabandistas, manejan el negocio. Lo obtienen con el trabajo informal de 18 mil vendedores.

Poseen fortunas incalculables.

La Cámara Nacional de Comercio aporta un dato: los productos del mercadeo de la ilegalidad se obtienen por  el robo a tráileres o comercios establecidos.

Hay complicidad de policías y funcionarios aduanales.

María Antonieta Venzar, directora del departamento de estadísticas de la Canaco, lo confirma. En sus manos tiene reportes de la Policía Judicial Federal donde cientos de traileros denuncian el robo de las mercancías mientras transitaban por las carreteras de Chihuahua.

Cuestiona:

—No es posible que neumáticos que pueden tener un valor real de 400 a 500 pesos, en módulos de segundas lleguen a encontrarse a cien o ciento cincuenta pesos.

Es una realidad el mercadeo callejero de ropa, aparatos electrónicos, calzado, muebles, alimentos, cigarros, vinos y licores. Los 18 mil vendedores cuentan con la protección de la CROC, CRT, CTM, FNOC, COR, CROM y FOP.

El dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros de México, Ricardo Catalán, incluye en las corruptelas a los dirigentes del Partido Acción Nacional.

El millonario negocio toca a los 24 inspectores, cinco secretarias, tres jefes departamentales y al director de la Dirección de Comercio del Ayuntamiento.

Es su razón de ser.

Y lo reafirma el visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Eustacio Gutiérrez Corona.

—Se trata de un negocio que afecta gravemente a la economía del país —argumenta—, pero que en Ciudad Juárez es el medio de sustento de burócratas municipales, estatales y federales, comerciantes y contrabandistas. Después de ellos, directamente una gran mayoría de familias de ingresos medios y bajos, logran sobrellevar su economía por el bajo precio de algunos productos de origen extranjero.

Un estudio sobre comercio informal, elaborado en 1993 por la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), presentó lo ocurrido en 45 ciudades de 25 estados del país, entre ellas Ciudad Juárez.

En ese año, Juárez fue considerado como la quinta ciudad con más vendedores ambulantes de México.

Lo encabezaba el Distrito Federal con 149 mil 981 fayuqueros; Guadalajara, 35 mil; Netzahualcóyotl, nueve mil 28; Naucalpan, ocho mil 500 y Juárez con ocho mil 256.

Sin embargo, por cuestiones políticas e intereses partidistas —PAN versus PRI—, el padrón de vendedores ambulantes, fijos y semifijos, se incrementó en esta ciudad fronteriza. De ocho mil 256 pasaron a dieciocho mil en 1996.

 Venzar asegura que en 1993 un comerciante ambulante obtenía por venta diaria 270 pesos. En la actualidad rebasan los 500.

—Quince por ciento de este dinero —agrega— queda en sus manos, y el ochenta y cinco por ciento restante lo reinvierte y para en manos de contrabandistas, fabricantes, dirigentes gremiales y burócratas corruptos.

Un comerciante semifijo de la avenida 16 de septiembre, golpeado recientemente por oponerse a vender mariguana, reveló que el mayor volumen de mercancía ilegal ingresa por Puerto Anapra y el puente Isleta, cerca  del municipio de Práxedis Guerrero.

—A la medianoche —dice— cualquiera de los vecinos de Anapra o que viva cerca del puente Isleta sabe que hasta veinte muebles (camionetas) entran cargados de mercancía, procedentes de Estados Unidos. Otro tanto llega a Juárez por los puentes de Lerdo, bajo el apoyo de algunos aduanales.

Gutiérrez Corona al respecto señala que el contrabando de fayuca —ropa, calzado y alimentos— beneficia principalmente al personal de la aduana.

—Es imposible saber quien es el verdadero contrabandista de las mercancías de procedencia extranjera. Tal pareciera que son los mismos funcionarios gubernamentales los que invierten y alientan la compra-venta de productos no fabricados en nuestro país.

Una investigación realizada por la Concanaco, confirmaba que únicamente en 1993, los ocho mil 256 vendedores ambulantes, fijos y semifijos, obtenían ingresos diarios por dos millones 229 mil 120 pesos.

El promedio mensual por puesto lo estimaban en ocho mil 100 pesos y al año, de 92 mil 200.

En términos generales, por la venta total de fayuca se embolsaban 802 mil 483 pesos.

Tres años después, según la Canaco, los ingresos se duplicaron.  En un día los fayuqueros juarenses ganaban cuatro millones 458 mil 240 pesos y en un año, mil 604 millones 966 mil 400.

Una fortuna.

El estudio, de 190 páginas, en el rubro Giros más importantes y tipo de puestos sobresalientes, apunta:

—Los giros más importantes que se detectaron en la muestra analizada fueron, en orden de importancia, abarrotes y alimentos preparados con un 28% del total; seguido de ropa y calzado, con 20.95%; juguetes y mercería, con 13.47%; electrodomésticos, con el 9.21%; artículos diversos, el 4.77%; vinos, licores y cigarros, el 3.51%; el 20.09% no contestó la pregunta.

En la página 38, donde la Canaco analiza el Pago de derechos, cuotas a líderes y gratificaciones a las autoridades, se lee:

“De las 23 ciudades muestreadas, entre ellas Juárez, el 48.89% de los vendedores entrevistados reconoció haber erogado alguna suma por ese concepto. Sólo por concepto de gratificaciones sin comprobante, en 1993 los fayuqueros les pagaban a sus dirigentes una cuota promedio de 47.11 pesos semanales por persona. Significa que las siete centrales gremialistas obtenían ingresos de 28 millones de pesos por semana.”

En la actualidad, los vendedores informales, quienes obtienen su permiso a través de su confederación pagan cuotas de diez pesos mensuales por persona.

En caso de tramitar algún documento en la dirección de comercio, erogan de 300 a 500 pesos.

El jefe de los 24 inspectores de la dependencia municipal, Jesús Ávila informa que por cada permiso autorizado para la venta de mercancías en vía pública, cobra 499 pesos por puesto fijo; 408.50, semifijo y 312, ambulante. De los dieciochos mil, solo cuatro mil 800 utilizan gafete del ayuntamiento.

Fausto Sánchez Díaz, el nuevo titular de la Dirección de Comercio, es prudente en soltar información. Le filtra al reportero que al tomar posesión del cargo recibió un padrón con 520 puestos fijos (módulos), 270 semifijos y cinco mil comerciantes ambulantes.

Su antecesor, Juan Saldaña Rodríguez, en su momento, reconoció que en esas tres modalidades de comercio informal, Juárez superaba los 18 mil vendedores.

La propiedad de los puestos o lugares asignados para la venta de fayuca y alimentos, la Concanaco denuncia:

“El monopolio de los puestos en la vía pública es cada día más obvio. Grandes capitalistas, empresarios, profesionistas, líderes gremiales y funcionarios públicos se han enriquecido de esta forma. Son quienes concentran la propiedad de los puestos y los espacios para vender en las calles.

“El 74.7% de los encuestados son dueños de su negocio y el 22.8%, no. De estos, los argumentos más socorridos fueron que eran de su patrón, socio, un familiar o un amigo”.

En Ciudad Juárez, la Canaco detectó que el contrabando de mercancías de procedencia extranjera la controlan dos mil personas.

El trabajo de calle o venta al menudeo, efectivamente está en manos de 18 mil personas.  A su vez, los puestos fijos pertenecen a cien familias. Por lo mismo, Canaco considera que el 65 por ciento de los responsables de promover el comercio informal son asalariados.

La Concanaco fue más allá.

Dio nombres.

Tras el negocio irregular, estaban los dirigentes Roberto Delgado Urías, Javier González Mocken, Manuel Briseño, Pedro Matus y Gloria Ávila. Dos de ellos abiertamente tienen el control del contrabando hormiga: la venta al menudeo de cigarros estadounidenses en el puente principal de Ciudad Juárez a El Paso, Texas.

Venzar insiste en afirmar que poco o nada se ha hecho para esclarecer el trasfondo del negocio que tanto mal le causa al comercio establecido en Ciudad Juárez.

Puntualiza:

—Mientras al comerciante establecido se le exige el pago de impuestos y derechos para la realización de la obra pública o la prestación de algún servicio municipal  —seguridad, limpia, alumbrado, etc.—, al contrabandista y vendedor informal se le solapa, extorsiona y alienta. Al final, como ocurre con toda la población chihuahuense, disfruta de los beneficios sociales que el gobierno invierte con nuestros esfuerzos fiscales.

Y tras un gesto de desaprobación, musita:

—No se vale….

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