VENEZUELA

Por Everardo Monroy Caracas

la langosta portadaHe sido el protagonista principal de mi vida. La misma tesis la he escuchado en boca de Pech. La diáspora obligada nos involucionó al eje del mundo y nos volvió únicos.

Estamos orgullosos de coincidir en el mismo punto geográfico, sin preocuparnos por nuestro futuro.

El mundo es nuestro desde que fuimos paridos.

Por lo mismo, molesta escuchar a los cuatro venezolanos, desarraigados de su patria, odiar y maldecir. No se consideran protagonistas o defensores de su origen, sino vasallos de un gobierno extranjero.

Desde su arribo al bar, discuten.

No cesan de defender a los halcones del Pentágono. Su mayor felicidad es permitir que la petrolera venezolana termine en manos de la Exxon Movil o la Chevron. Nada a los comunistas o miserables de Maracaibo, Caracas o Barinas.

Pech frunce el entrecejo y aprieta los puños cada que escucha aquella sarta de barbaridades.

La mediática mundial, bajo el control de las petroleras, creó una matriz de odio hacia el bolivarismo venezolano. Le ha hecho creer al hombre de la calle que Venezuela es gobernada por un dictador corrupto y asesino.

Ni como recular.

Desde 1999, Venezuela es gobernada por enemigos de las trasnacionales petroleras. Un teniente coronel, Hugo Chávez Frías, después del caracazo de 1989 —matanza protagonizada por policías y militares de la derecha venezolana—, llegó, por vía del voto ciudadano, al Palacio Miraflores. De inmediato impulsó programas de bienestar social, adversos a los intereses económicos de las trasnacionales y la oligarquía criolla.

Sus misiones impulsaron la gratuidad de la educación, desde la preescolar a la universidad, y la salud en todos sus niveles. O sea, reeditó todos los programas sociales predominantes en Cuba.

También, el cien por ciento de sus viejos están pensionados.

Incluso, firmó convenios de colaboración con el gobierno cubano en el área de salud, ciencia y tecnología.

Miles de médicos cubanos fueron contratados para atender las clínicas de salud de los barrios y comunidades pobres de las veintiún provincias de Venezuela.

Chávez combatió el analfabetismo, la pobreza extrema y el desempleo.

Su Misión Vivienda Venezuela se propuso edificar cinco millones de casas y departamentos para familias de escasos recursos económicos.

En el año 2019, tres millones de familias se habían beneficiado con el programa.

Ni la muerte de Chávez, ocurrida el 5 marzo de 2013, interrumpió la obra de este revolucionario bolivariano. Su sucesor, Nicolás Maduro Moros, continuó con su legado.

Desafortunadamente, el gobierno estadounidense y la oligarquía venezolana-colombiana tienen el control del comercio y la industria local.

Y en menos de una década empobrecieron al país.

Los venezolanos asalariados, pobres y clasemedieros, tuvieron que hacer largas colas para allegarse de alimentos y medicinas.

El paraíso socialista de los chavistas y bolivarianos pareció desquebrajarse.

La mediática mundial y los banqueros tomaron el control del subconsciente y los bolsillos del venezolano. Éste, en un acto de desesperación o miedo, avaló la entrega de la Asamblea Nacional a la oligarquía venezolana-colombiana.

Craso error.

Los diputados, asesorados por el gobierno estadounidense, acordaron desconocer al presidente de la república y preparar su desafuero.

En respuesta, los chavistas, optaron por promover un juicio de inconformidad por los resultados comiciales del 2015 en la provincia de Amazonas.

Argumentaron un posible fraude electoral, alentado por el gobernador de entonces.

Los asambleístas se negaron a reponer los comicios, ordenado por el Poder Judicial, y cayeron en desacato.

Desde entonces, la Asamblea Nacional quedó a la deriva y sobrevive con el apoyo politico, financiero, extrajudicial y mediático del gobierno estadounidense.

Los chavistas, amparados por la Constitución Bolivariana de Venezuela, aprobada en 1999, eligieron, el 30 de julio de 2017, una Asamblea Nacional Constituyente.

Venezuela se fracturó socialmente.

Desde el 2014, chavistas y ultraderechistas están en perpetuo enfrentamiento. Sus calles se han ensangrentado. Se estima que un diez por ciento de la población abandonó el país por hambre o miedo a una guerra civil.

El gobierno estadounidense y sus aliados, como buitres, intentan administrar las riquezas naturales de Venezuela.

No han logrado doblegar a los chavistas, porque las fuerzas armadas le son leales al presidente Maduro.

Los gobiernos de China y Rusia, principales socios comerciales de Venezuela, apoyan a los chavistas. La misma tendencia ha sido expresada por la mayoría de países de África, Asia, el Caribe  y del Oriente Medio. En América, cuentan con la solidaridad de miles de organizaciones sociales y sindicales de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Colombia, México, Canadá, Guatemala, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Perú, Honduras, Costa Rica…

Durante el gobierno chavista, el régimen estadounidense ha organizado tres intentos de golpe de estado: 2002, 2015 y 2019.

 En respuesta, el chavismo mejora su sistema de defensa bélica.

 Tiene una reserva militar superior a los siete millones de policías, milicianos, guardias nacionales y soldados.

Rusia, China, Irán, Turquía y Cuba le han proporcionado armamento y tecnología de punta para su defensa. El pequeño país caribeño es experto en guerra de guerrillas y contrainsurgencia.

Difícilmente el chavismo será derrotado. Es un movimiento de paz.

El 20 de mayo de 2018, Maduro fue reelecto presidente de la república bolivariana de Venezuela. Su segundo mandato es de seis años.

Lo saben los venezolanos que beben ron en la mesa cercana a la barra. No dudan en avalar una invasión de marines en el país de sus ancestros. Suponen que los morteros y balas asesinaran solo a chavistas.

 Pech conoce las consecuencias de una guerra. Su paso por Sendero Luminoso le permitió experimentar los horrores de una confrontación armada.

El venezolano de cabeza blanca es el eje del grupo. Sabe lo que dice porque fue policía metropolitano en los tiempos del caracazo.

El 27 de febrero de 1989 disparó su fusil a diestra y siniestra y mató a venezolanos pobres.

No padece traumas, según repite.

En Montreal es taxista y residente permanente. Dejó a su familia en Caracas y ahora tiene una nueva esposa y tres hijastros.

Es, como Pech y yo, el principal protagonista de su vida.

Ha perdido su oriundez, pero conserva su odio al chavismo y es un experto en envenenar corazones.

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