GEOGETTO

el infierno de gaalia8

El martes 4 de septiembre, tres millones de quebequés se volcaron en las urnas. Casi ocho millones integraban la lista.

Las cámaras de votación no tuvieron la asistencia deseada. En las democracias modernas, es parte del juego político, una minoría decide el futuro de una mayoría indiferente a los asuntos públicos.

En esta ocasión, cuatro partidos políticos registraron candidatos para renovar la Asamblea Nacional y la Primera Magistratura Provincial.

De antemano, los resultados estaban cantados: Geogetto Burns relevaría a Luc Tremblay.

Los liberales tendrían que avalar los resultados electorales.

    Catherine no salió de su guarida de Vertu. Prefirió contratar los servicios sexuales de Philippe Luçon.

Sería la primera vez dormiría en la casa materna ante la ausencia de su hija, de  viaje en Nueva Delhi.

Mayra y Greta permanecerían en Nepal y visitarían Rummindei, una pequeña comunidad plagada de cocodrilos y leopardos.

El rey de los Sayka del Himalaya, tuvo el único descendiente que optaría por darle la espalda a su linaje y fortuna: Siddhartha Gautamá o Buda, El Gran Iluminado.

     Geogetto le sugirió a Catherine, por teléfono, que evitara a los periodistas al depositar su sufragio. Y debería aguardar instrucciones entre las ocho y nueve de la noche.

Le confirmó que era necesaria su presencia, después de la medianoche, en el Auditorio Champ de Mars, en la avenida Viger. Su triunfo lo anunciaría ante miles de seguidores. La derrota de los liberales tendría que trascender.

 Los nacionalistas separatistas se fortalecian.

—Tu asistencia lleva un mensaje, mi estimada Catherine y tranquilizará a quienes suponen que intentaré borrar cualquier indicio de trabajo de los liberales. Tú sabes que es mentira. Los Pearcen, los Carrillo, los Khadir, los Oullet… Todos tienen cabida en un gobierno construido por patriotas. Quiero partir de ese eje y fortalecer la unión y solidaridad en una nueva nación. La que merecemos…

     La voz de Geogetto tenía un tono conciliador, grave por sus constantes discursos y entrevistas periodísticas.

 El apellido de Catherine era anglosajón.

Y en las circunstancias políticas actuales poco le beneficiaba.

Una avalancha de nuevos burócratas tomaría por asalto los ministerios y alcaldías.

Los nacionalistas quebequés —demócratas, conservadores, socialistas y separatistas radicales— harían un frente para convertir su pírrico triunfo electoral —32 por ciento contra el 31.2 de los liberales— en una puerta de acceso a los quinientos colegios públicos de la provincia e inocular, a través de programas educativos, una identidad ajena a los intereses políticos y financieros del gobierno inglés.

—Bebé, vente a descansar un rato… —le propuso Philippe a Catherine en un mal inglés.

     La recámara estaba en penumbras.

Catherine escuchaba la radio en el balcón.  Iba por el quinto mojito.

En esta ocasión, utilizó lentes especiales para protegerse de la luminosidad del día.

La laptop seguía encendida.

Y no estaba atenta a los tres teléfonos celulares de la mesa dorada.

—Paciencia, mulato… Déjame tomar un descanso… eres tremendo… Tengo que hablarle a mi hija.

En realidad esperaba contactar con Ruth Bourassa, Vagger Villeneuve y Pierre Simard.

El arzobispo Lapenane sugirió que antes de conocerse los resultados de la votación, invitara a los dirigentes universitarios a incorporarse al Ministerio de Inmigración y Comunidades Culturales.

Vigger Villeneuve había renunciado a la dirección del Frente Estudiantil de Unidad Patriótica. Aceptó trabajar en la Federación de Trabajadores de Quebec.

Ruth era madre soltera y estudiaba una maestría en Lengua Francesa. De aceptar el ofrecimiento, sustituiría a Dupond en la subsecretaria de Inmigración.

Simard fue el único que le tomó la palabra, sin cuestionar. Ansiaba hacer carrera política en las filas del PNQ.

Geogetto lo designaría Secretario de Acción Juvenil.

Uno de los teléfonos empezó a brincotear.

—¿Dime?

Era Paul Oullet.

—Confirmado, cincuenta y cuatro diputados de ciento veinticinco…

     —¿Y los coalicionistas y los socialistas de Solidaridad?

    —Diez y nueve y dos… Marois ya lo confirmó —se refería a Gerald Marois, el director general de Elecciones de Quebec.

     —¿Se hizo público?

     —No, Geogetto acaba de ser informado por Marois… Dijo que las tendencias son irreversibles… Luc tuvo que bajar la cabeza y le ordenó a Marois que se lo informara a nuestro candidato… Por cierto, Joanne lloró…

    —Bueno, la mujer de Tremblay es muy sensible y sabe que tendrán que abandonar Quebec e irse a su chalet de Nassau… Debería estar feliz, es una ciudad hermosa y tranquila…

     El Partido Nacional Quebequés había avanzado sustancialmente en las diez y siete circunscripciones territoriales.

De acuerdo al comparativo que Oullet le envió, los nacionalistas separatistas tendrían ascendencia en Montreal, Laval, Región de Quebec, Cote-Nord, Outaouis, Claudiere Appal, Lauirentides, Bas Saint Laurent, Monteriege, Saguenay Lac-Saint Jean y Mauricie Bois F.

     Oullet reveló emocionado:

     —Leí el original del discurso de Geogetto, quiso que lo revisáramos antes de leerlo en el Champ de Mars… Ahí te van algunas perlas que anoté: Queremos un país y lo tendremos. Les digo a nuestros vecinos canadienses que sean abiertos. Tengo la firme convicción que Quebec necesita convertirse en un país soberano. Y a nuestros adversarios intentó tranquilizarlos, Catherine: Los anglófonos, que no se preocupen, compartimos la misma historia y quiero que compartamos nuestro futuro común.

HEMEROTECA: Patria 1 – Paco Ignacio Taibo II

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