CAUTIVERIO (Cap.2)

florentine_Fotor2

Florentine Dugès soñaba, o eso creyó.

Hizo un gran esfuerzo para evitar reencontrarse con la molesta lámpara fluorescente, encendida de día y de noche.

Jamás toleró su luminosidad. Sin embargo, su depresión y cansancio derrotaron su rechazo obsesivo.

Una voz cavernosa, molesta, similar a la del Anonymous de YouTube, resonó.

La imagen del hombre de capucha y máscara blanca apareció en su subconsciente. El personaje virtual anunciaba hackeos cibernéticos con fines políticos. Un Guy Fawkes caricaturizado y con bigotitos de puntas retorcidas.

En esta ocasión, el mensaje fue distinto:

Atención, atención, Dugès y Cávalos… Atención, atención, deben escucharme… No lo volveré a repetir, insisto, no lo volveré a repetir… Atención, atención…

El viejo yacía sentado en el camastro, agarrando sus huesudas rodillas.

Miraba, en aparente nerviosismo, el altavoz.

 Amodorrada, la joven lo imitó. Era su cuarto día de cautiverio.

Por primera vez, una voz, ajena a la de Garance, logró colarse en la habitación.

La voz robotizada, ordenó:

Primero,  a partir de hoy, deben desnudarse y guardar su ropa en una bolsa negra. De negarse, no habrá agua en el retrete y lavabo durante tres días. Tendrán que oler su propia mierda y beberse sus orines… Así que ya lo saben… Repito, a partir de ya deben desnudarse y meter la ropa en una de las bolsas negras…

Florentine y el viejo, atónitos, entrecruzaron miradas.

Florentine, en poco tiempo logró tener empatía con Garance.

El viejo cocinaba y respetaba su intimidad al hacer uso del retrete. Le daba la espalda y se distraía leyendo la Biblia.

El televisor se encendía durante una hora.

Radio Canadá transfería el noticiero nocturno.

Su captor o captores controlaban desde el exterior la emisión.

  Garance fue el primero en acatar las instrucciones. Desnudo agarró su ropa. De uno de los canceles extrajo una bolsa negra de polietileno y guardó sus andrajos.

Florentine dudó, pero al ver la mirada de angustia del viejo, lo secundó.

—¿Qué va a pasar después? —la chica lanzó la pregunta mientras enrollaba su ropa y se la entregaba al viejo.

—Ganar tiempo, Florentine —dijo Garance—. Démosle gracias a Dios que seguimos con vida…

—No lo comprendo, no lo comprendo…—repitió  Florentine con desaliento—. Lo intentaré, porque tú eres un ejemplo. Has vivido más tiempo esta amarga experiencia y puede que tengas la razón…

—Ven —demandó el viejo—, quiero que me des un abrazo…

Florentine obedeció, sin importar su desnudez. Sintió la piel tibia y rugosa del viejo.

—Gracias por protegerme —dijo ella sin contener las lágrimas.

—Tonta, si en este encierro la edad dejó de ser una barrera. Ahora somos sobrevivientes… Tú y yo. Y como presos del infortunio tenemos que cuidarnos, no importa lo que nos ordene este loco. Si amas a Raynald tienes que luchar…

—Lo haré… lo haré, Garance —dijo conmovida y descansó su pálida mejilla en el huesudo omoplato del anciano—. Por favor, tienes que ayudarme a no dar muestras de debilidad…

—Vamos, vamos —replicó el viejo—, tenemos que tener fe, porque Jesucristo redentor nos protege y no estamos solos…—y sin soltarla de la cintura, la condujo al camastro—. Descansa un poco, mientras te preparo algo de comer…

La chica no opuso resistencia y permitió que Garance le tomara las manos y las besara.

—Eres muy tierno…—dijo ella, entornando los ojos.

—Y tu una florecita muy delicada… Anda, anda, intenta no pensar en este infierno y ora un poco, eso te relajará…

 —¿Desde cuándo enviudaste?

—Uh mi niña, desde hace diez o doce años —respondió Garance.

En el sartén vertió un poco de aceite de oliva. Paciente,  aguardó a que se calentara para vaciar dos huevos, previamente batidos en un vaso.  Enseguida, ya fritos, los depositó en un plato de plástico.

Su huesuda figura no parecía inhibirlo ante los ojos azules de Florentine. Tampoco la presencia de su flácido miembro genital que se confundía con sus arrugados testículos.

—Raynald seguramente ya fue a buscarme al departamento —soltó Florentine en su afán de evocar la figura joven y atlética de su novio.

Intentó sobreponer la imagen del estudiante de medicina a la del cuerpo flaco y desnalgado, que le entregaba los huevos batidos y las dos rebanadas de pan integral, extraídas del refrigerador.

—Pero me dijiste que estaba fuera de Montreal y que regresaría en un mes o mes y medio —recordó el anciano.

—Sí, tienes razón… —asentó la chica con el plato en el vientre—. La verdad desconozco cuántos días he permanecido aquí y supuse  que los suficientes como para creer que mi prometido me buscaría y al no encontrarme daría parte a la policía…Eso pensé, discúlpame.

Tenía el pubis rasurado. Sus labios vaginales quedaron expuestos ante el viejo. Ella no se inhibió. Le era natural estar desnuda. Lo hacía cotidianamente en la agencia de publicidad.

Las sesiones fotográficas duraban hasta diez horas.

—Tienes suerte, Florentine  —dijo el viejo desde su camastro y con cierta melancolía—. En Quebec no tengo familia… Mis cuatro hijos viven en Argentina y la única hermana que tengo está enferma de artritis y dejó Canadá por recomendación médica. En Puerto Rico se compró una casa de playa y se la pasa alimentando gatos y perros callejeros. Ella es mayor que yo, así que ya te imaginarás lo marchita que se encuentra…

Interrumpió su explicación al encenderse  el televisor.

Una mujer rubia, blanca y en traje sastre azul marino empezó a informar sobre lo trascendente del día. Casi al finalizar el noticiero fue leído un boletín policiaco que hablaba de la desaparición de una estudiante y modelo de Montreal.

 

HEMEROTECA: El sexo en el cine y el cine de sexo – Ramon Freixas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s