PALOMA RENDIDA

Por Everardo Monroy Caracas

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Susana me recibió en cueros y ganosa.

—Me acabo de bañar, aprovechado –dijo al apartarse del umbral.

Sus ojos brillaron como brasas.

No era una afrodita de carnes frescas y curvas extravagantes, sino una sibarita común, de cualquier prostíbulo de Cosenza. Dispuesta a darlo todo por unos minutos de pasión.

Las tetas de Lisandra seguían presentes. El solo recordarlas y ver a Susana en esas condiciones, olvidé cualquier acto de civilidad.

Ataqué a fondo.

Los pantalones y calzoncillos volaron.

Terminamos en la cama matrimonial, empiernados. Su húmeda y felpuda oquedad quedó sellada con el basto de la felicidad.

Ni Elvis Presley pudo superar mis movimientos de cadera.

Ni las rumberas cubanas hicieron lo propio como Susana.

Las dos descargas continuas nos paralizaron. Terminé recostado y somnoliento entre sus pechos y muslos.

—Me encanta como coges, Venancio… —balbució con ojos entrecerrados y satisfechos—. Hacia tanto tiempo que no me sentía plena y deseada…

—Tienes lo tuyo y eres intensa —dije y suspiré—, me gusta cómo te das. No entiendo a los maridos…

—Aquí se trabaja mucho y nos olvidamos de lo esencial. Martin prefiere quedar bien con putas, amigos y el banco y no atenderme en la cama…

—No hay pretexto, existen muchas salidas, ahí están los swingings y tampoco me digas que tú eres una hermana de la caridad…

—No, no…He tenido mis aventuras y te confieso que en nada se comparan con lo que siento contigo. Eres muy auténtico, porque besas y coges como un condenado a muerte…

—¿Y eso es malo?

—Por el contrario, nos haces sentir útiles y atractivas y hasta nos obligas a cuidarnos, ser más pulcras… El solo saber que te volveré a ver, provoca que me cuide mejor,  pies, manos… la piel… Todo, todo mi cuerpo. No quiero defraudarte…

Melania Cordero, la muy leona, fue quien me enseñó algunos secretos para sentirme auténtico al chimar.

—Nunca mires a tu pareja ocasional —me insistía al término de nuestros encuentros sexuales—, solo usa la imaginación y chima con la mujer que realmente te interese… No importa que estés en la cama con una obesa o esquelética, parapléjica o anciana. No importa, tu paloma no es para ellas, sino mía, solo mía y siempre será mía. Así como mi chocho es tuyo y siempre será tuyo… Te lo juro y sabes que no me gusta jurar…

Y esa era mi manda.

Estar atado a la ñapanga de ojos gatunos, a pesar de traicionarme con el administrador la multinacional española Unión-Fenosa San Marcos.

El solo evocarla, arrodillada y frente a mí, golosa y fogosa, provocó una nueva erección.

Susana aceptó la arremetida sin resistirse. Sus bramidos de posesa volvieron a resonar dentro y fuera del departamento.

Media hora después, aun lirondos y encamados, empezamos a libar cerveza, en mi caso, y coñac, en el de Susana.

El olor a desinfectante  no tardó en diluirse ante el rigor del alcohol.

Y ya relajados, pude escudriñar el entorno y descubrir en los muros, pinturas abstractas y fotografías de su boda. En dos de ellos, Martin aparecía uniformado, con una Fal M5 y en posición de combate. Su esposa reveló que fue sargento segundo del ejército mexicano.

—Somos de Morelia —confió Susana Torrijos— y nos conocimos en la Universidad Michoacana de San Nicolás, donde terminamos la carrera de ciencias agropecuarias. Bueno, solo yo, porque Martín prefirió meterse al ejército. Después de casados, todo se complicó. Los narcotraficantes corrompieron a generales, mayores, coroneles, capitanes y tenientes y la tropa perdió su mística de servicio y ahora es un bastión del sicariato y el paramilitarismo. Martin prefirió dejar las armas y solicitar refugio político en Canadá. Por eso estamos aquí y sin poder revalidar nuestra profesión por endeudarnos con los bancos. Pagamos el mortgage de este departamento y de la pick up y un automóvil. También tenemos que enviar dinero a nuestros padres y mis hijastros…

—¿Tienen hijos?

—Dios no quiso darnos esa oportunidad y te confieso que yo fui la del problema. Martin tuvo tres hijos con otra mujer en Michoacán y eso sucedió antes de nuestro matrimonio.

En los instantes que descargaba la vejiga, Susana le envió un texto electrónico a Martin para confirmar la hora de su regreso al departamento. No quería sorpresas y peleas.

—Devuélveme la Carte Opus antes que te subas a la cama —pidió Susana cuando salí del baño.

Lo hice sin preguntar, después de extraerla de mi cartera.

—En dos o tres días dejará de funcionar —le recordé y volví a colocarme a su lado, recargado en el respaldo de la cama y con una lata Tecate en la mano.

—Ten, te será más útil mientras mejoren tus finanzas —dijo y me entregó una tarjeta plástica, similar a la que le devolví—. Esta se vence hasta diciembre y faltan ocho meses para que termine el año…

—Gracias, mujer… Eres mi ángel de la guarda, muchas gracias, me matas con estos detalles…

Martin aseguró en su texto virtual que su retorno sería a las tres de la mañana.

El motivo: después de terminar su jornada en el basement, cenaría en la calle para ahorrar tiempo y del restaurante se trasladaría al supermercado.

Susana le aseguró que continuaba enferma. Una amiga la sustituiría en la limpieza.

Brígida, como se llamaba la vecina, era amante del ex militar. Trabajaba en el mismo supermercado de la calle Jean-Talón.

Había una buena dotación de coñac y cerveza.

Y el refrigerador de los López-Torrijos me abastecería de suficientes proteínas para recuperar fuerzas.

Todo por una buena chima.

HEMEROTECA: TvNotas 2019-02-19_

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