LA HISTORIA NO TERMINA AHÍ

Por Everardo Monroy Caracas

portada en la entrana del castorHe perdido la palabra y el sueño.

La memoria cesó de transmitir las señales del tiempo.

Llueve.

Los dioses remojan su lengua en las banquetas para borrar nuestras pisadas.

No hay rumbo.

El silencio es efecto del diluvio de junio o los calores de julio.

Ni los perros ladran.

Nuestras conversaciones se graban, navegan entre el llanto del viejo.

Sus cuerpos se agrietan, entierran recuerdos.

¿Alguien ha sumergido los pies en el Jordán o mojado sus cabellos en las aguas del Támesis?

La sangre no cesa de ennegrecer tu miedo.

—0—

La historia de Gloria y Roberto en nada se diferencia a la de Gregori y Paulette.

—Tienes que cerrar las llaves antes de abandonar el baño…— la escucho con su vocecita de pajarraco ante la intermitente llovizna de la regadera.

Paulette tiene manos pequeñas y pies grandes.

Su trasero es capaz de asfixiar la taza y provocar infamias bajo el yugo de la uva fermentada.

No entiendo.

—0—

La ciudad brilla y suda y nuestra frente enceguece a cada expresión afectiva.

Me recordó al alacrán revueltino del cuarto de un hotel, cabizbajo y atento, mientras los amantes estremecen la cama. Se olvidan unos minutos de Paulette y Roberto.

Roberto y Paulette asisten a la misma escuela de francesación, donde se conocieron.

El alacrán, como reveló Revueltas, no tiene nombre y apellido. Supone que el “te amo” o el “te necesito”, le permiten trasponer su escondrijo y agradecer el cumplido… Termina asesinado.

—0—

—¿Cómo estuvo tu clase de francés?

—Estoy cansada… Lo mismo de siempre… Los únicos que leímos y participamos fuimos Leida, Olga y yo… Los otros son unos asnos, en su mayoría chinos e hispanos… No entiendo porque están en nuestra clase…

Gregori hace un esfuerzo para mover los brazos, le duelen.

Durante doce horas cortó madera y claveteó cientos de tablas.

Trabaja en la construcción. Es padre de dos infantes.

Paulette es rusa, pero nació en Israel. Es blanca y sus  ojos fueron extraídos de aguas marinas.

Subyugan.

Roberto no es de malos bigotes, es musculoso y caucáseo. Su madre es inmigrante sueca durante el gobierno de la revolución institucionalizada.

El golpe de estado chileno le permitió abandonar Santiago y rentar un departamento cerca del Palacio Nacional.

Un vendedor de trajes a la medida la sedujo y embarazó.

Roberto, ya hombre, optó por ser oficial del ejército y refugiarse en Canadá en el 2002.

Durante la odisea, Gloria, la secretaria particular del subsecretario de la Marina, le facilitó las cosas con apoyo del embajador Colbert, su amante ocasional.

Ya relajados, Roberto y Gloria terminaron en el hotel Nevada de Quebec en calidad de solicitantes de refugio político.

—0—

—¿Quieres que te prepare algo de comer?

—Por favor…

—Verduras…

—No, mejor pide una pizza…

—0—

Roberto tiene dinero extra.

Paulette dejó a propósito cincuenta dólares en el buró.

Gloria es mesera de un bar del barrio chino.

Le duelen los pies.

Posee la misma ansiedad de vida que Gregori, al que no conoce.

Roberto, en alguna ocasión le comentó que al salón de clases asistía la esposa de un albañil. En dos o tres semanas lo contrataría para arreglar la regadera que tiene un goteo pernicioso.

—0—

Los dioses del sueño no piensan, sudan.

El cielo se ha desplomado y lagrimea o mea.

La misma enfermedad de siempre.

Hay escorpiones sin nombre. Han devorado a su madre antes de conocer su nombre.

No fueron bautizados.

Mueren en la ignorancia.

—0—

—Háblame un poco más de Roberto —pide Gregori.

Gloria se ha encremado el cuerpo. Está desnuda.

Gregori apenas puede reconocerla. Su dolencia de músculos y huesos lo ha debilitado.

Tiene el control del televisor.

Dormita.

—Es malo para hablar francés, pero lee mucho y lo escribe… Por cierto, me pidió que te dijera que tiene un problema en su baño… Ahí puedes ganarte algo de dinero un fin de semana…

—¿Y los niños?

–No te preocupes, son mi problema…

Los gemelos Alexis y Natalie reciben dinero del gobierno.

Celebraron sus tres años de vida en febrero.

Aman a su madre.

Gregori siempre se ausenta por el exceso de trabajo.

—0—

El abuelo llora.

Ha perdido sus recuerdos.

La abuela descansa en el cementerio. Sus faldones cuelgan en el tendedero de Jerusalén, chorrean sangre.

Paulette lo ha olvidado. Heredó las mismas pecas rojizas en la entrepierna de la abuela y su madre.

A Roberto le excitan.

—0—

Ya ser adulto y estar en el salón de clases, conmueve.

Le preocupa y estresa demandar agua o cerveza en francés.

Manteau, eau, beau, oiseau o chapeau…

Vocablos con un sonido gutural que enferman.

No es el sonido oral de Gregori, Roberto, Paulette o Gloria.

Voltaire o Robespierre o la maestra del cuarto nivel de francesación se mofan de los inmigrantes monolingües.

Repiten el francés como afectados por el síndrome de Down.

Los maestros lo dicen en voz baja.

—o—

La historia no terminará ahí.

El abuelo morirá y perderá la pensión.

Los dioses de la lluvia siguen jugando con sus alumnos.

El agua, al fin saliva, remoja los muslos de Paulette, obsesionada del mexicano.

Por el momento, Gregori duerme.

Ha perdido la memoria…

Hay un alacrán bajo la cama.

Es huérfano…

HEMEROTECA: Las puertas de la percepcion – Aldous Huxley

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