FIERROS VIEJOS (Relato 1)

Por Everardo Monroy Caracas

crisalida6

Dhona Chalor Sanjuán…

Palabras ajenas, lejanas, con olor a crisantemo.

—Repítaselo… algo debe saber…

—Lo dudo, se la presenté como Crisálida.

La voz de Gael fue interrumpida por otra voz, femenina y autoritaria:

—Se lo presentó, quiso usted decir…

—¿Por qué debo mentir?  —se quejó mi vecino—, Dios sabe que digo la verdad…

Dhona Chalor Sanjuán—alguien le hizo caso.

De inmediato sentí un leve golpe en la mejilla derecha.

Preferí hacerme el muertito.

Todo estaba claro.

La enfermedad de Gael hizo de las suyas. Crisálida no logró percibirlo, por tratarse de una enajenada comerciante del sexo.

Hasta en el subconsciente intenté conservar su imagen femenina.

Sus ojos verdes y pies alados, como de bailarina húngara, hablaban de su extraordinaria belleza.

Nada importaba la ambivalencia del género.

—No haga eso, oficial, puede provocarle un sincope cardiaco, es ya un hombre viejo…

Imaginé al médico intentando conservar activa mi respiración, por encontrarme bajo su resguardo profesional.

En algo ayudaba estar tullido y tuerto.

—No lo creo —la mujer defendió su derecho a sacar adelante su despiadado oficio de investigadora—. Este anciano, como usted lo llama, fue un peligroso asesino en México y tenga la seguridad que es un simulador. No tiene marcapaso y tampoco lo veo en la sala de terapia intensiva rodeado de cardiólogos… Es un simulador decrépito…

De algo estaba seguro, difícilmente lograría imitar a Gael en su papel de cadáver.

El motivo: yo no padecía catalepsia y menos era afín a las terapias electroconvulsivas…

FIN

 

RELATOS INCLUIDOS EN EL LIBRO:

FIERROS VIEJOS

Eddy Murphy bromea.

El conductor de Sábado Nocturno, Garsson Jeremías, celebra las ocurrencias del comediante de doble sentido.

Murphy asegura que el viagra acrecentó la venta de las vacunas antitetánicas. Los televidentes secundan el chiste con aplausos y carcajadas.

Incluso, a seiscientos kilómetros de distancia, el médico forense, Bernard Lorenz, hace lo mismo.

En la plancha hay un cadáver.

Es “una persona de origen haitiano, de piel oscura y cabellera con tinte azul plumbago. Al parecer víctima de tres disparos de arma de fuego”.

Su asistente, Evelyn Díaz, hombruna, corta de piernas y sin cintura — por su adicción desmedida a las hamburguesas y Coca-Cola–, tuvo que ceder a su ignorancia.

 “No entendí”.

Bernard masculla, tras empujar con el dedo índice sus lentes de grueso vidrio bifocal:

 “Por lo de los fierros viejos, mujer… Carajo… No das una…”

 “Sigo en las mismas…”

Bernard Lorenz prefiere callar e iniciar la faena.

El cadáver aún porta un jean con valencianas acampanadas, blusón blanco de hilaza  —oscurecido por la sangre—, y unos botines negros de charol y puntas lastimadas por el arrastre.

Evelyn corta el blusón y dos promontorios mamarios, de enormes proporciones y puntas oscuras, como chupones de mamila, son expuestos ante la mirada indiferente del forense.

Una bala había perforado el abdomen y el sangrado era menos espectacular. La hemorragia mayor provenía del orificio de la cabeza, a la altura de la sien izquierda.

 “Noche de lobos, hay luna llena…”, dice Evelyn.

 “Las ratas y cucarachas salen de su escondrijo…”, complementa Bernard Lorenz.

En treinta y cinco años de servicio, nada le sorprendía.

Había destazado más de treinta mil cadáveres de todas las edades y géneros. Hasta el olor a formol en nada alteraba su gusto por la buena mesa y el vino blanco.

Bernard Lorenz comprobó el parte policiaco. La víctima se llamaba William Carter, de 28 años. Radicaba en el barrio Côte—des—Neiges.

El levantamiento del cadáver tuvo lugar en el parque Dufferin, en una de las banquetas de la calle Finchley, frente al bar Les Trois Sexes.

 “Veintiuno de agosto…”

 “Así es jefe… Sábado de luna llena…”

 “Cada mes es la misma historia… Los lobos no aceptan a los murciélagos…”

 “Pocos toleran las diferencias —dice Evelyn—: o eres ratón o eres mariposa… No hay punto intermedio. Pienso que su mayor error es imitar la promiscuidad de los quirópteros. Si se midieran un poco…”.

 “Anda, anda, quítale la ropa y bájale un poco el volumen al televisor. La noche es corta y tenemos que hacer el reporte… La pizza vegetariana nos espera”

—o—

Eddy Murphy en uniforme de policía.

El siguiente chiste aborda la visita de un hombre a la comisaria. Busca al ladrón que una noche antes saqueó su departamento.

Lo aprehendieron al activarse la alarma.

“¿Por qué quiere hablar con él?”, dice el comediante que le preguntó al nervioso sujeto.

“Para saber cómo le hizo sin despertar a mi mujer que es un verdadero dolor de cabeza”, me respondió”.

—0—

Garsson Jeremías está apoltronado entre el público. Tiene un disfraz de hada madrina. Es el animador del programa.

Aplaude y ríe escandalosamente.

Uno de los mayores aciertos del productor, Terry Bedard es tener al comediante en su programa.

Y precisamente por conseguir tal proeza, Terry organizó una gran fiesta en su mansión de Saint Leonard.

Eddy Murphy asistiría a su programa nocturno.

Eso ocurrió durante la primera semana de septiembre.

Los diarios locales dejaron constancia de sus excentricidades.

Terry, sin soltar su copa de champagne, presentó a su novio de veintiún años: actor de televisión y modelo de pasarela.

Le triplicaba la edad.

Una nueva versión de Behind the Candelabra.

 Terry en el papel de Walter Liberace.

Únicamente faltó Steven Soderbergh, el autor de la idea fílmica.

—0—

Mientras hurgaba las entrañas del cadáver para observar las coloraciones y olfatear los riñones, hígado, intestinos y el estómago, Bernard Lorenz no pudo sustraerse a esa visión reveladora: la presencia del miembro masculino, flácido e inclinado sobre una de las piernas.

El olor a alcohol, emitido por la perforación del estómago, aportó ingredientes a su reflexión.

William Carter no había alcanzado los treinta años cuando fue asesinado.

De acuerdo al dossier, arribó a Canadá una década antes de su muerte. Lo hizo solo, sin la presencia de algún familiar o amigo.

Era originario de Puerto Príncipe.   Al demostrar los abusos recibidos por su condición de homosexual, obtuvo el refugio político.

En menos de seis años trabajó su cuerpo con hormonas, ejercicio y cirugías, hasta darle la apariencia femenina.

En diciembre le practicarían una vaginoplastía.

No lo logró.

Un asunto pasional truncó sus sueños de ser animadora de televisión, según comentó el policía que elaboró el reporte preliminar.

—0—

Testigos del bar Les Trois Sexes confirmaron que un hombre de “sesenta o setenta años y cabello muy blanco” discutió con “la chica negra”, veinte minutos antes de escucharse las detonaciones.

Le reclamaba haberlo visto con su hijo en un hotel céntrico y robarle dinero de su pensión.

 “Serian como las once y media de la noche del viernes” y unos cuarenta minutos después del crimen, la policía recibió, por teléfono, la denuncia anónima.

En el bar veían el programa Sábado Nocturno cuando ocurrieron los hechos.

Uno de los testigos dijo que recordaba bien la hora.

En esos instantes Eddy Murphy “contaba el chiste” de los tres veteranos de guerra que bebían cerveza y hablaban de la vida y los éxitos económicos de sus hijos. También de su apego a la amistad.

Los tres residían en Montreal.

Uno era vendedor de bienes y raíces y otro propietario de una agencia de autos. Los dos le regalaron un departamento y un automóvil Ferrari a un amigo en común.

El tercer amigo era un veterano de guerra: coronel con bigotes a la káiser Guillermo II.

Este, dijo sobre su vástago:

“Debo confesarles que  mi hijo es homosexual y no trabaja, pero tiene dos amantes: uno es vendedor de casas y le regaló un lujoso departamento de tres recámaras y el otro tiene una agencia de autos deportivos y le regaló un auto deportivo de un millón de dólares.”

—0—

Evelyn, aún con la masa encefálica de la haitiana en las manos, prorrumpió en una risa repetitiva y ruidosa e interrumpió los pensamientos del forense.

—¿Y ahora qué te pasa..?

—Lo de los fierros viejos… Ya lo entendí… y es cierto, las vacunas antitetánicas son una bendición para las jovencitas caza-abuelos

HEMEROTECA: Martinez Jose Luis – Hernan Cortes

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