MIEDO AL OLVIDO

Por Everardo Monroy Caracas

la langosta portadaAlzheimer: Trastorno neurológico progresivo caracterizado por la pérdida de la memoria, de la percepción y del sentido de la orientación, que se produce ordinariamente en la edad senil.

Real Academia Española

Pech fuera de circulación. La Langosta en riesgo.

Nadie sabe cuándo ocurrirá el inesperado desenlace.

No importa.

Brandon Dolan es el menos interesado en el asunto. El escocés no es un hombre de amigos.

—¿Me permite invitarle una cerveza? —ofrece al verme regresar de la toilette.

Los güeros y pecosos me provocan cierto rechazo. En Leamington tuve un capataz con esas características y fue demasiado injusto con los jornaleros.

Un compañero perdió la mano con una sierra y el hijo de puta lo dejó desangrarse antes de hablar al 911. Nunca indemnizaron al camarada. Fue deportado después de abandonar el hospital.

Cedi a la invitación.

A la gorra ni quien le corra, pensé.

En la mesa, muy cerca de la barra, Dolan me hace una confidencia.

—Estoy perdiendo la memoria y tengo sueños muy raros…

Optamos por hablar en castellano.

Dolan vivió varios años en Buenos Aires, donde trabajó de impresor. Es divorciado y padre de dos mujeres y un hombre. Ellos siguen radicando en Argentina con su madre.

—¿Y? —puse una cara de me vale madres.

Me extrañó su infidencia.

No soy afín a exponer mis taras o asuntos familiares con extraños. Menos en bares o puteros.

—Usted es una persona de edad, como yo, y me interesa saber si le ocurre lo mismo.

—Creo que algunos sueños son recurrentes —le confío. El pichel de cerveza me permitió intimidar un poco—. El exilio, la lejanía con los nuestros, abona esa sensación de ausencia…

—Yo me veo siempre en avenidas y carreteras sin recordar la dirección de mi domicilio… Camino y camino y me horroriza enfrentar el anochecer…

—Pero ¿Por qué cree usted que sea una pérdida de memoria?

—Me aterra padecer alzheimer, como le ocurrió en Edimburgo a mi abuelo materno.

—Acuda con un neurólogo…

—Lo hice… Mi cita será en tres meses… Dependo del Ministerio de Salud por falta de dinero.

En Quebec, por desgracia, es muy costoso contratar los servicios de un especialista. La Carte l’Assurance Maladie únicamente cubre la consulta. De ser necesario, el enfermo es canalizado al especialista y aguardar semanas o meses para ser atendido.

Las salas de urgencia de todos los hospitales públicos atienden a accidentados o enfermos de gravedad.

—Poco puedo aportarle, compañero —digo sin ánimo de escabullirme del asunto—. La visita con el neurólogo lo sacará de dudas…

—¿Puede confiarme usted algún sueño recurrente? Por favor…

Bien sûr que oui —asentí de inmediato—. Yo tambien me veo solo en las calles después de permanecer en algún internado, hostal o prisión. Lo interesante es que siempre convivo con amigos cercanos, no de ahora, sino de mi pasado de adolescente o de trabajo. Le confío que mis sueños son circulares, como si se tratara de un relato escrito o una película dramática. Cada historia tiene un principio y un fin. El problema es que al despertar, olvido la mayoría de los hechos ocurridos. Es muy extraño.

De improviso, el escocés abandona la mesa. Viviana se adelanta a su demanda. Dos picheles con cerveza oscura le son entregados. Lamenté haber intimidado con el escocés. Me sentí vulnerado.

—Me tranquiliza —dijo Dolan al entregarme la jarra de cerveza y apoltronarse en la silla de plástico—. Es usted la tercera persona que me cuenta sus sueños con historias parecidas. Puedo concluir que cada día abandonamos el espacio racional y nos acercamos al final…

Su conclusión me sacude. En algo estamos hermanados: la soledad, el exilio y nuestro apego a beber cerveza.

 El escenario cotidiano no cambia. La isla es la perfecta prisión que nos ata a nuestros miedos.

El escocés no tiene amigos de farra. Sus recurrentes visitas al bar de Pech así lo evidencian. Durante un par de horas liba cerveza, paga y retorna por donde llegó. Pasa desapercibido entre los parroquianos.

—¿Y su familia? —me aventuro a preguntarle.

Entonces me entero de su paso por Buenos Aires y su relación sentimental con una argentina. Nada que no hayamos experimentado los exiliados y parias del mundo.

—¿Usted se ha visto rodeado de los suyos en su etapa de anciano decrepito? —Dolan me lanza la pelota antes de rellenar su último tarro de cerveza.

—Me veo rodeado de enfermeras en un retiro de ancianos y frente a un enorme monitor pegado al muro… Me veo tranquilo y ansiosos de ver el final de una película actuada por Sean Connery… No le miento…

—Que extraño —remató el irlandés—,  mi paisano padece alzheimer.

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