LA CENA INCOMODA

Por J. JesúsEsquivel/Apro

gomez-amlo-kushnerEl presidente Andrés Manuel López Obrador quiso restarle importancia a la cena a la que acudió el martes 19 con el yerno de Donald Trump en la casa de Bernardo Gómez, vicepresidente de Televisa, refiriéndose a ella como un acto entre amigos para la “reconciliación nacional e histórica”; pero su propia vocería y una fuente del gobierno mexicano lo desmienten: durante el convivio –al que no fue invitada la embajadora de México en Estados Unidos– se trataron asuntos comerciales y “temas bilaterales delicados”.
WASHINGTON.- Fue Bernardo Gómez, vicepresidente ejecutivo de Televisa, y no el gobierno mexicano, el que organizó la reunión en su casa entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y Jared Kushner, asesor y yerno del mandatario estadunidense Donald Trump, según información dada a Proceso por una fuente gubernamental.
“Fue el ejecutivo de Televisa. Le avisó al presidente que lo esperaba en su casa para la cena con Kushner y que sería una plática informal para hablar de temas bilaterales delicados… López Obrador se dio cuenta de que el canciller, Marcelo Ebrard, no estaba enterado de nada y de último minuto lo llevó al encuentro”, dice el funcionario del gobierno de México, quien narró pormenores de la polémica cena a condición de no revelar su nombre, por temor a posibles represalias.
Gómez tiene una relación de amistad con Kushner e incluso ha sido su huésped en Estados Unidos. El 2 de marzo de 2018, por ejemplo, el Daily Mail publicó fotografías de quienes se reunieron un día antes en la casa del yerno de Trump. En las imágenes aparece el vicepresidente de Televisa, que en esa ocasión estuvo acompañado por Alfonso de Angoitia, copresidente de Grupo Televisa; por Haim Saban, dueño de Univision; y por Isaac Lee, exdirector de contenidos de ambas empresas.
Ebrard y Martha Bárcena, embajadora mexicana ante el gobierno de Trump, fueron excluidos de los preparativos de la cena del martes 19, en casa de un particular, para negociar asuntos sensibles de la relación México-Estados Unidos.
“A Ebrard se le avisó 90 minutos antes de que se llevara a cabo la cena. A la embajadora Bárcena ni siquiera se le avisó; ella se enteró cuando la vocería de la Presidencia dio a conocer que se realizó el encuentro entre el presidente y Kushner. Ambos lo van a negar, pero fue así, no lo sabían”, enfatiza la fuente.
Proceso buscó al canciller mexicano para corroborar si había sido informado de último minuto sobre la cena en casa del ejecutivo de Televisa. “El secretario sí tenía conocimiento con anticipación de la reunión del presidente con el señor Kushner. No le informaron 90 minutos antes de que ocurriera”, declara al corresponsal –vía telefónica– Roberto Velasco, vocero de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
–¿Por qué se hizo en la casa de un ejecutivo de Televisa?
–Se pensó de qué forma hacerlo en un ambiente amistoso y no en uno de visita oficial –responde Velasco.
El portavoz de Ebrard rechaza tajantemente y cataloga como mentira el rumor de que en la cena en casa de Gómez estuvo presente Luis Videgaray, amigo cercano de Kushner y canciller en el sexenio anterior.
“No supe que la reunión iba a ser ese día”, admite también en entrevista la embajadora Bárcena. “Tampoco pasa nada, las decisiones del presidente están por encima de cualquier otra decisión”, añade.
La embajadora explica que ella posiblemente no fue notificada de la reunión López Obrador-Kushner porque “venía de regreso” a Washington, luego de asistir en Phoenix a la conmemoración de los 60 años de la Comisión México-Arizona, de la que fue anfitrión el gobernador de la entidad, Doug Ducey.
No obstante, llama la atención que la embajadora no tuviera idea de la presencia en México del yerno de Trump, a quien el mandatario estadunidense le encargó el manejo de la relación con el gobierno mexicano; especialmente en temas comerciales y de migración, desde el sexenio de Peña Nieto.
“Con el asesor Kushner hablé por teléfono el miércoles y el jueves (13 y 14 de marzo) e incluso el fin de semana (antepasado)”, comenta Bárcena. “Estoy en constante comunicación con el Departamento de Estado y de manera muy constante con la Casa Blanca”, subraya la embajadora, a quien obviamente el yerno de Trump evitó revelarle su plan de verse con López Obrador en la casa de Gómez.
Desde que la vocería de la Presidencia de México dio a conocer la celebración de tal encuentro –mediante un escueto comunicado en el que informó que con Kushner se habló de planes de inversión de su país en el nuestro y del Tratado de Comercio México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC)–, López Obrador defiende y justifica que la cena se efectuara en la casa del ejecutivo de Televisa.
“Se hizo en una casa particular de un amigo en común porque se ajustó el horario. Él (Kushner) viajó de Estados Unidos sólo a este encuentro; tenía su agenda. Igual yo, tenía compromisos y se podía llevar a cabo esa reunión a esa hora, a las 8:00 de la noche. Estuvimos hasta las diez o diez y media. Ahora sí que muy tarde”, dijo López Obrador el jueves 21 en su conferencia mañanera.
Y etiquetó como “normal” que la cena con Kushner, para abordar asuntos de Estado, se hiciera en la casa de un empresario.
“Kushner le informó al presidente López Obrador que Trump quiere ver una mayor disposición del gobierno mexicano respecto al caso de los migrantes centroamericanos; que los retenga en México el tiempo que sea necesario y no se queden en Estados Unidos mientras se procesan sus peticiones de asilo… de quienes se las aceptaron”, informa la fuente gubernamental mexicana sobre los temas abordados en la residencia de Gómez y de los que no se informó a la prensa.
“El enviado de Trump le reiteró al presidente López Obrador que para la Casa Blanca, el asunto migratorio de los centroamericanos es crucial y condición para que se pueda ratificar el T-MEC”, añade la fuente.
Conflicto de interés
Kushner esta bajó la lupa del Congreso federal de Estados Unidos por el acceso que tiene a temas de seguridad nacional de alta sensibilidad, sin ser un integrante del gabinete presidencial confirmado por el Poder Legislativo.
Trump es quien le ha dado la autorización al esposo de su hija Ivanka para participar en reuniones en la Casa Blanca donde se discuten temas sensibles de seguridad nacional y política exterior.
Elijah Cummings, representante demócrata por Maryland y presidente del Comité de Supervisión Gubernamental de la Cámara de Representantes del Congreso federal estadunidense, el jueves 21 envió una carta a Pat Cipollone, asesor de asuntos jurídicos de la Casa Blanca, denunciando que Kushner y su esposa violan los reglamentos de seguridad nacional que rigen al Poder Ejecutivo.
El influyente legislador demócrata reveló que, de acuerdo con las investigaciones llevadas a cabo por el Comité a su cargo, Kushner y su esposa utilizan aplicaciones de comunicación como la red de WhatsApp, para manejar asuntos oficiales del gobierno federal y comunicarse con jefes de Estado y de gobierno de otros países.
En la carta, Cummings se queja de que la oficina de Trump obstruye la investigación del Capitolio para demostrar y exponer las violaciones a los reglamentos de seguridad cometidos por su yerno y su hija.
El pasado viernes Trump fue cuestionado por la prensa sobre esas supuestas violaciones. “No sé nada de eso; nunca he escuchado nada de eso”, reviró.
Los demócratas le pidieron a la Casa Blanca toda la documentación relacionada con las comunicaciones de Kushner e Ivanka para el manejo de temas de seguridad nacional y sobre el uso de sus aparatos personales de comunicación.
Siendo aspirante a la Presidencia, López Obrador y varios futuros integrantes de su gobierno y legisladores de Morena denunciaron la manera en que Videgaray personalizó el manejo de la relación con el gobierno de Trump. El excanciller mexicano, sin informar a la ciudadanía ni a la prensa, viajaba cada dos semanas a Washington para reunirse con Kushner en la Casa Blanca.
La cena de López Obrador con Kushner podría compararse en la forma y fondo con los encuentros personalizados que sostenía Videgaray con el yerno del presidente estadunidense.
El asesor de la Casa Blanca es oficialmente representante del presidente de Estados Unidos. Cualquier discusión con él tiene que ver con temas de Estado y de seguridad nacional.
En Estados Unidos el titular del Ejecutivo no podría tener en la casa de un empresario o particular, conversaciones oficiales con el representante de un gobierno extranjero; se corre el riesgo de que el anfitrión tome ventaja para beneficio personal o de su empresa de los temas sensibles abordados. Sería un asunto de conflicto de interés.
En la mañanera del jueves 21 se le insistió a López Obrador que explicara por qué el encuentro con Kushner fue en la casa del ejecutivo de la televisora más grande del país.
Sonriente y como en broma, López Obrador pidió a los medios que lo cuestionan por ello a que “no haya celos; me llevo bien con todos y tenemos que reconciliarnos. La cuarta transformación también implica la reconciliación nacional e histórica… no siempre el que ayuda lo hace por interés. Y ya, tan-tan”, remató.
El T-MEC
Cuestionada sobre la ratificación pendiente del T-MEC en los congresos de México y Estados Unidos y en el Parlamento de Canadá, la embajadora Bárcena expresó confianza en que se logrará.
Trump está ansioso de que el Capitolio ratifique el T-MEC sin modificaciones, porque le urge usar al compromiso comercial tripartita que él obligó a renegociar, como parte de su plataforma política, para la búsqueda de su reelección en 2020.
Por encima de los deseos de Trump, en el Capitolio los demócratas –que ahora son mayoría en la Cámara de Representantes– quieren enmendar el documento definido por los tres gobiernos norteamericanos para reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Particularmente quieren hacerle cambios a la reforma laboral establecida en el T-MEC y revisar aspectos del sector agrícola y de las reglas de origen.
“No se reabre la renegociación del T-MEC y menos la reforma laboral de largo alcance en el anexo 23A”, señala Bárcena respecto a la discusión del acuerdo en la reunión López Obrador-Kushner.
Cuando a la diplomática se le hace notar que el Congreso estadunidense tiene la prerrogativa y la facultad de hacerlo, recapacita y anota: “Algunos demócratas saben que en la reforma laboral hicimos un cambio de 180 grados… esperamos su comprensión en la reforma laboral”.
En la cena en casa del vicepresidente ejecutivo de Televisa también estuvo presente John Creamer, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en México.
Kushner es la mano derecha de su suegro para la relación con México; ni siquiera lo es Mike Pompeo, su secretario de Estado; y así ha sido desde que Peña Nieto era el presidente de México.
Coincidentemente, el lunes 18, día en que Bárcena estaba en Arizona, y 24 horas antes de la cena de López Obrador con Kushner, Trump mandó a la Cámara de Senadores del Congreso federal la postulación de Christopher Landau como su elegido para representar a su gobierno ante el de México.
Landau, nacido en 1963 en Madrid, es un abogado especializado en temas constitucionalistas y de apelaciones. El nominado de Trump es un completo desconocido en el ámbito político y diplomático de Washington; pero es conservador, milita en el Partido Republicano y es amigo de amigos del presidente de Estados Unidos.
El gobierno mexicano ya otorgó el beneplácito a la nominación de Landau, quien para asumir el puesto requiere de la aprobación, primero, del Comité de Relaciones Exteriores; y si la obtiene, necesita la ratificación del pleno de la Cámara de Senadores.
Según analistas políticos en Washington y a partir del hecho de que Kushner es el encargado de manejar la relación con México, Landau podría no tener problema en conseguir el beneplácito del Senado: sería elegido simplemente para llenar una vacante.
La titularidad de la embajada de Estados Unidos en México estaba vacía desde marzo del año pasado, cuando la entonces embajadora Roberta Jacobson –nombrada por Barack Obama– renunció, por no comulgar con las políticas de Trump. Su salida era cuestión de tiempo.
El año que le tomó a Trump escoger a una persona para nominarla como representante de su gobierno ante el de México, según los analistas, expone el poco interés que tiene en la relación bilateral.
México le interesa a Trump estrictamente para aspectos electorales, como fue su promesa de cambiar el TLCAN por el T-MEC, la de deportar a todos los inmigrantes indocumentados y construir un muro a lo largo de la frontera sur de su país.
La permanencia de Landau en la embajada en México dependerá estrictamente del futuro de Trump, que buscará reelegirse en 2020.
Por encima de esto, y mientras él siga siendo presidente de Estados Unidos, de la relación con México y con López Obrador no se encarga Pompeo. Sólo su yerno.

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