EL COBRO

sommus portada-Duerme cuatro horas continuas y evita despertar. Suficiente tiempo para construir una historia. No fuerces el sueño. Es inherente en la condición humana.

Los recién nacidos tienen pesadillas blancas. Los viejos, negras.

 Recuérdalo.

Las musas Urania y Polimnia tienen algo en común: ser hermanas de sangre onírica, y promotoras de la inspiración. Labran historias durante el sueño. Y ahí es donde nosotros interactuamos. Ponemos en sus manos un trozo de nuestro cerebro, relleno de células nerviosas.

Pero no perdamos el tiempo y vayamos al meollo del asunto.

Me llamo Patricio Cuevas Arriaga y soy reportero del diario Los Placeres de Juno. Duermo profundamente cuatro horas diarias.  Durante la noche recibo la visita de Urania y Polimnia, musas griegas e hijas de Zeus y Mnemósine.

He sido elegido para contar historias.

No intentaré explayarme. Simplemente verteré la sustancia argumental. Cada lector tendrá que sacar sus conclusiones o pasar la página.

Y como anotara Federico Campbell en Conversaciones con Escritores:

Una de las fascinaciones del periodismo —aparte de los viajes— es que a uno le cuentan historias y siente que vive otras vidas y otros tiempos.

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SUEÑO 1

EL COBRO

—Tiene que pagar ya, licenciado…

Los seis permanecen en un descanso de la escalera de concreto y cerámica marmolada. Dos adolescentes y sus padres escuchan temerosos al tipo patibulario de abrigo chaudron. Lo acompaña un joven musculoso, ataviado con jeans verdes, suéter rosa y lentes circulares a la John Lennon.

Tres escalones los separan.

—Imposible en estos momentos —acota el abogado, en traje inglés y calzado blanco de charol—. Le dije a Carmona que me diera dos semanas. No niego mi deuda…

—¿Por qué te cobran, Pepe? —pregunta la mujer en vestido de noche, blanco, como el calzado de su esposo.

—No te metas —ordena el abogado.

La discusión dura varios minutos.

El joven de lentes observa a la chica de minifalda y blusa dorada que no suelta su bolso y una rosa roja. Es delgada y de rostro oval y pálido. Su hermano la toma del antebrazo y es rechazado. Son mellizos.

El abogado ordena a su familia proseguir la marcha. El tipo rudo lo alcanza y retiene por un hombro. Es empujado con fuerza. Rueda veinte escalones y se estrella con la baranda de hierro. Queda inmóvil. Sangra de la cabeza y nariz.

—Corran —ordena el abogado.

Su esposa e hijos obedecen.

El joven de lentes a la Lennon enfrenta al abogado. Lo abraza de la cintura con fuerza. Es golpeado en el cráneo con un codo. Dolido y sin espejuelos el muchacho recula, pero alcanza a empujar a su adversario. Éste cae al vacío.

—¡Yo no debería estar aquí! —grita el joven, adolorido—. ¡Solo acompañaba a mi hermano!

La mujer horrorizada, saca la cabeza del barandal. Cuatro pisos abajo, su marido yace sin vida. Es un maniquí resquebrajado.

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