AGUAS NEGRAS

Por Everardo Monroy Caracas

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El reportero de nota roja es un suicida potencial.

Tiene dos sopas para elegir: plomo o plata.

Miente quien diga lo contrario.

Los policías y militares rasos actúan bajo un solo mando: capo u oficial burocrático.

El reportero de la fuente policiaca debe estar cerca del proveedor de información.

En mi caso, opté por la prudencia y el hacer una alianza de complicidad con dos jefes policiacos: un comandante de la Policía Judicial Federal y un agente judicial del estado.

El Diario, como negocio privado, exigía información oportuna y vendible; los colegas, honestidad y una talacha impecable.

Un juego perverso.

Las oficinas de prensa de las instituciones gubernamentales se alimentaban de reporteros  de periódicos y noticieros de radio y televisión.

La connivencia era constante y descarada.

Los dueños y editores de la mediática local y estatal negociaban millonarios contratos de publicidad con la presidencia de la república, el gobernador, los alcaldes y el congreso chihuahuense.

El Diario no era la excepción.

Por lo mismo, al ser notificado oficialmente de mi nueva encomienda reporteril, invité al Arre Machos a un bar de la calle 16 de septiembre.

El mismo sábado 29 de junio, después de escribir el reportaje sobre Samalayuca, busqué al Arre Machos en el cubículo de reporteros gráficos. En su automóvil, casi a la media noche, nos internamos al corazón de Ciudad Juárez.

En plena zona roja haría mi primera negociación para vencer futuros escollos reporteriles.

El lunes 1 de julio me estrenaría como reportero policiaco.

J te quiere reventar —me advirtió el Arre Machos—, al bato le caen mal los chilangos

Lo intuía.

Durante el reporteo en Samalayuca lo sentí demasiado obsequioso.

Incluso, me hizo un esbozo detallado de los problemas de inseguridad pública.

Los feminicidios y el entambe del químico, de origen egipcio, y la pandilla de los Rebeldes, eran parte de la descomposición social juarense.

—No me importa lo que J piense —corté por lo sano—. Mi prioridad es sacar adelante el jale. Mi único problema es el desplace por la ciudad y es ahí donde necesito tu apoyo…

J, N y V no quieren que te apoye, manito…—se sinceró.

La primera cubeta con seis cervezas metidas en hielo reposaba en nuestra mesa.

—No importa, hay maneras de coordinarnos… Yo te doy algo de dinero quincenalmente para la gasolina y te pago algunas cenas o caguamas…

Arre Machos cedió.

Nuestros encuentros se realizarían en lugares apartados de la sede del periódico. En la calle Fernando Montes de Oca, cerca del Hospital General.

El mismo sábado, El Diario publicó el reportaje relacionado al Valle de Juárez.

V lo intituló:

La Maldición Citadina/II

LAS AGUAS NEGRAS DE JUÁREZ

Los habitantes de Ciudad Juárez diariamente desechan 16 millones de litros de aguas grises, 400 mil kilos de heces fecales y 20 millones de contaminantes generados por las industrias, comercios, gasolineras, bares y restaurantes.

Otro tanto abonan las 540 colonias y fraccionamientos. El submundo del paraíso de la contaminación. En un día, los mil 800 kilómetros de colectores, subcolectores y descargas domiciliarias, arrastran diez y seis millones de litros de aguas grises de lluvias y uso humano.

Es un laboratorio de tóxicos, microbios letales y concentrados de tintes, ácidos y olores.

Botón de muestra:

Los cuatrocientos mil habitantes hacinados en 59 colonias populares —algunas sin agua potable—, arrojan sus desechos fecales en el Distrito de Riego del Valle de Juárez.

Es su respiradero, su cotidianidad,  su aparente tragedia.

En ese mar de contradicciones, de injusticia social, los únicos testigos silenciosos son los empleados de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS).

Un ejército de hombres uniformados sacan adelante su chamba en el drenaje: monitorean y analizan muestras de aguas negras. También drenan y reparan ese inmenso ramal de asbesto que circula, como una red de arterias humanas, bajo esta enorme ciudad fronteriza.

Sólo que —y es lo grave—, a la fecha, ninguna dependencia gubernamental controla o vigila el destino final que tienen las aguas negras del Valle de Juárez. En parte irrigan, junto a las de la Acequia Madre, veinticinco mil 456 hectáreas de tierras de cultivo y ganaderas.

—La única salida al grave problema —sugiere el coordinador del área de muestreo de la JMAS, Raúl Monárrez Fierro— es construir las dos plantas tratadoras de aguas residuales, como se tiene contemplado, pero cada una de ellas tiene un valor superior a los cincuenta mil millones de pesos y, al parecer, no hay dinero.

Y, por lo pronto, para tranquilidad de los accionistas de las cuatrocientas maquiladoras de la ciudad, no existe intención alguna del gobierno de sancionarlos o exigirles con dureza un mayor control de sus desechos residuales.

Monárrez Fierro, acompañado del coordinador de Control de Explosividad de la JMAS, Jorge López Muñoz, lo reconoce:

—Ninguna de las maquiladoras establecidas en Juárez cuenta con una planta tratadora de sus descargas residuales. Y considero que en 240 se procesan materiales tóxicos y por lo mismo es de suma prioridad que instalen una. Tengo entendido que hay pláticas con las autoridades municipales.

—¿Y qué tipo de tóxicos de mayor riesgo a la salud humana pueden generarse en algunas industrias? —cuestionamos.

—Tolueno, benceno y xileno. El primero es el que más presencia puede tener, al pertenecer al thinner…

López Muñoz interviene:

—Es importante aclarar que cualquier químico peligroso generado por alguna maquiladora, es detectado de antemano. Para ello ya se cuenta con dos máquinas especiales de automuestreo que en unos cuantos minutos nos permite tener un diagnóstico del contenido químico de las aguas residuales.

El director técnico del sistema operativo de la JMAS, Ranulfo Lemus Sánchez, afirma que en Juárez circulan mil 800 kilómetros de tubería en la red de drenaje. En ellos se conectan 187 mil 388 descargas domiciliarias y faltan por hacerlo 26 mil 262, al carecer del servicio.

Subraya:

—Tenemos en la ciudad, 213 mil 630 tomas de agua potable. De acuerdo a las descargas domiciliarias de aguas residuales que existen, detectamos que cerca de 27 mil familias carecen del servicio.

Sin embargo, como lo evidenció el vocero oficial del ayuntamiento juarense, Juan Manuel Monroy del Río, un diez por ciento de las colonias y fraccionamientos carece de drenaje. Significa que, de 599 registradas por la Dirección de Policía, 59 tienen que defecar al aire libre o en letrinas.

Y dentro de ese universo de marginados, un 40 por ciento no tiene una red de distribución de agua potable.

La representante de la Comisión Independiente de Derechos Humanos, Judith Galarza, no duda en afirmar:

—Cuatrocientas mil personas, entre niños y adultos, son víctimas, no sólo de su pobreza o falta de oportunidades, sino de la contaminación del medio ambiente a consecuencia de la pulverización de sus propias heces fecales. Toda esa falta de atención gubernamental va en detrimento a su salud y a su derecho.

Según el sistema operativo de la JMAS, las aguas negras se descargan en los colectores y concluyen en 135 kilómetros de drenajes. Han sido clasificadas en dos grandes familias: la residual orgánica y la residual inorgánica. La primera se compone de heces fecales y aguas grises de sanitarios, cocinas y lluvia. Las segunda, expulsada por 400 industrias, 906 talleres mecánicos, 693 restaurantes, 65 expendios de gasolina y 37 lavadoras de autos.

Los 16 colectores que corren por la ciudad y llegan a la zona sur, tienen mayor supervisión por la  JMAS.

Monárrez Fierro afirma que actúan bajo la solicitud del departamento de normatividad de la dependencia y a petición de algún particular o propietario de alguna industria o comercio, de sospechar un mal manejo de sus desechos.

Existen 38 puntos de muestreo en la ciudad. La mayor parte se encuentra en los colectores de las avenidas Vicente Guerrero, Tomás Fernández, Ejército Nacional, Panamericana, Hermanos Escobar, Tlaxcala, Jarudo 1, Jarudo 2 y Río Bravo.

En caso de solicitarlo los empresarios, dos veces por semana se practican muestreos en los parques industriales del Aeropuerto, Juárez, Puente, Magnaplex, Las Aztecas, Gema I y II, Bermúdez, Omega, Fernández, Zaragoza y Panamericana.

Sin embargo —como lo reconoce personal del área de muestreo—, hay maquiladoras olvidadas por la dependencia: En el norte del parque Altavista y avenida Jilotepec y al poniente de la colonia Satélite, en el cruce de la avenida de las Torres y boulevard Zaragoza.

Lo mismo ocurre en algunos corredores urbanos del boulevard Oscar Flores y las avenidas Tecnológico, Aztecas, Insurgentes, De la Raza, Adolfo López Mateos y una parte de la Waterfill.

De los 20 millones de litros de aguas residuales que arrojan diariamente las industrias maquiladoras, gasolineras, talleres mecánicos y restaurantes, empleados de la JMAS han detectado residuos tóxicos de alta peligrosidad que terminan en los campos agrícolas del Valle de Juárez.

Incluso, predomina un absoluto hermetismo en el manejo de las 36 muestras que mensualmente se analizan. En ningún momento la JMAS revela su procedencia.

—Es una de las reglas y las acatamos —aclara una de las laboratoristas.

Un promedio de novecientos parámetros se obtienen de las 36 muestras y con el mismo hermetismo como las reciben, las entregan. Sin emitir alguna opinión o recomendación.

El Diario logró obtener una lista de tóxicos y metales analizados durante un día por los laboratoristas de la JMAS.  En esta ocasión, las aguas residuales expulsadas por las maquiladoras y otras empresas en Ciudad Juárez, emitieron grandes cantidades de aluminio, cadmio, cianuro, cobre, cromo hexavalum, fluoruros, mercurio, níquel, plata, plomo, zinc, fenoles y sustancias activadas al azul de metileno.

Las muestras se exponen a grandes temperaturas y con reactivos logran extraer las sustancias químicas dañinas.

El artículo 031 de la Norma Oficial para el manejo de desechos industriales especifica la cantidad de metales o tóxicos pueden mezclarse en las aguas residuales.

—Con los desechos humanos no tenemos problemas —aclara la laboratorista—. Por el contrario, los agricultores lo ven como algo benéfico.

Ejemplifica:

—Cada juarense expulsa medio kilo de heces fecales diarios y doscientos litros por aseo personal y limpieza de ropa y utensilios de cocina. Significa que en un día, 400 mil kilos de heces llegan a los colectores y diez y seis millones de litros de aguas grises en el segundo grupo.

En el Plan Director de Desarrollo Urbano municipal, las aguas negras que corren en colectores y drenes no son una prioridad. Simplemente evidencian esa realidad y la revelan en unas cuantas líneas de la página 57 del documento.

Se lee:

—El drenaje que existe sólo es para aguas negras; aunque en muchos casos se mezcla. No existe un sistema particular para aguas pluviales. Las aguas negras descargan por gravedad en las áreas a cielo abierto (en el Oriente de la ciudad) y posteriormente se conducen al Valle de Juárez para riego de la zona agrícola.

“Según informe de la Junta Municipal de Agua, la cobertura del servicio de alcantarillado es de 88.27%. Sin embargo, la zona del extremo Poniente, por su difícil topografía no puede ser integrada al sistema de drenaje sin incurrir a altos costos.”

Así están las cosas en Ciudad Juárez.

HEMEROTECA: tvnotas-16-4-19

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