LA RESACA

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Sin darme cuenta, la edad empezó a comerme el alma.

Desperté sin recordar a cabalidad lo ocurrido un día antes.

Víctima de la resaca y angustia, de la indiferencia y tristeza.

E incluso, de la pérdida del tiempo y espacio.

El Ronco Rentería, a pesar de ser un cincuentón, no dejó de verter su maldito veneno en los lugares que pisaba. Su instinto homicida era latente e intentaba domesticarlo para no perder su libertad y territorio ganado.

Durante sus tiempos de sicario entarifado asesinó y torturó a cientos de guerrilleros e indígenas salvadoreños. Aun así, dormía placenteramente, en absoluta libertad.

Gozaba contar historias de su paso por Comalapa, al norte de El Salvador, donde, en su papel de paramilitar, ejecutaba y tejía collares con las orejas de sus víctimas.

Lo repetía en francés y castellano ante Guito Baldan, que nos recibió en el departamento con una botella de ron jamaiquino  y coca colas.

El guanaco dijo haberse inspirado en la película El Soldado universal.

El sueco Dolph Lundgren, en su papel de ex combatiente de la guerra de Vietnam, ejecutaba a sus adversarios y los desorejaba.

—Teníamos que generar terror a esos hijo e putas para que no colaboraban con los comunistas del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional…

Nada de lo que dijo me conmovió.

En Guatemala enfrentamos la misma mierda.

Al final de la guerra, la oligarquía criolla y las trasnacionales fueron las beneficiadas.

El saldo, consignado por una Comisión de la verdad, escandalizó al mundo y hasta ahí: De 1978 a 1992, los militares y paramilitares y la guerrilla salvadoreña, asesinaron a ochenta mil hombres y mujeres de todas las edades. En el caso de mi país, no menos de cien mil.

Sin embargo, la violencia y el hambre continuaron.

Los burócratas, impuestos por el Pentágono, no cesaron de robar y asesinar como antaño.

El Ronco Rentería y Richard Narguiles, criminales de guerra confesos, fueron admitidos en Canadá como asilados políticos.

El afeminado italiano tuvo que serle infiel a su mentor: el catedrático filipino. Lo hizo para pagar sus adeudos de cocaína.

En el trato de arrendamiento se incluyó el primer mes de renta de la habitación que yo ocuparía.

El Ronco Rentería estrenó mi cama, mientras los aguardé en la cocina, con media botella de ron y dos coca colas en la mesa.

El soponcio hizo su faena. Terminé despatarrado en un sucio sillón.  Me soñé apuñalado, sin orejas, mientras la puta de Melania hacia un ménage à trois con el Ronco y el hueco italiano.

En ese estado deplorable, metido en mi ropón de despatriado, no pude sustraerme y recordar unos versos de la gaditana y chapina Josefa García Granados. Versos asimilados durante mi juventud en un aula escolar de Coatepeque:

Mortales: fornicad, joded sin pena,

que la salud sin esto nunca es buena.

Joded por la mañana y por la tarde

y de solo joder haced alarde…

HEMEROTECA: Nuestra America – Felipe FernandezArmesto

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