EL HORROR

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El horror. Difícil soportarlo.

Un montón de cadáveres, en completo estado de putrefacción flotaba en el fondo del pozo artesiano.

Alberto N y Filiberto Cano separaron la tapa metálica del agujero y nos cubrimos la nariz al recibir el ramalazo tóxico de la muerte.

 —El mal olor de un cuerpo humano en descomposición supera al de cualquier bestia, es único e insoportable —me dijo un médico forense de Cuernavaca.

Y ahora lo confirmaba.

El policía judicial nos señaló otros tres pozos, invadidos por osamentas humanas, calzado y ropa.

En el fraccionamiento Copacabana estaban inhabitadas cincuenta y cinco residencias, de ciento cinco.

—Aquí es donde traen a los detenidos y los torturan  —dijo Alberto N.

Nos señaló la casa de un nivel, semidestruída por la falta de mantenimiento.

Filiberto Cano no pudo contener el llanto. Rápidamente nos dio la espalda para aligerar sus emociones.

—¿Desde cuándo comenzó esta tragedia? —inquirí.

—Van para dos años y los vecinos tienen miedo. Algunas familias prefieren dejar los fraccionamientos y radicar en otras colonias de Acapulco. Abrir la boca te puede costar la vida, porque en las ejecuciones están involucrados guachos y policías judiciales y de la Montada. Es mejor callar.

Por el momento decidí no contactar a los vecinos de los fraccionamientos Granjas del Marqués y Copacabana.

Necesitaba hablar con don Enrique Maza. Después de las diez de la mañana acudía a las oficinas del semanario Proceso.

—Le sugiero no decirle nada a otros periodistas, porque la mayoría le trabaja a la Secretaría de Gobernación o al gobernador Rubén Figueroa —me advirtió el policía judicial.

En el automóvil de Filiberto Cano, quien iba al volante, circulábamos por la avenida Costera Miguel Alemán.

—Por favor, Alberto  —pidió Filiberto Cano—, dile lo que sabes de mi yerno.

—Lo detuvieron al salir de su trabajo, por la terminal de la Estrella Blanca, y lo llevaron a la casa que les señalé. Eso me lo dijo uno de los compañeros que participó en la detención, pero me aseguró que no quiso involucrarse en la tortura.

—¿Lo asesinaron?

—No me pudo dar razón, porque en algunas ocasiones, cuando no son guerrilleros o secuestradores, los dejan vivos para poder extorsionar a sus familiares.

—Mi yerno no es ninguna de las dos cosas, sino un empleado de oficina y un buen padre y esposo…

Un escalofrió recorrió mi espina dorsal.

Nos despedimos en las puertas del periódico Revolución. Temí por mi seguridad.

Sin embargo, me indignó comprobar que el gobierno federal alentaba las ejecuciones extrajudiciales.

También, Rubén Figueroa, en su afán de vengar la humillación infringida por Lucio Cabañas, alentó el exterminio del Partido de los Pobres y de su brazo armado.

En su cruzada anticomunista contaba con el apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional.

En un teléfono público busqué al sacerdote y periodista Enrique Maza. No me hizo esperar. De inmediato enlazó.

Le confirmé del hallazgo.

Su apoyo fue absoluto.

En mi diario personal quedó registrada la llamada telefónica: miércoles 8 de octubre de 1980.

—No se preocupe —dijo don Enrique—, voy a proponerle al director general (Julio Scherer García) que envíe un reportero para que lo apoye…

Y cumplió su compromiso.

El jueves 9, por la tarde, en el hotel Princess Acapulco me reuní con el enviado de la revista Proceso: Juan Antonio Zúñiga.

El periodista era de baja estatura, lentes bifocales, grueso bigote y una seriedad extrema.

En su habitación del hotel, lo puse al tanto de lo que ocurría.

Juan Antonio decidió iniciar la investigación al día siguiente.

Después de desayunar, en su automóvil nos internamos al fraccionamiento Copacabana, cercano al hotel Princess Acapulco.

La experiencia investigadora de Zúñiga permitió que nuestras entrevistas tuvieran mayor contundencia reporteril. Los vecinos confiaban al contactar con nosotros.

Y efectivamente, los fines de semana, los vehículos y camionetas con vidrios polarizados arribaban al fraccionamiento. Lo mismo ocurría en Granjas del Marqués.

Por las noches, los colonos escuchaban gritos desgarradores, música en alto volumen y detonaciones.

En el fraccionamiento Granjas del Marqués, la flora silvestre cubría la mayoría de las viviendas deshabitadas.

En doce de los treinta pozos artesianos, visualizamos rastros de cadáveres.

Y además, comprobamos que dos meses atrás, a mediados de agosto, El Sol de Acapulco publicó una nota en la sección policíaca, con la versión un vecino que denunciaba la presencia de osamentas humanas en uno de los pozos.

La Procuraduría General de Justicia del Estado envió sus peritos para hacer el levantamiento de las osamentas.

Lo hicieron soterradamente para evitar que el horror trascendiera.

—Hace como tres semanas vinieron los bomberos y sellaron algunos pozos, pero no supimos si se investigarían esos crímenes —confirmó un cuidandero del fraccionamiento Granjas del Marqués.

El jefe de peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Guerrero, Miguel Catalán Sánchez había elaborado un reporte de sus hallazgos en el fraccionamiento Copacabana.

Tras entregarlo a su jefe inmediato, le ordenaron al secretario de la Tercera Delegación del Ministerio Público, Manuel Rivera, abrir una averiguación y recuperar los cadáveres. Algunos pozos fueron sellados.

Nada más.

Un agente judicial apoyó en la investigación periodística.

Zúñiga tuvo acceso a la averiguación AP-III-642-80 donde se confirmaba que bomberos y personal forense acudieron a los fraccionamientos. En algunos pozos artesianos descubrieron 40 osamentas humanas y ropa femenina y masculina.

El propietario del periódico Revolución, don pedro Huerta, fue presionado para que se deslindara de la investigación periodística de mi autoría.

Don Pedro optó por  despedirme y evitar represalias.

Nunca cuestioné su proceder.

El reportaje se publicó el 13 de octubre de 1980, en la revista Proceso, número 206.

[ link para leer el reportaje: https://www.proceso.com.mx/129598/cementerio-clandestino-a-la-puerta-de-acapulco%5D

El 24 de octubre, dos policías judiciales me detuvieron e internaron en la cárcel municipal de Acapulco. Tres internos me golpearon hasta perder el conocimiento.

En el momento de ser privado de mi libertad iba acompañado de un médico militar y su esposa. El hecho permitió que sobreviviera.

Tal vez hubiese terminado en uno de los pozos artesianos de los fraccionamientos Copacabana y Granjas del Marqués.

Proceso denunció lo ocurrido.

La nota, redactada por el reportero Miguel Cepeda, apareció el 3 de noviembre de 1980.

AGRESIONES DE LA JUDICIAL DE ACAPULCO A DOS ACTORES DE UN REPORTAJE DE PROCESO

 ACAPULCO, GRO.- Agentes de la policía judicial del estado detuvieron aquí al corresponsal de Proceso, Everardo Monroy Caracas, a quien golpearon, le fracturaron varias costillas y lo hirieron en la cabeza.

A raíz del reportaje “Cuerpos y ropa irrescatables en Granjas del Marqués” (Proceso No. 206, 13 de octubre), elaborado en coordinación con otro reportero de esta revista, Monroy Caracas fue detenido violentamente el 24 de octubre a las 12:40 de la noche, en compañía de un matrimonio, por dos agentes judiciales.

Tres horas más tarde, ese mismo día, fue cateada –sin orden judicial– la casa de Andrés Nájera, dirigente del Frente Estatal Contra la Represión, quien fue uno de los principales voceros del reportaje.

Nájera no se encontraba en ese momento, pero, los judiciales secuestraron a su hermana Edminda Nájera.

Monroy acompañaba al doctor Pablo Rincón Adams y a su esposa, doctora Lucero Jiménez, quienes transitaban en un auto Gremlin por la calzada Pie de la Cuesta.

Momentos antes de librar un bache, un auto Rambler rojo, sin placas, que venía a alta velocidad, les dio alcance. Dos agentes judiciales descendieron del coche, golpearon al doctor Rincón Adams y detuvieron a los tres.

De ahí los trasladaron a la cárcel municipal, donde liberaron primero a la doctora Jiménez y dos horas más tarde a su esposo, médico militar de la Armada mexicana.  Monroy Caracas quedó detenido; cerca de las cinco de la mañana de ese día el periodista, recluido en la celda de homicidas, fue golpeado, resultando con fractura de varias costillas y una herida en la cabeza. Salió hasta las nueve de la mañana. Dos horas más tarde, fue liberada Edminda Nájera, tras de una manifestación de protesta de alrededor de 4,000 personas  —estudiantes y sectores populares— en Chilpancingo.

En el reportaje en cuestión, el Frente Estatal contra la Represión había denunciado que en Granjas de Marqués, había restos de cadáveres, presumiblemente de algunos de los 348 desaparecidos políticos que hay en Guerrero.

 El Frente Nacional contra la Represión consignó las detenciones arbitrarias y levantó una demanda en la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales de la Secretaría de Gobernación, el 25 de octubre, y la dio a conocer a Amnistía Internacional, en Londres. Rosario Ibarra de Piedra, dirigente de este organismo, dijo que hay orden de aprehensión contra Nájera y Efraín Bermúdez, otro miembro del Comité Estatal contra la Represión, y vocero en el reportaje, “pero el procurador de Guerrero negó este hecho”.

En la Procuraduría de Justicia del estado no se han investigado ni esclarecido estos acontecimientos.

(https://www.proceso.com.mx/129745/agresiones-de-la-judicial-de-acapulco-a-dos-actores-de-un-reportaje-de-proceso)

HEMEROTECA: pro2219

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