NI RASTRO… (Caps. 5-6)

florentine_Fotor5

Florentine Dugès despertó en una cama, la del departamento 6 de la calle Bélanger.

Las cortinas aguamarinas continuaban corridas y el televisor encendido, como ocurría cada noche antes de dormir.

 Mayo había concluido.

El desmadre del parque La Grand Amie dejó de tener sentido en esos instantes.

Los recuerdos nada le decían. Todo era confuso.

En el buró se encontraban un vaso de agua y el teléfono de mesa.

Un reflujo acido la obligó a reclinarse y descansar su cabeza en la almohada.

De inmediato bajó la mirada y descubrió una cordillera de tela con manchones rosados. Fue entonces que tomó consciencia del lugar. Era su recámara. En ella dormía al retornar del trabajo o la universidad.

Le llamó la atención el volumen y la altura de una de las colinas de tela. No se sorprendió. Sabia del embarazo.

Giró la cabeza de derecha e izquierda. Estaba sola. Ni un rastro de Garance o de su antigua celda.

Florentine hizo un gran esfuerzo para alcanzar el teléfono. La torpeza de sus movimientos provocó la caída del vaso.

El miedo estaba latente.

Logró atrapar el auricular y presionar tres botones.

En breves segundos obtuvo respuesta.

Una voz femenina preguntó por la causa de su llamada.

—Soy Florentine Dugès, la persona que fue secuestrada…

—0—

6

El parto no tuvo complicaciones.

Florentine, en el lecho de un blanco impecable, recibió al bebé envuelto en un delgado cobertor azul cielo. No pudo contener el llanto, en el instante de acercarlo a su seno.

—Nació muy sano, será un niño muy fuerte y guapo, felicidades —dijo la enfermera de cara pálida y sonrisa reluciente.

—Gracias —alcanzó a balbucir.

Su hijo empezó a succionarle el pezón.

Florentine lo observó y recordó el rostro de Garance, desencajado y con una barba larga, sucia y desordenada.

La policía nada sabía de Raynald. El estudiante de medicina fue boletinado. Era el principal sospechoso del secuestro de la modelo.

Por ser de origen inglés, el gobierno canadiense solicitó el apoyo de la Interpol.

En el expediente, abierto por la desaparición de la joven, aparecía el nombre de otra posible víctima: Garance Cávalos, de aproximadamente sesenta o setenta años.

El anciano seguía desaparecido.

No existían datos oficiales de su presencia en Canadá. Únicamente un retrato hablado, elaborado con ayuda de la joven, pudo visibilizarlo en territorio montrealense.

—Es posible que el secuestrador lo haya asesinado para evitar testigos  —dedujo el agente responsable de la investigación—. Es una hipótesis creíble, porque el criminal es parte del mercado ilegal de la pornografía. Los enfermos pululan y llegan a comprar películas bajo demanda de ancianos teniendo sexo con jovencitas o menores de edad. Y eso es lo menos grave…

Florentine tuvo que ceder y aceptar la hipótesis.

Todo era posible en una sociedad-mercancía. Raynald Gellar pudo estar relacionado con las mafias responsables del tráfico de blancas y la pornografía.

La policía así lo concluyó, antes de ser remitida Florentine al hospital de maternidad en una ambulancia.

La policía canadiense difícilmente se equivoca, pensó.

—Madame Dugès, es usted una afortunada al salir ilesa… —exclamó la trabajadora social durante el trayecto—. Posiblemente el embarazo impidió que el secuestrador tomara una decisión equivocada…

En esos instantes, Florentine solo tenía en mente la imagen del viejo, el padre del ser humano que llevaba en sus entrañas.

HEMEROTECA: Picasso – Ernesto Ballesteros Arranz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s