LAS CROQUETAS

goteo portada—Fiche-moi la paix! J’en ai par-dessus la tête, de votre roman!

Emilie Zola

Pocas veces te das cuenta de lo que pagas en el supermercado. Lo haces mecánicamente. Eres el responsable de llevar los alimentos al único lugar donde puedes comunicarte y dormir sin exabruptos.

De no ser por el televisor, Internet y tu fijación de leer lo que caiga en tus manos, terminarías enclaustrado en la biblioteca pública de Saint Michel o en cualquier bar del barrio.

Debes cuidar a tus gatos y la olla exprés donde coces los frijoles que tanto consumes, por su bajo costo.

Tu  pasado sigue presente. Has convertido tu recámara en una celda.

Es imposible sustraerte a tu manera peculiar de matar el tiempo antes de estirar la pata.

—¿Por qué no te compras una cama matrimonial para estar más cómodo? —pregunta Vica, la misma mulata que contratas para sentirte vivo.

Lo haces una vez al mes.

Callas. Prefieres lamer su ombligo saltón y toquetearle los senos, algo turgentes.

Hurgas en el platón de los gatos y te llenas la boca de pececitos de harina.

Masticas con fruición. Tu adicción a las croquetas para mininos no te hace distinto a tus antiguos vecinos venezolanos.

La Cuarta Republica hizo tal milagro.

En Caracas, las croquetas fueron el alimento preferido de la parroquia.

Es lunes. Un día sin altibajos.

Dormiste descobijado. El domingo decidiste meter en una bolsa negra las dos cobijas que, el año pasado, adquiriste en la Armée Du Salut de Saint-Huber.

Vica las lavó en la buanderie de su edificio, antes de darles su sepultura temporal.

Los gatos bengalas, negros como tu sueño alcoholizado, te observan con una estúpida curiosidad.

Las tres novelas de Emilie Zola, en su lengua de origen, reposan al pie de la cama. Nana, Pot-Bouille y Une page d’amour tendrán que aguardar.

En esta ocasión, prefieres atender a tu invitada.

A Vica le has pedido guardar silencio y no mirar el reloj despertador.

Le ofreciste un plato de birria de pollo y un cuenco de arroz blanco sin sal.

En la licuadora moliste, con un poco de agua, los chiles guajillo, anchos y de árbol. Después, en la misma mezcla remoliste jitomate, cebolla, clavos, dientes de ajo, orégano, hojas de laurel, comino, sal y paprika. Durante el primer hervor, metiste en la cacerola unas ramitas de cilantro y epazote.

En cuarenta y cinco minutos el guiso quedó en su punto. YouTube te ha convertido en un auténtico cocinero de pacotilla.

Vica sabe agradecer el esfuerzo. Disfruta de tus habilidades culinarias.

Desde marzo, por iniciativa propia, ella decidió lavarte la ropa y limpiar el departamento.

Mientras se desplaza desnuda a lo largo y ancho del inmueble, los dos gatos dejan de ser los principales protagonistas de tu atención.

Vica te alertó sobre una falla, desfavorable a tus finanzas, en el comprobante de pago del supermercado.

No es la primera vez que te ocurre. Ni modo. El ron te tiene embotado.

Vica es brasileña y mesera de un bar de Hochelaga. El dinero que recibe por los acostones debe enviarlo a su madre, radicada en Rio de Janeiro. Es muy pobre, de la favela de Vidigal.

Vica teme ser deportada.

Mientras escuchas su respiración entrecortada, echada en la cama, repelas al darte cuenta que has dejado sin croquetas a tus gatos…

HEMEROTECA: PRO222

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s