MAL DE AMORES

V

EL FUEGOTerminé de dibujar a las tres de la mañana. La añoranza apenas me permitió corregir lo avanzado. Mi acercamiento con Alma Luna se convirtió en algo premonitorio. No es una mujer que viva en paz interior. Se quema por dentro.

La noche es el infierno de su sensualidad sin ataduras.

Las chicharras y los sapos arrullaron las estrellas. Los manzanos perfumaron la cabaña y el frío dejó de sentirse. El pueblo está en paz. Sobre el lomerío se observan las construcciones con sus traspatios.

Los gallos anuncian el alba.

Es sábado y los indígenas otomíes inician el descenso de la cumbre. Se desprenden en fila india por las barrancas y confluyen en el camino real que conduce a la cabecera.

Huayacocotla es el centro comercial y religioso de la región. Aquí aún se practica el trueque.

Mañana será un día de plaza.

Dormí tres horas. Me levanté a las seis y media de la mañana. La imagen de la nayarita es una marca de sal viva. Me siento como un toro herrado.

Mientras me baño, Alma Luna sigue presente.

¿Sentirá ella lo mismo?

—Los viernes me deprimen —comentaba.

Las ausencias se vuelven un asunto pernicioso en la relación de dos. Alma Luna socializa con facilidad.

Es una dama de garbo. Su sola presencia permite reafirmar su ego en ojos ajenos.

Es una coqueta natural.

Me excito al evocarla.

Hace tres noches eyaculé dormido.

Mientras me preparo una taza de café con anís escucho a Bizet.

Fernando dejó una bolsa de café de Cordoba en la mesa.

—En el diván hay una cafetera eléctrica, úsala —me dijo.

Tengo el apoyo del clan. Durante diez años estuve ausente de Huaya.

Lola, mi madrastra, al morir vertió comentarios favorables de mi persona. Lola sustituyó a mi madre durante la primera etapa de mi vida.

La falta de televisor es un estímulo maravilloso para pintar.

La disciplina es el mejor remedio para confundir las añoranzas.

Pienso:

Un poco de ejercicio no me caería mal.

En Huayacocotla existe un gimnasio mal equipado. Es un punto de reunión de algunos aspirantes a brasero.

En el mismo viejo inmueble se encuentra el verdadero y único centro de recreación del pueblo: el billar-bar de Chava Monroy.

Juan Eloy Serrano ha sido insistente:

—Has bola, en el billar sacas las penas y el cochambre del ocio…

—La pasión es lo mejor para adelgazar…—digo y agradezco la invitación.

Por el momento, prefiero vivir en el hábitat de los nostálgicos.

Pintar es la mejor terapia para exorcizar a mis demonios.

Alma Luna me ha convertido en un estigmatizado. Sangro por todos los poros. Sin embargo, da motivos, esencia y creencia a mi trabajo.

Es un mal que no puede durar muchos años. Por el momento, el mal de amores colorea los interiores de una ansiedad enfermiza.

El final siempre será de película.

Un reencuentro feliz y el posicionamiento de una pareja que merece lo mejor.

Ni Alma Luna ni yo tenemos derecho a lacerarnos. Indiscutiblemente hay amor y deseo.

—Los viernes me deprimen —sus palabras enllagan.

Todos los fines de semana trabaja en centros nocturnos.

La adrenalina del baile le adelgazó las pantaletas y ensoberbeció sus pretensiones de diva. Vive en un permanente orgasmo. Únicamente el amor de los suyos la anclaron a la realidad de sus actos. Fue inmune a los enervantes y el alcohol. El útero la esclavizó a la rebelión colérica de los espermatozoides.

Su vida es una novela.

Al retornar de Tulancingo, menos agraviado por la tos, no paré de dibujar. Me animan las historietas que dibujo en mis ratos de descanso.

Peter Reyes es un chiquillo inteligente, ajeno a las hecatombes funestas de los adultos. Tiene mucho de Penélope, mi hija.

La inocencia es un cometa sin dueño. Alma Luna ha marcado el carácter de Peter, pero requiere imaginar, no ceñir al mundo a los miedos del Paraíso o el Infierno.

Mañana pescaré truchas con la familia.

Orlando y mi padre encabezarán la comitiva.

La Quinta de Chapultepec es de los Monroy. Son más de treinta hectáreas con lomas, huertos y bosque. Al fondo de la pendiente corre un río de aguas revueltas. En una de las caídas se forma un estanque. Ahí pescaremos y asaremos truchas.

Ansío la presencia de la nayarita. Me lastima su ausencia. En cuatro años aprendí a sobrellevar su mal carácter y su sexualidad desmedida.

Los engaños deslavan el minutero de la desesperanza.

El reloj de la vida está llegando a su fin.

Es el momento de hacer un alto y protegernos del mal tiempo. Intentaré convencerla. Ya no más ausencias, ya no más separaciones.

El sol de las nueve de la mañana es insípido. Mancha de amarillo la cabaña y el huerto, pero no calienta. En esta ocasión, la niebla prefirió ocultarse. Desde la ventana diviso el llano grande y la escuela primaria. No hay movimiento humano. Sólo humedad y luz. He querido hablarle por teléfono a Alma Luna, pero no tengo su número de Montreal. El perdón tarda en llegar. No importa. Depende de mí demostrar que ella es el centro de mis actos.

La encomienda del gobernador de Nayarit es la llave de mi independencia económica. De ser posible, en los próximos dos años me asiento en el estado.

Nada es inalcanzable.

Fernando es el mayor del clan y me ha dado su respaldo.

—Tienes toda nuestra solidaridad para que saques adelante tu trabajo. Dispón del rancho. Es más, tráete a tu mujer…

—Primero deja que cicatricen las lesiones…

—Échale ganas… Ahí está el secreto de todo… Los amores de dos, son los reencuentros de siempre. No dudes de ella. Si es artista como dices y de tu edad, siempre buscará lo mejor. Ahorita me imagino la morra está decepcionada.

Lo escuché con atención.

El caso de Arnoldo los ha convertido en una especie de terapista para enamorados con ventoleras en el corazón. Arnoldo vive en España. No supera los dolores de su desencuentro amoroso. La esposa lo abandonó y terminó en brazos de un italiano. Es nuestro hermano menor y trabaja en un centro comercial de Tarragona, en el mediterráneo.

¿Por qué Alma Luna no entiende que fue ella quien se alejó primero de la pareja?

En el momento que decidió partir a Canadá y dejarme en aquel claustro alfombrado, tenía que optar por una redención obligada.

Estoy consciente que faltaron argumentos para enfrentar mis futuras determinaciones. En verdad estaba confundido. Jamás decidí el divorcio o la infidelidad, simplemente opté por tener mi propio espacio y continuar con el trabajo creativo: peculio mutuo, de dos.

La composición de George Bizet, Carmen, trepa con sus arpegios por los muros de madera. Me estimula a reanudar el trabajo. Por las tardes, tras regresar de Tulancingo, sigo con la chamba del Memorial.

La madrugada se presta para sacar los efluvios de la imaginación.

Me distraído con los cuentos infantiles. Permiten aportarle cosas extraordinarias a los niños. Pinto el mundo que me gustaría heredarles.

Alma Luna no tiene idea de la palabra Gracias que escribió en el correo electrónico. Un poco de ungüento para los dolores del alma.

Lo hizo al recibir la primera historieta que le dibujé a Peter.

En diez minutos nuevamente enfilaré, por una carretera arenada, a la ciudad de Tulancingo.

El USB me provoca prurito en las manos. Amo a la nayarita… chingada madre.

HEMEROTECA: Billy Wilder – Juan Carlos Rentero

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