MIRADA DE FUEGO

el infierno de gaalia14

Nadir Abdony se entusiasmó al ver fotografías de Moisés Estrada, rodilla en tierra, en un campo de tiro al blanco. Vestía ropas verde olivo, en posesión de ataque.

El subfusil automático Heckler & Koch MP5 con silenciador, apuntaba hacia un lugar impreciso.

—Son letales para nuestros enemigos los ochenta disparos por minuto  —dijo Moisés—. En México ya se permite usar silenciador durante los ataques a las casas de seguridad de los secuestradores… La consigna es ejecutarlos…

     El sirio, auxiliado por el trasladador de idiomas de su IPad, respondió:

     —Mi padre trabajó en la Guardia Republicana del presidente Hafez Al-Assad y coleccionaba armas y precisamente gracias a él tengo dos Spectres suizas, son M4, pesan menos de tres kilos y sueltan ráfagas hasta de ochocientos cincuenta disparos por minuto…

—No te creo…

     El profesor auxiliar del Centro de Educación para Adultos no dudó en confirmar su dicho.

En tres días le permitiría tener en sus manos el subfusil de fabricación italiana.

—El próximo sábado organizo una barbiquiu en mi casa y voy a invitar a unos amigos de la familia… Son sirios y estuvieron en las fuerzas armadas de mi país…

Moisés se ganó la confianza de Nadir en una partida de ajedrez y por su conocimiento en el uso de armas de fuego. El mexicano le mostró un diploma signado y sellado por el FBI, después de asistir a un curso de tiro al blanco en Tucson, Arizona.

El comandante de la zona militar de Fresnillo lo propuso como un posible prospecto olímpico, de acuerdo a las normas exigidas por la Federación Internacional de Tiro Deportivo.

Moisés obtuvo un alto puntaje en disparos repetitivos a veinticinco metros de distancia.

Una copia de la recomendación fue incluida en el proceso legal migratorio del militar desertor.

     Durante el encuentro del sábado, Moisés se allegó de una pistola Glock, nueve milímetros, de producción austriaca. Nadir se la proporcionó tras enterarse de sus habilidades como armero.

En realidad, la escuadra solo necesitaba ser cepillada.

En pago, el sirio le regaló un viejo revolver Colt de seis tiros, con barrilete dorado. En la cacha de marfil tenia grabado el escudo del Partido Baath Árabe Socialista: una antorcha encendida sobre el dibujo del país sirio.

Es un hermoso recuerdo de mi hermano Sami que murió en un ataque terrorista en Damasco. Él era un pacifista y se dedicaba al comercio de frutas y tapices… Mi madre le había regalado el revólver, pero no quiso tenerlo en casa y terminó en mis manos… Consérvalo…

El ex militar lijó, aceitó y envolvió el revólver en una pantaleta de lino de Lluvia Amor, olvidada en Leamington.

En el instante que metía el envoltorio a la mochila, se hirió el canto de la mano izquierda con una daga cantonesa. Una semana previa al incidente, un trabajador chino se la vendió en veinte dólares. Los dos laboraban en una empacadora de jitomate y chile morrón.

Su mochila de excursionista se manchó de sangre.

Moisés  no tuvo ánimos de lavarla. La tela y ropa resumieron la sangre que con el tiempo se tornó negruzca.

El incidente quedó registrado en una libreta salpicada de cochambre:

     “Me lastimé la mano pero no importa. Si tuviera suficientes guevos me pegaba un tiro en la cabeza y dejaría de chillar como una puta. Ya estoy cansado de arrastrar mi lástima por todos lados. La escuela de francesación me tiene hasta la madre, porque soy la burla de los alumnos y maestros, que se dan cuenta que pronuncio el francés de la chingada. La mayoría ya lo habla un poco, se comunican entre sí, y yo sigo en las mismas, balbuceante, miedoso, acobardado ante el culo maestro chino y la lástima que le provoco al sirio. Para el colmo, Empleo Quebec me retrasa el dinero y he tenido que ir a un banco de comida para que me regalaran pan y latas de sopa. Tuve que formarme al lado de los mendigos y adictos que duermen en las calles. Yo era un apestoso más, implorando un poco de misericordia. Los inmigrantes de mi especie terminan siendo escoria y producto de basurero. Soy un miserable viejo que no sirve para nada. Mi angustia es mayor cuando se llega el fin de mes y no tengo dinero para el transporte público. La culera tarjeta mensual vale ochenta dólares y de no tenerla, estoy condenado a morirme de hambre y perder la ayuda económica del gobierno por no presentarme a la escuela de francesación… ¡YA ESTOY CANSADO. DEBO HACER ALGO PARA SALIR DE ESTA VIDA DE MIERDA!”

     En esos momentos, se transmitía por televisión un reportaje sobre el proceso electoral de Quebec.  En un acto público, ocurrido en el teatro Champ de Mars, militantes del Partido Nacionalista Quebequés eran informados del triunfo de su candidato a Primer Ministro.

Moisés observó con sus ojos brillantes el reportaje, tendido en su desvencijada cama con sábanas impregnadas de sudor y sebosidad.

Del buró agarró un grueso cigarrillo de mariguana, aspiró el humo con fruición y lo retuvo en la tráquea varios segundos. Sus pupilas abrillantadas  lanzaron destellos al recibir la luminosidad del televisor.

La imagen de Catherine, en lentes oscuros, cubría la pantalla. No cesaba de repetir que la Nueva Francia seria el preludio del surgimiento de una nueva nación quebequés.

     Y otro comentario de la ministra, atrajo la atención de ex militar. Sucedió en el instante que jalaba el aro a una cerveza de lata.

—En cuatro meses, para ser exactos el siete de enero, acudiré a un encuentro con los maestros y alumnos del Centro de Educación María Curie… Ese día se reanudan las clases…

     Moisés giró la mirada hacia la ventana y observó, tras los cristales semicubiertos por tiras plásticas ennegrecidas por el polvo, el desplome continuo de la nieve.

El invierno continuaba estragando a Montreal y su gente, sin queja alguna, batallaba para no hundirse en los lechosos pantanos de las banquetas.

VIDEOTECA: guia para ciegos

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