TEMPORADA DE CAZA

Por Patricia Dávila y Rodrigo Vera/Apro

juan-collado-carlos-salinas-peña-nietoComo tantos “intocables” en México, Juan Collado se dio vuelo exhibiéndose por años en los círculos de la farándula, registrados en publicaciones como la revista ¡Hola! Sin embargo, como muy pocos de aquellos personajes, acabó refundido en la cárcel. Cayó en manos de la FGR el martes 9 y hasta ahora enfrenta acusaciones por probable participación en una trama de lavado de dinero y delincuencia organizada de alcance internacional.
La presente reconstrucción de los hechos captura el momento en que, una vez más, se mencionan los nombres de los expresidentes Carlos Salinas y Enrique Peña asociados con esas conductas delictivas… y la reacción del indiciado, hasta entonces retador.
“El señor Juan Collado se siente muy mal. Tenemos que llevarlo a un hospital para su valoración. Por favor, su señoría, suspenda la audiencia”, le urgían los abogados de Collado al juez de control de Justicia Penal del Reclusorio Norte, Jesús Eduardo Vázquez Rea.
Trama conocida
La madrugada del pasado miércoles 10, en la sala de audiencias del reclusorio, Collado Mocelo temblaba notoriamente de su brazo y de su pie izquierdo. Daba muestras de tener un preinfarto y de estar a punto de desmayarse. Su cardiólogo estaba presente, mas no traía consigo instrumental médico para valorarlo. Reiteraron que urgía llevarlo a un hospital.
Sin embargo, el equipo de cinco abogados de la Fiscalía General de la República (FGR) se mostraba escéptico. Atribuía ese incidente a una estrategia de la defensa para llevarlo a un hospital y así impedir que se le dictara prisión preventiva oficiosa.
Se hizo un silencio en la sala. Todos esperaban la determinación del juez, quien desde el inicio dijo reiteradamente que la prioridad era la salud del indiciado. Después de un momento de pensarlo, el juez dijo:
“Está bien. Si el señor Collado tiene que ir al hospital, voy a decidir antes la medida cautelar.”
Esto representaba que Collado podía ser trasladado al hospital en calidad de detenido. Ante ello, los abogados defensores desistieron de su petición; prefirieron continuar con el desahogo de la audiencia mientras Collado se recuperaba paulatinamente. Con esto se le fue una oportunidad de seguir en libertad.
Catorce días antes, el 25 de junio, Juan Collado, acompañado por el expresidente Enrique Peña Nieto, la novia de éste, Tania Ruiz, así como por cinco políticos más, abordó su avión privado Bombardier CL-600-2B16 (601-3A), que voló del aeropuerto de Toluca rumbo a la ciudad estadunidense de Miami y después a Madrid, España.
A México regresó Collado el viernes 5 de julio, ya solo, en un vuelo comercial de la aerolínea española Iberia.
Ese mismo día la agente del Ministerio Público federal, Gloria Minerva Sánchez Dávila, solicitó la orden de aprehensión contra Collado y cuatro personas más, por los presuntos delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.
El 6 de julio —sólo un día después de que se solicitó la orden de aprehensión— el juez Vázquez Rea emitió la orden de captura contra Collado. De inmediato, agentes de la Policía Federal Ministerial iniciaron su búsqueda y localización.
Ubicaron primero los tres domicilios de Collado: sus dos casas en la colonia Jardines del Pedregal —una de ellas en el Fraccionamiento Peña Pobre— y su oficina en la calle González de Cossío, colonia Del Valle.
Seguimiento
cercano
Ese mismo día se detectó, al ingresar al fraccionamiento Peña Pobre, que Collado solía trasladarse en una camioneta Cadillac color champaña, resguardado por cuatro escoltas con armas cortas.
El martes 9 de julio, día de su detención, salió del fraccionamiento a las 11:30 de la mañana para realizar un largo recorrido por Paseo de la Reforma y Polanco. Poco antes de las tres de la tarde entró al restaurante Morton’s, que se ubica en Paseo de las Palmas número 405, Lomas de Chapultepec. Llegó solo. Afuera lo esperaron sus escoltas.
Mientras tanto, los agentes policiacos orquestaban el operativo para capturarlo. Al lugar arribó primero una camioneta, de la que bajaron tres policías ministeriales vestidos de civil. Minutos más tarde, en su apoyo, llegó otra unidad con seis elementos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la FGR, quienes portaban armas cortas y largas. Los nueve agentes esperaron discretamente a que el abogado saliera del restaurante.
Alrededor de las 16:30 horas Collado salió del Morton’s acompañado por el líder del sindicato de Pemex, Carlos Romero Deschamps, y dos hombres más.
Dos agentes se acercaron a Collado. Lo saludaron de mano y le preguntaron:
—¿El señor Juan Ramón Collado Mocelo?
—Sí, para servirles —respondió.
—Somos agentes de la Policía Federal Ministerial y tenemos esta orden de detención en su contra —le informaron, mientras le entregaban el escrito de 141 páginas.
Sorprendido, pero sereno, Collado tomó el legajo y les contestó:
—Veremos de qué se nos acusa.
Graciosa huída
En cuanto escucharon que se trataba de una orden de detención, Romero Deschamps y los otros dos acompañantes se retiraron apresuradamente del lugar, sin siquiera despedirse de Collado. Los cuatro escoltas del abogado, al percatarse de que era un operativo oficial, se limitaron a observar de lejos la escena.
Sin oponer resistencia, Collado accedió a ser trasladado en la camioneta de la AIC para que lo llevaran a una revisión médica en la Subdelegación de la FGR en Azcapotzalco, conocida como “Camarones”.
En el asiento trasero, durante el trayecto, Collado se colocó sus lentes y empezó a revisar la orden de aprehensión. Les preguntó a los agentes:
—¿Puedo usar mi celular para telefonear a mi abogado?
—Sí, claro —le respondieron.
Collado se comunicó con el litigante Javier López y dijo:
—Me acaba de detener la Policía Ministerial por una propiedad que compré en Querétaro.
La mención a Salinas y Peña 
Nieto… el temblor.
En el legajo se menciona a Collado con cuatro personas más: José Antonio Rico Rico, José Antonio Vargas Hernández, Roberto Isaac Rodríguez Gálvez y Tania Patricia García Ortega, por su probable participación en delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.
Se les señala como presuntos responsables de crear empresas fantasma en Querétaro y Nuevo León, así como de simular la venta de un terreno en Querétaro por un total de 156 millones de pesos, en el que posteriormente se construyó la zona comercial Centro Sur.
De acuerdo con la indagatoria, todos ellos constituyeron las empresas Operadora Inmobiliaria del Centro y Libertad Sociedad Financiera, ambas conocidas como Cajas Libertad, para simular operaciones financieras y blanquear recursos.
Dicho capital provenía, al parecer, de la venta del inmueble de Querétaro, el cual supuestamente era propiedad de Sergio Hugo Bustamante Figueroa, quien denunció penalmente a todos ellos, asegurando que suplantaron su identidad para realizar esa venta, por la cual Collado recibió un depósito de 24 millones de pesos.
Al llegar a Camarones para su certificación médica, Collado se negó a despojarse de su traje gris Oxford, camisa azul claro y corbata lisa azul rey. El médico sólo pudo revisarlo de “áreas desprovistas”, según quedó asentado en la constancia, donde también se dice que padece “hipertensión arterial” y “arritmia cardiaca”.
A Camarones llegaron Javier López y sus otros tres abogados (Rodolfo de la Guardia, José Antonio Carreto Santiago y Elba Marina Vázquez Mendoza, quienes preguntaron sobre la situación jurídica de su cliente.
A las 19:30 lo trasladaron al Reclusorio Norte, donde el juez de control inició la audiencia a las 20:30 horas. En la sala se encontraba el equipo inicial de cuatro abogados de Collado, a los que se sumaron dos más: Francisco Javier Aureo Acevedo y Antonio Collado, hermano del indiciado. El equipo de la FGR lo conformaban cinco agentes del Ministerio Público.
De entrada, a fin de conocer la carpeta de investigación de 2 mil fojas, la defensa le pidió al juez un receso que se prolongó tres horas. A Collado se le veía confiado y con gesto irónico, retador.
En ese lapso llegó para asistirlo su cardiólogo de cabecera, Jorge Eduardo Cossío Aranda, quien se presentó como especialista del Hospital Ángeles del Pedregal y del Instituto Nacional de Cardiología. Envió por un medicamento y se lo dio.
Al filo de la medianoche, al reiniciar la audiencia para formular la imputación, el juez le preguntó a Collado:
—¿Cómo se encuentra de salud? ¿Está en condiciones de continuar la audiencia?
—Sí, su señoría, estoy bien —le respondió.
Argumento legal
Después, el Ministerio Público expuso los hechos que dieron pie a la orden de detención contra Collado, en los cuales se señala que el 7 de junio se inició la carpeta de investigación FED/SEIDF/UNAI-CDMX/0000949/2019, abierta a raíz de la denuncia presentada ese mismo día por Bustamante Figueroa, en la cual lo involucra en las actividades ilícitas.
Al concluir la etapa, a la una de la madrugada del miércoles 10, el juez preguntó a los abogados de Collado:
—¿Tienen alguna aclaración que hacer?
—No, no. Ninguna —contestaron.
Luego inició la etapa de vinculación a proceso, en la que el Ministerio Público dio a conocer los 43 datos de prueba aportados por Bustamante. Uno de éstos es una imputación muy grave: acusa a Collado de pertenecer a una “organización delincuencial” de la que también forman parte los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto.
Este señalamiento escrito —leído ahí por el Ministerio Público— se sustenta en la cercanía que Bustamante dijo tener con los “involucrados”, así como en los dichos de otras personas a quienes denunció, como José Antonio Rico Rico y Jesús Beltrán González, quienes fueron, respectivamente, presidente y vicepresidente del Consejo de Administración de Libertad y Servicios Financieros.
Bustamante también sostiene que parte del dinero producto de la venta del terreno de Querétaro está en cuentas bancarias repartidas en España, Andorra y otras partes de Europa, las cuales están a nombre de Collado y Rico Rico, según le aseguró este último.
Al escuchar los nombres de Salinas y Peña Nieto, Collado recargó su espalda en el respaldo del asiento, haciendo muecas de sorpresa e incredulidad.
Poco después empezó a temblar de su brazo y pie izquierdo, mientras sus abogados pedían suspender la audiencia para llevarlo al hospital. El juez le pidió entonces al cardiólogo exponer su diagnóstico. Y el doctor Cossío dijo:
“El señor Collado presenta un cuadro de sudoración. Puede ser una angina de pecho, a consecuencia de sus altos niveles de colesterol y triglicéridos. No traigo conmigo instrumental médico. Mi recomendación es valorarlo en un hospital para hacerle un diagnóstico acertado.”
Los abogados de Collado apoyaron la recomendación del médico. Y le propusieron al juez que ellos se quedaban en la sala a desarrollar la audiencia mientras su cliente iba al hospital. El juez les replicaba que eso no era posible, pues Collado debía estar presente.
Poco después de las cuatro de la mañana el juez determinó:
“Está bien. Si el señor Collado tiene que ir al hospital, voy a decidir antes la medida cautelar.”
Desistieron de llevarlo al hospital, posiblemente en calidad de detenido, lo que la defensa quería evitar. “Dictar prisión preventiva oficiosa dañará la imagen de mi cliente. No queremos eso”, insistía el abogado Javier López.
Y los agentes del Ministerio Público le respondían, enérgicos:
“No estamos aquí para cuidar la imagen del imputado, sino para desarrollar la audiencia y pedir que se dicte la prisión preventiva oficiosa.”
Para ese momento Collado ya había perdido la mirada y la actitud retadora que mantuvo hacia los fiscales. Se le veía demudado.
Finalmente, el juez le dictó auto de vinculación a proceso, con prisión preventiva oficiosa. Eran las 7:18. La audiencia se había prolongado más de 11 horas.
Flanqueado por policías, el abogado Juan Collado —ya para entonces la imagen viva de la derrota— fue internado en una celda del Reclusorio Norte.

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