DE UNA FUMADA

EL ESCUPITAJOMe hallaba aplastado en la banca frontal del edificio Bordeaux, en pijama y fumando. La rutina era la misma: un pelado quinceañero en tenis negros paseando a su perra dálmata con un collarín rosado, la gorda del 210 discutiendo con el cartero, en bermuda y camisa chaudron de manga corta, y  Zhao Tse, practicando Tai Chi con su paupérrimo traje de mandarín. Era mi segundo día de holganza, bajo un clima agradable. Nada me inquietaba, menos el ronroneo mortal de los automóviles y autobuses que circulaban por el boulevard l’Acadie.

Zhao conservaba algo de su antiguo atractivo físico.

Desde su posición, cercana al acceso del edificio, hizo señas para que la acompañara. Preferí ignorarla.

Su historia, contada por la madre del muchacho de tenis negros y un corte de pelo a la mohicano, despertó mi interés de conocerla. Zhao trabajó treinta y dos años en un almacén de ropa de la rue  Jean Talon. Lo hizo en cash y sin papeles migratorios. Tenía los ojos azules y la piel muy delicada, como de porcelana china. Un día de diciembre, después de discutir con el patrón por obligarla a trabajar los domingos, repentinamente fue detenida por dos agentes de Inmigración y Ciudadanía. Graham Colom la denunció para deshacerse de su amante y empleada. El tipo era casado y con cuatro hijos.

Precisamente, es su nieto el chico de la perra Dálmata.

Zhao Tse recibió el beneplácito del juez migratorio, de origen chino. No fue deportada. Por el contrario, obtuvo la residencia canadiense y seis años después, la ciudadanía. Ahora sobrevive con una pensión de mil setecientos dólares mensuales. Graham se hizo representar por el bufete de abogados de su primogénito y jamás pisó la cárcel, ni indemnizó a su ex amante y ex empleada.

Me sorprende comprobar que en ese mínimo espacio de concreto, es posible obtener dos historias interesantes para contar.

La vida de Graham Colom tambien tiene lo suyo. Habita en Montreal desde 1972 y proviene de Asis, Italia. Su padre fue misionero franciscano de la Catedral de San Rufino. La presencia de una turista portuguesa, de Oporto, lo hizo colgar el hábito marrón y  recuperar la totalidad de su cabellera. Los Colom-Moreira decidieron dejar Europa y radicar en Montreal. La lejanía, de acuerdo a la tesis de Graham padre, permitiría sobreponer la vergüenza y el remordimiento. En la rue Jean Talon iniciaron un pequeño negocio de ropa femenina y tuvieron éxito. Graham II, al morir su padre, heredó el almacén y se desposó por lo civil con una bailarina portuguesa.  Sus cuatro hijos estudiaron y se titularon. El mayor es abogado; el segundo, contador público; el tercero, oficial de la policía migratoria y el benjamín, licenciado en letras francesas y catedrático universitario.

La colilla terminó en el bolsillo del pijama.

En veinte minutos regresaría al departamento para lavar las sábanas y mi ropa interior. Nada era fortuito. Tenía un propósito: reencontrarme en la lavanderia con Zhao Tse e intentar hurgar sobre su pasado. Estaba al tanto de su relación con el irascible y amoral Graham Colom. Nada sabía de su salida de China y su ingreso a Canada.

Sin embargo, al abandonar la banca y deshacerme de la ceniza que reposaba en la camisola, recordé el asunto de la perra dálmata. El dócil animal pertenecía a Blanca Bleu, la inquilina del departamento 14. El nieto de Graham Colom la adoptó tras ser hallada en el parque Frédéric-Back, junto a su dueña. La mujer, por un mal de amores, decidió ahorcarse en una rama de fresno. El perro permaneció bajo los pies de Blanca Bleu hasta ser descubierta, al día siguiente, por tres estudiantes de la escuela secundaria Joseph Louis Papineau.

Cada historia tiene su interés. Es imprescindible rescatarla y contarla. Pensemos en los secretos que esconden la mujer glotona del departamento 210 y su ex compañero de  coro de la parroquia de Saint-Paul-de-la-Croix: el cartero de melena de rockero y piernas de maratonista.

HEMEROTECA: La gente del abismo – Jack London

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