FADELA

goteo portadaSe descerrajó un balazo en la sien, dos días antes de la Natividad. El sábado 23 de diciembre.

Traia el frio metido hasta los huesos y la sangre contaminada con vino libanes.

Fadela Arrache se llamaba.

Era de Argelia.

Tres años antes, a finales de marzo, arribó a Montreal. Una hermana lo acogió.

Fadela amaba a los perros de presa, de sangre londidense: Mallorquín y Mullmastiff.

El argelino fue aceptado por el gobierno quebequés como refugiado político.

De inmediato contactó con la  pandilla galesa del barrio de Ahuntsic-Cartierville y demostró ser diestro en el entrenamiento de canes asesinos.

En Argel tuvo la genial idea de darle descargas eléctricas a su Pitbull terrier y convertirlo en una máquina de muerte.

Durante las peleas clandestinas, los militares ingleses eran sus principales víctimas.

Una parte del dinero que obtenía terminaba en manos del Frente de Liberación Nacional.

El miércoles 5 de julio de  2017 tuve la oportunidad de conocerlo, al celebrarse el aniversario de la independencia de Argelia.

De acuerdo a mis apuntes, el baile se celebró bajo un sol quemante.

Un vecino, de origen argelino, me lo presentó. De inmediato percibí que era un suicida potencial, por su desprecio al prójimo alienado y la vida en comunidad. Incluso, por solo incomodar a los musulmanes, bailó con hombres y mujeres, a la usanza turca o rusa.

En aquella fiesta me habló de Argelia y sus perros.

También quiso que asistiera a una pelea canina en nuestro barrio (Arrondissement le llaman en Quebec).

No lo hice.

Estoy en contra de lastimar a los animales.

Sin embargo, jamás cuestioné su proceder, porque era un inmigrante contaminado por el sueño americano.

La noticia de su muerte tampoco me sorprendió.

Los galeses, metidos a mafiosos, tienen el control de la apuesta y el barrio.

Fadela quiso sustituirlos en los negocios prohibidos con ayuda de sus amigos argelinos.

Pagó las consecuencias.

En Montreal, no se mata en vía pública, como ocurre en Estados Unidos, México y los países de Centro y Sudamérica.

No hay necesidad.

Fadela tuvo que meterse una bala en la cabeza con su propia mano. De no hacerlo, asesinaban a parte de su familia —hijos, esposa y padres— en su amado barrio de Ain Taya, de Argelia.

VIDEOTECA: https://www.ok.ru/video/344061905645?fbclid=IwAR184OE6oXeLFc_JfGKpi9sRFRuvX5U4UpFJ_pXuAqzXAnrfVVTNf736nqI

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