PLAN CON MAÑA

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Quiero verlo de esta manera.

Me lo dijo antes de salir de la cárcel y no dudo de su verdad.

En el Cereso nos convertimos en psicólogos sin título. Todos los reos nos terapiamos. De no ser así, enloqueceríamos.

Difícilmente nos mentimos, después de dos años de encierro.

Raymundo Cruz nos platicó, bajo los afectos del mezcal, que la orden fue precisa:

—Si matan a uno o dos no hay problema, pero hay que parar a estos rojillos de mierda.

—¿Y quiénes estaban en la Quinta Tucán? —solté el petardo.

—¿Y cuando he dicho que la reunión se realizó ahí?

—¿No? ¿Entonces? —intervino el Chiluca, ajeno a profundidad del contenido de la plática.

Si metió su cuchara fue para hacerse presente y no ser una decoración de celda.

La marihuana lo tenía embotado, hundido en la somnolencia.

En sus tiempos de militar, el Chiluca ejecutó a dos ecologistas costeños. En cuatro años retornaría a la calle y bien cargado de dinero. Fue el acuerdo con los talamontes.

Cruz la suelta, sin importar que el chisme trascendiera.

—El propio gobernador Pico Ruiz y los jefes de la procuraduría, de la policía judicial y preventiva y dos oficiales del ejército… El gober no quiso que el Secretario general de gobierno estuviera presente, porque en su momento lo empinarían y como fue…

Cruz mide metro sesenta y es de  cara plana, muy moreno, casi negroide. Impone su mirada de criminal nato: gris, de muerto viviente.

El general Francisco Torres lo mandó llamar para encargarle el jale.

Ya en el traspatio de la finca Los Venaditos, frente al sendero de palmas cocoteras y la mar, no se anduvo con rodeos.

—Van a ir en bola, estos putos chamacos revoltosos y hay dos que son los cabecillas, míralos bien —y al decirlo le entregó una carpeta verde con hojas mecanografiadas y fotografías al interior—, porque no los queremos vivos. Y te aclaro parna, tú y tus compañeros se van a la chirona… Como buenos paganos cumplirán la condena…

El militar retirado siempre habla duro y de frente.

Es de cabeza encebollada y actitud bonachona, como si se tratara de un maestro de primaria.

La gente de la calle lo aprecia. Destila condescendencia. Hace sentir que brinda amistad sin condicionamientos.

Cuando un pedigüeño estira la mano, Torres cubre su palma con un billete de cien pesos. Nunca cuestiona públicamente el origen de su miseria o aspecto deplorable.

Menos le interesa el pedigüeño como imagen negativa ante el turismo internacional.

Tras la dadiva, la misma recomendación:

—Dile a tus amigos que el general Pancho Torres quiere acabar con la pobreza…

Ya en privado, saca a relucir su verdadera vocación fascista. Odia a los pordioseros blandengues, como lo fue su hermano mayor.

Durante los encuentros de póker y en la mesa circular de su terraza de piedra volcánica, insiste en sus propósitos de segar la mendicidad y prostitución del estado.

La llama lacra social.

Hoy mendigan, mañana matan… Y después los veremos en manifestaciones públicas y en actos terroristas —y sugiere—: Hay que fumigar el árbol carcomido por los parásitos y así evitaremos que se dañe el fruto…

Ningún compañero de cartas lo contradice.

Acumularon fortuna y mujeres con su venia.

Por ejemplo, obtienen millonarios contratos en la venta de armas de fuego, uniformes, chalecos antibalas, papelería o servicios de capacitación y limpieza.

El estado de Ayutla cuenta con una planta laboral de dieciocho mil policías preventivos y tres mil agentes judiciales.

Cruz admira al General y es agradecido.

Tres años atrás, en uno de los comederos de mariscos del malecón, Cruz impidió que un sicario del Cártel Los Guerreros de Dios ejecutara al General.

Pancho Torres comía al lado una bella prostituta que presentó, a los comensales de mesas vecinas, como su maestra de baile.

La mesa  del militar y su acompañante fue colocada a escasos metros de la playa.

El asesino arribó al restaurante, por la zona arenada.

Todo sería sencillo.

El escape lo realizaría en motocicleta.

Pancho Torres decidió limitar el número de guardaespaldas para no llamar la atención. Es casado y tiene hijos.

Y el riesgo valdría la pena. Su joven amante tiene lo suyo, de  frente y espalda. Y muy bien puesto.

—¡Militar de mierda! —gritó el sicario.

Y antes de accionar la Cuerno de chivo se escuchó un estruendo. Los sesos del malandro quedaron esparcidos en la arena.

El encargado de la seguridad del restaurante únicamente hizo su chamba: accionar el percutor de su escopeta de doble cañón.

 Así fue como le salvó la vida al militar retirado.

—¿Cómo se llama usted? —preguntó el lívido General segundos antes de ser empujado por dos guardaespaldas a la Hammer blindada.

—Raymundo Cruz Leyva, mi General, a sus órdenes…

Una semana después, sin ser publicitado el atentado, Cruz recibió las llaves de un departamento amueblado de interés social y una tarjeta de débito con doscientos mil pesos.

La noche del 24 de diciembre aparcó una patrulla en el fraccionamiento El Camarón Dorado. Cruz fue trasladado, en compañía de su esposa, a la finca Los Venaditos.

Una cena navideña lo aguardaba.

Así fue el inicio de una amistad salpicada de sangre.

—Desaparecieron los que tenían que desaparecer y viven los que tienen que vivir —nos dijo Cruz, sin dejar de atisbar su cigarrillo de mota.

En la misma postura en el camastro: bocarriba y construyendo el 4 con las piernas.

Las instrucciones fueron precisas:

—Éste en pedacitos… —y señalaba el General al bato de la fotografía.

Y en la siguiente:

—A éste solo la cabeza, la cabeza…

Y al chamaco del bigotito caído:

—A éste pendejo, le meten la verga en la boca, por rata y sancho…

Y al tipo de los ojos saltones:

Piso…

Y a la chamaca de la sonrisa coquetona:

—De carnada en la Bocana

Y al estudiante de lentes bifocales y cabello escaso:

Fusilado…

Y a la jovencita de chongo y collar de conchitas marinas:

Tacos al pastor, y así la dejan… humeando…

Y al profe normalista ojeroso:

Pozoleado…

A Cruz le encanta jalar en soliloquio.

Mejor solo que mal acompañado, broder  —es su lema.

Hasta que apareció el asunto de los maestros y estudiantes normalistas.

En esta ocasión, la instrucción fue diferente: el operativo contaría con la vileza de tres policías preventivos afines al pericazo.

 Y, como sucede con los tiburones de Sumatra del Océano Índico, muy bien cebados de sangre…

HEMEROTECA:

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