VIERNES LOCO

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La vida no es un todo en nuestra práctica cotidiana. Funciona por etapas.

De cada etapa, sin pecar de original, es necesario hacer un balance.

Por lustro o década, si el tiempo estuviera ceñido al siglo que nos corresponde transitar.

En esta ocasión, Ciudad Juárez conservaba parte de mi vida racional y productiva.

Entonces, aún era ajeno a los riesgos que conlleva el oficio.

La cerveza mitigaba mis aprensiones y añoranzas.

El lado afectivo carecía de rostro.

Reporteros y políticos, encostalados por la misma necesidad y ambición, interactuaban sin sembrar esperanza o bienestar para los juarenses.

Y los juarenses cosechaban desesperanza y resentimiento.

Sincerémonos:

Embotaba su cerebro el olor acre, toxico y corruptible del dinero, pavimento y desierto abonado con cadáveres.

Distintos cada día.

Como pedazos de espejo, donde era posible redescubrirnos amorfos y descoloridos.  Tan parecidos a una pintura surrealista.

Los compañeros de la fuente policiaca, ante al delincuente o presunto delincuente, actuaban sin rigor periodístico. No se distinguían del policía o juez inmoral.

Durante su presentación,  algunos detenidos fueron golpeados y ultrajados verbalmente por reporteros.

Ciudad Juárez tenía una cuantiosa población miserable, adicta a las drogas duras y la violencia.

El clima extremoso —gélido o caliente, sin temperatura templada— hacia su parte en el comportamiento de cada protagonista de esta tragedia social.

La frontera de México con Estados Unidos estaba lubricada con sangre de contrabandistas, burócratas trácalas, viciosos, prostitut@s, chichifos, asesinos, dementes de cuello blanco, enfermos sexuales, cleptómanos y mitómanos.

Entender a esta sociedad de contrastes, requería ahondar en el estudio de sus enfermedades y llegar a un diagnóstico.

Picaderos, maquiladoras, hospitales, medios masivos de comunicación, templos religiosos, bares, centros nocturnos y prostíbulos acunaban el lado innoble, perverso, de la consciencia de sus feligreses.

Urgía meterme en las entrañas de cada institución y boquear su aire pestilente.

Y por el momento, opté por hacer un breve balance de lo que ocurría cada viernes en Ciudad Juárez.

El día de los sanchos y cornudos.

El asunto de la Estación Delicias seguía su propio curso.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos intervino. El ayuntamiento panista tuvo que mejorar las condiciones de resguardo de los infractores del Reglamento de Policía, Vialidad y Buen Gobierno.

El juez de barandilla, de sangre albiazul, no sufrió merma en sus aspiraciones políticas. Por el contrario, su partido lo premió, en años posteriores, con una diputación local.

Los malandros, de acuerdo a la tesis de la derecha tradicional, merecían conocer el infierno antes de ser eliminados a balazos o por una cirrosis hepática o una sobredosis de heroína.

El reportaje sobre la vida loca de los viernes, lo entregué el domingo 14 de julio.  En el trabajo solo me centré en resaltar el consumo de alcohol. No toqué el tema de la narcodependencia, el adulterio, el fanatismo religioso y la psicopatía sexual.

Lo publicaron al día siguiente con el título:

LA LOCURA DE LOS VIERNES

Cada viernes, por la noche, los 900 bares y centros nocturnos censados por el ayuntamiento juarense, movilizan a un promedio de trece mil 500 ciudadanos. En nueve horas gastan 202 mil 500 pesos.

En el mismo lapso, son arrestados entre 500 a 600 y metidos como reses en las cárceles municipales de las estaciones Babícora y Delicias.

Sin embargo, el presidente de la Alianza de Comerciantes en Vinos, Licores, Cervecerías y Restaurantes S.A de C.V. (ACVLCR), Antonio Medina  asegura que en un solo día —viernes para amanecer el sábado—, aproximadamente doscientas mil personas consumen bebidas alcohólicas, “sin llevar una intención forzosa, al embriagamiento”.

Aclara:

“No todos los que beben cerveza o cualquier otro licor deben ser considerados clientes de bares o centros nocturnos. La verdad es que estimamos que entre doce mil a trece mil quinientos visitan nuestros negocios cada viernes”.

En Ciudad Juárez, a decir del sociólogo Efraín Camilo Vega, la cultura de los viernes recreativos es una realidad.

Y ejemplifica:

“Hace tres años existía un centro nocturno de nombre Afro Bar, en la Carretera Panamericana y Ejército Nacional, donde el gerente de una maquiladora habló con el dueño para que los viernes los obreros tuvieran un descuento especial. La idea surgió por un estudio realizado por la empresa: la mayoría de sus trabajadores frecuentaban el lugar los fines de semana”.

De acuerdo a la visión de los propietarios de bares, Ciudad Juárez se ha convertido en un importante consumidor de cerveza. Por lo mismo, los bares y centros nocturnos son negocios redituables.

De las 890 negociaciones que se dedican a la venta de bebidas alcohólicas y tienen barra, el 25 por ciento están establecidos en el centro.  El otro tanto, en las principales avenidas de la ciudad, según la ACVLCR.

La Asociación de Maquiladoras A.C. reconoce que parte de sus 153 mil empleados de las 195 factorías, los fines de semana son clientes asiduos de los bares y centros nocturnos.

El presidente de la AMAC, Alfonso Corrales, afirma, por vía telefónica, que los viernes sociales tienen una connotación de convivencia entre amigos y familiares. No la imagen destructiva, delictiva o de denigración, que algunas personas quieren darle.

Subraya:

“En Ciudad Juárez se ha creado una cultura de disipación sana cada viernes, aunque, en algunas ocasiones, no se puede negar que el alcohol lleva a la violencia o al delito”.

Los viernes, desde las ocho de la noche es posible encontrar a hombres y mujeres en bares, salones de baile y centros nocturnos.

Por ejemplo, en el corazón de la ciudad predominan negocios que explotan el gusto por el baile y la cerveza. El precio está al alcance del ingreso del consumidor.

En la avenida 16 de Septiembre y las calles Velarde y La Paz es posible encontrar bares con salones de baile. En ellos se aglomeran personas de bajos recursos. Bailan y beben grandes cantidades de cerveza. La caguama (botella de casi un litro de cerveza) cuesta siete pesos con cincuenta centavos. La normal, de menos de medio litro, tres cincuenta.

Las mujeres cobran, por cada pieza de baile, dos pesos con cincuenta centavos. Sin embargo, algunas aprovechan para ganar un dinero extra, prostituyéndose.

Las peleas y detenciones son muy comunes.

En las calles Segunda de Ugarte, Mariscal y la avenida Juárez, en sus bares y centros nocturnos se congregan los parroquianos para ver espectáculos de vedettes o la presencia, tras las barras, de meseras en minifalda y blusas escotadas.  No son populares los precios de la cerveza y otras bebidas alcohólicas. Una sola cerveza de casi medio litro tiene un precio de siete a catorce pesos.

Antonio Medina asegura que 30 mil personas sobreviven del negocio de los bares y centros nocturnos.

“Sin violar el Reglamento de Policía, Vialidad y Buen Gobierno es muy válido que el propietario de esos negocios busque algún tipo de atracción que le permita tener utilidad y conservar las fuentes de trabajo de sus empleados”.

La Dirección General de Policía, donde laboran mil 200 uniformados, informa que durante los viernes sociales se arrestan entre 500 a 600 personas por escandalizar en la vía pública, cometer faltas a la moral y provocar riñas y accidentes viales.

“En la mayoría de los casos motivados por el consumo de bebidas alcohólicas o inhalar e inyectarse enervantes.”

El alcaide de las cárceles de Delicias y Babícora, Javier Moyetón Contreras  afirma que en el reciente viernes, la policía detuvo a trescientas personas: 230 en Delicias y 70 en Babícora.

No dudó en subrayar que se trató de un día menos conflictivo para los cuerpos policiacos.

“Normalmente llegamos a tener en ambos lugares hasta de 600 a 700 detenidos, muchos llegan a ser liberados por sus familiares en la misma noche de su aprehensión”, acota.

La ACVLCR informa que durante los viernes un promedio de 150 personas consume alcohol en algún bar, salón de baile con barra o centro nocturno.

En nueves horas —19 horas a las tres de la mañana—, la media que invierte cada cliente es de 100 a 150 pesos. Significa, afirma, que cerca de 202 mil 500 pesos ingresen a las negociaciones.

Sin embargo  el dirigente Antonio Medina aclara que parte del dinero obtenido se invierte en el pago de salarios, derechos, impuestos, mercancía y mantenimiento del inmueble.

“Le puedo afirmar que es el negocio del espejismo. El dinero entra fácil, pero se va de igual manera”, acota.

Otros bares y centros nocturnos se encuentran en las avenidas Vicente Guerrero, 16 de Septiembre, Triunfo de la República y Carretera Casas Grandes, antes de llegar al kilómetro 20.

En alguno de estos establecimientos, el costo por cerveza varía de siete a 18 pesos. Las copas de brandy se llegan a cotizar hasta 20 pesos.

El sociólogo Camilo Vega, resume en diez palabras el comportamiento finsemanero de los juarenses:

—Hacen del viernes un paraíso de infieles, mercenarios y descocados.

HEMEROTECA: Revista-del-Consumidor 08-2019

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