NUNCA ENVEJECERAS

sommus portada-SUEÑO 16

Tal vez no lo creas, Alondra. Nuevamente te he soñado. No en la plaza del Duque de Medinaceli, en Barcelona, donde te conocí.

Mentiría.

El exilio me dio una nueva identidad. Todo es distinto. La piel se endureció y el rostro sufrió una especie de metamorfosis.

De rasgos caucásicos, herencia genética de mis amados padres, ante el espejo me enfrento con una máscara defectuosa, añeja y pellejuda.

Tú has logrado detener el tiempo. Te envidio.

Nunca envejeces.

Eres plena, carnosa, besable, vigorosa… ardiente…

…insaciable.

Y más allá del reflejo, nuestro retrato con todos sus desperfectos y mentiras.

En sepia, según la exigencia de Viviana, tu madre.

Los dos, enfundados en negro y con rostro adusto.

El fotógrafo de manos femeninas no obtuvo respuesta a su demanda.

—Digan whisky —pidió.

Lancé un escupitajo.

Y ya no insistió.

Diez minutos antes, tú y yo discutimos. Después del sepelio de tu abuelo, tendríamos que abordar el avión para internarnos en Quebec.

 Nuestro departamento de la Carrer Josep Anselm Clavé se fue al carajo.

Y tus lágrimas no me conmovieron.

—Mis padres pasaron por lo mismo —te recordé—, no les fue fácil abandonar Odesa, donde durante la guerra enterraron a sus muertos…

—Eres un gafe —repelaste.

Y en ese silencio, cegada por la ira, llegamos al estudio para dejar constancia de nuestro paso por Barcelona.

Tu madre así lo quiso.

Han transcurrido tantos años que los olores florales, como aquella oreja de oso de pétalos blancos, dejaron de llamar mi atención en los amaneceres.

Ahora todo es distinto en la rue de Galliéra.

El gas metano se adueñó de la habitación y puedo convertirme en una antorcha humana.

Alondra, deja de reír, te lo pido.

En la fotografía alcanzo a descubrir las pequeñas brozas de romero y el matorral de enebro rastrero.

En realidad, el estudio del tipo de las manos femeninas era un jardín rodeado de corredores de loseta marmolada y arcos coloniales.

Ni los quebrantahuesos disecados lograron conmovernos.

Los pocos pelos que pueblan mi cabeza pude domeñarlos con un poco de jugo de limón. Mi hermana Klavdiya así domeñaba mi cabellera rojiza, de travieso dytyna, para evitar las burlas en la escuela.

—Dmytro, ya hay gel, deja esas payasadas —gritabas desde la recámara.

Intentaba seguir tus recomendaciones. Tu voz era ley.

Han trascurrido tantos años y aun hablas en mis silencios.

No fue fácil desempolvar el traje negro.

El olor a alcanfor debe ser suprimido. Usaré alguna vieja loción que me regalaste.

La escalivada con anchoas, sobre el platón que me entregaste en la plaza del Duque de Medinaceli, siempre estará presente, Alondra.

No importa que te molestaras al tocar tu carita de luna llena por una salpicada de tomate. Tu misma preparaste el platillo, en el carromato de comida rápida.

Ahora nuestro reencuentro será distinto.

Y es posible que me incomode la presencia de Willy el Cordobés, tú marido, pero fue quien me puso al tanto de tu muerte.

HEMEROTECA: Rimbaud Jean Arthur – Obra Completa – Prosa Y Poesia (Bilingue)

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