EL AVERNO GRINGO

Por Maurizio Guerrero/Apro

razones-kd4E--620x349@abcCAMDEN, NUEVA JERSEY.- En la última década Estados Unidos ha vivido un fenómeno que los académicos llaman “muertes por desesperación”, que hizo bajar la expectativa de vida en este país durante tres años consecutivos, tendencia inaudita en el mundo industrializado.
Esta reducción en la expectativa de vida entre 2015 y 2017 (último año del que se disponen cifras) sólo tiene parangón con lo sucedido aquí entre 1915 y 1918, cuando la Primera Guerra Mundial y una epidemia de influenza devastaron a la población.
La actual baja de la expectativa de vida en Estados Unidos, de 78.6 a 78.3 años, está asociada al creciente número de suicidios —47 mil en 2017— y fallecimientos por sobredosis de drogas —poco más de 70 mil ese mismo año—, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Una desesperación que lleve a la muerte suena inexplicable si se considera que el desempleo en Estados Unidos está en su menor nivel desde 1969, además de que la economía había crecido —hasta el pasado julio— más de 10 años consecutivos, su mayor racha de expansión en la historia.
La expectativa de vida de los estadunidenses había aumentado consistentemente el último siglo; sólo de 1960 a 2017 la población sumó nueve años a su promedio esperado de vida. La tendencia ahora es diferente.
Capitalismo salvaje
Las “muertes por desesperación” revelan un enorme problema de salud mental en Estados Unidos, según María Oquendo, directora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania.
Señala que es cada vez más complicado para el ciudadano promedio acceder a servicios de salud. A esta deficiencia se suma la llamada crisis de los opioides, provocada por el abuso de medicamentos de venta controlada y por la irrupción del fentanilo, opioide sintético.
Y el creciente número de suicidios y muertes por sobredosis obedece también a factores socioeconómicos, según los académicos de la Universidad de Princeton, Anne Case y Angus Deaton. La pareja acuñó en 2015 el término “muertes por desesperación”, que son las que están directamente vinculadas al actual modelo rapaz del capitalismo en Estados Unidos.
En una entrevista de mayo pasado en el sitio de información TruthOut, Noam Chomsky citó los estudios de Case y Deaton y destacó que las “muertes por desesperación” coinciden con la aplicación de políticas neoliberales en Estados Unidos, definidas como privatizaciones, supuesto libre mercado y contracción del Estado.
Las cifras actuales de desempleo en Estados Unidos, según Chomsky, ocultan además a las personas que se rindieron en su búsqueda de trabajo.
Un análisis más cercano a la realidad arrojaría que 28% de la población afroamericana está desempleada, de acuerdo con el economista John Komlos, con base en un análisis detallado de la información del Departamento del Trabajo. Así la población blanca en Estados Unidos, en especial la menos favorecida, vive en condiciones cada vez más parecidas a las de los afroamericanos, una comunidad históricamente marginada.
“Hay una profunda desigualdad en este país. Tenemos enormes diferencias en indicadores de salud entre ciertas poblaciones étnicas y minorías, y eso es una tendencia sumamente preocupante en sí misma, considerando que somos uno de los países más ricos del mundo”, afirma Benjamin Miller, director de estrategias del Well Being Trust, organismo civil que financió el estudio “Abuso de alcohol y drogas, y suicidio en la generación del milenio: un impacto devastador”, publicado el mes pasado.
Miller declara a Proceso que la supuesta recuperación económica refleja las disparidades históricas en Estados Unidos: “Tenemos una gran economía en general, pero si la analizas te das cuenta de que existe un horrible trasfondo en el que las brechas entre aquellos que tienen más y los que tienen menos van en crecimiento”.
Las tasas de suicidio en este país, al alza desde 1999, sugieren que los problemas que afectan a los ciudadanos promedio son de naturaleza estructural y afectan a toda una generación, en especial a los nacidos entre 1981 y 1999, según Miller: “Ese grupo demográfico tiene más probabilidad de haber nacido en pobreza que en cualquier otra condición social en Estados Unidos, y tiene más probabilidad de estar endeudado actualmente”.
Añade: “¿Cómo puedes ser feliz y aspirar a una vida con significado si constantemente tienes que preocuparte por tener un techo y mantener a tu familia? Tenemos graves problemas sociales en Estados Unidos, además de un deficiente sistema de salud”.
Otro factor de estrés es el costo de la atención médica para la mayoría de los estadunidenses, incluidos los adultos jóvenes, que puede hacer que las personas no busquen atención de manera oportuna. Aproximadamente una cuarta parte de los jóvenes de hasta 35 años no tienen cobertura de salud.
De acuerdo con el Centro sobre Pobreza y Desigualdad de la Universidad de Stanford, la desigualdad ha “aumentado sustancialmente” en Estados Unidos en los últimos 30 años, con niveles muy cercanos a los que precedieron a la Gran Depresión de los años treinta. Esa tendencia ha perjudicado en mayor medida a la gente de color.
Daniel Reidenberg, vocero de Save, uno de los mayores organismos civiles en Estados Unidos dedicados a la prevención de suicidios, dice al reportero que faltan recursos para entender las causas de este fenómeno y para atender a personas en crisis.
Estados Unidos gasta 90 veces más dinero en tratar el sida que en prevenir suicidios, pese a que es más la gente que se mata que la que muere por el VHS. Se invierten 20 veces más recursos en cáncer de mama, pese a que mueren por esta causa menos mujeres de las que se suicidan, e incluso se invierte más en contrarrestar la influenza.
A ese escaso gasto en prevención de suicidio se suma lo que Reidenberg llama “el efecto tsunami de factores económicos” que se enciman en Estados Unidos, un país rico, con economía en crecimiento, pero cuyos habitantes se encuentran cada vez más desesperados.

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