LUMPEN

quintaaIII

Los verdaderos tiburones de Sumatra no matan para vivir, atacan por el placer de reafirmar el territorio.

Les garantiza su supervivencia, el espacio vital de su poder.

Raymundo Cruz lo describió codicioso, demagogo y como un asesino potencial, un psicópata.

—¿Así de cabrón, Ray?

Se refería al Pico Ruiz.

—Muy hijo de la chingada… Peligrosísimo… Lo traté borracho, atusado y con dos putas en su mesa… Es irrespetuoso, culero, como todo gobernador…

—¿Y cómo supiste de la reunión?

—Mi general me lo confió para saber en qué pedo me metería… Los universitarios abusaron con sus marchas y desmadres… Nos chismearon que la guerrilla se había infiltrado y planeaban meter bombas caseras en algunas sucursales bancarias…

El Chiluca no cesaba de reír. Las cucarachas daban un espectáculo sobre el muro de adobe. Su libertad era absoluta. Salían y entraban entre los barrotes de la ventana que daba al patio central.

Nosotros —o sea, Raymundo y yo—, intentábamos no perder el hilo de la conversación.

Ser preso político tenía sus ventajas.

Y en mi caso, estaba involucrado en hechos condenados a ahogarse en sangre por mis adversarios naturales de la derecha enfermiza.

La ideología fascista convirtió a los propietarios del capital privado en los promotores del rencor vivo.

Freud y Marx visualizaron a mis enemigos políticos desde la perspectiva de una cama de hotel.

La marcha de los universitarios reafirmaría la tesis de Wilfrido Robles:

—Hay tiburones benignos que equilibran el ecosistema y debemos alimentarlos y protegerlo. Los otros, los que andan en grupo para resistir y destruir —como la peste comunista—, tienen que ser contenidos: servir de ejemplo para que su especie, radical y violenta, se pase a las filas del orden y progreso.

El Chiluca lo arremeda con mofa:

—Entre más grande es un tiburón, es menos carnívoro… Y la ballena es un tiburón y llega a medir hasta veinte metros… Mi brother fue pescador y terminó en la barriga de un tiburón blanco… Tenía fijaciones por ese culo escuálido…

—Así son esos burócratas de izquierda  —dice Ray Cruz—, Siempre viven del dinero público y vomitan mentiras…

El general Torres lo había amamantado de un odio irracional al comunismo. No entendía un carajo del verdadero propósito de esa doctrina política. Arrojaba la misma hiel pestilente de su protector, un ultraderechista con estrellas de general.

—El comunismo es totalitario, ateo y promiscuo. El líder es un méndigo burócrata que te dice lo que debes hacer… En nuestra sociedad de libre mercado, un comunista es pobre, pendejo y güevón…

El general Francisco Torres es su ejemplo a seguir.

Hizo carrera militar bajo la sombra del general Saturnino Cedillo, en sus tiempos de Secretario de Agricultura y Fomento del presidente Lázaro Cárdenas.

Torres tenía 19 años y era subteniente.

En 1938 Cedillo se levantó en armas (financiado por los alemanes nazis) y al año siguiente lo ejecutaron los militares cardenistas.

La semilla del fascismo involucionó en el futuro Secretario de Seguridad Preventiva de Ticuan. Lo convirtió en el mentor privilegiado de sus incondicionales.

Raymundo Cruz aprendió a desechar cualquier principio ideológico aplicado desde el poder público para erradicar la miseria.

Y yo sin ánimo de contradecirlo, le metía candela:

—Los pobres son pobres por guevones y estúpidos y el dinero por eso se inventó para estar en manos del más cabrón guevudo y listo…  y usted Ray es un guevudo y mucha pieza…

La cárcel nos hermanaba.

Y mi cobardía era evidente.

¿Qué podía hacer un tipo flacucho, de cara fláccida, de alcohólico, y unos anteojos remendados con cordón de calzado?

Los compas del Movimiento 2 de Octubre me olvidaron en la chirona. Durante la última visita de Rosa Méndez y Genaro Fragoso me vi obligado a reclamar:

—Estoy aquí por ustedes —les recordé.

—Por la causa, Evelio…

—¿Y que han hecho por sacarme de este encierro de mierda?

—No debemos distraernos —Rosa aclaró mis dudas sin soltarme las manos—. Estamos construyendo un nuevo país, el de la clase proletaria…

—¿Y en cuanto tiempo estaremos en Palacio Nacional?

—El tiempo que sea necesario —acotó Fragoso apretando el ceño y limpiando sus espejuelos con un sucio pañuelo rojinegro—. La derrota es la madre del éxito y cada fracaso nos hace más listos. Y Mao Tse Tung jamás se equivoca, camarada.

Y ahora el Chiluca y Ray Cruz, dos verdaderos hijos de la gran puta me adoctrinan en el arte de la sobrevivencia. Son Lumpen desde la cabeza a los pies y tienen las manos manchadas de sangre inocente, soñadora.

El Che tuvo la fortuna soltar pajuelazos en Cuba y Bolivia sin pisar la cárcel.

De ahí su clara consigna de llevar la revolución en las entrañas y no en los labios para morir por ella.

Los dos ecologistas de la Costa baja tal vez nunca se mamaron sus libros. El Chiluca los hizo mierda a machetazos. Primero les baleó las piernas con una Cuerno de chivo y después los tasajeó. Muy a su estilo.

HEMEROTECA: teveespectaculos

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