SEPTIEMBRE

sommus portada-SUEÑO 18/I

El tasajo del sueño. Es posible hacerlo, pero en  sesenta y cuatro gajos. Ni uno más, ni uno menos. El recuento te impide desembarazarte de la somnolencia.

Y pronto se colgará en tus párpados la aurora.

 1.- El golpe con mano abierta. 10:45 de la mañana. Sanatorio Durango (Distrito Federal). Sin retorno. L, la madre, sudorosa; F, el padre, ajeno al suceso. Domingo 4 de septiembre. Parto de huracanes. En puerta, un golpe de estado en Argentina: Revolución Libertadora. El presidente Juan Domingo Perón traicionado por militares bajo el mando del teniente general, Eduardo Ernesto Linardi.

2.- Primeros pasos. La ciudad intocada. Estruendo vial, llanto, chupeta y teta. El cantante y actor de Guamúchil no cesa de arrojar boleros desde el tocadiscos Motorola, de chapa beige. L frente al televisor. Sus cuatro vástagos la acompañan: dos niñas (EL y M) y dos niños (S y E).  E, duerme y escucha. E viaja a la sierra y un manto de niebla lo cobija. El tendero, su abuelo paterno, lo carga en sus huesudos brazos y le regala una cemita.

3.-Internado de monjas. Rezos, incienso, orines. S, Ángel de la guarda y hermano de E. El Ángel de la guarda y E prisioneros del mismo espacio. Huérfanos. El nombre en la arcada de hierro: San José de la Montaña. L y F distanciados. G, bajo la anuencia del hada madrina, sustituye a L. Nace O. Luto en el gremio artístico. El ídolo de  L  muere en un accidente aéreo.

4.-Reglazos en los pies, escándalos recurrentes, olores penetrantes a yerba seca quemada y portazos. Humedad y ronroneos. La despedida definitiva de F. E y S en la misma prisión de crucifijos y rosarios. El Te Deum (A ti Dios) retumba en el dormitorio de cien literas. No hay escape.

5.- E es liberado por F, su padre. De Querétaro a Poncitlán. Es separado de S, su Ángel protector de seis años. E conoce a G, conyugue de F. Los perros ladran furiosos y el televisor ahoga el llanto de E. Yanco, de apenas nueve años, muere ahogado en Xochimilco sin soltar el violín del viejo maestro. Es el primer drama cinematográfico que visualiza E, bajo la supervisión de G. El Jeep de F recorre los valles de Ocotlán. Nunca se despega del teodolito, la libreta de bolsillo y la cinta métrica.

6.-Traslado al corazón de México. El paraíso de las rosas de la vieja casona inunda de fragancias a los recién llegados. E recupera los olores de ciudad y, en los interiores de la colonia Roma, enfrenta a reglazos a sus enemigos imaginados. El héroe encapuchado, de apenas seis años, termina en el exilio. Previo al viaje es despedido por F a golpes. De mano de su tía, una pesada bruma lo recibe y besa. Lo arrulla el gélido abrazo de la humedad. El héroe espadachín tiene nuevos adversarios, todos serranos. El pueblo H, levantado en la cima de la montaña, acoge a cinco mil paisanos de mejillas cárdenas. Son andarines compulsivos, ensombrerados y envueltos en jorongos de lana cruda o rebozos de hilaza. No faltan el cura, el militar, la chamana, el narco, el cuatrero, el profesor, el comerciante, el alcalde y el partido político tricolor.

7.-La letra con sangre entra. E recorre la húmeda llanura y en el bunker del saber le dan la bienvenida. La Patria, lábaro patrio en mano,  es la responsable de educarlo. Fonemas y grafemas invaden el subconsciente de E. Declina en su afán de ser espadachín. En su morral, junto a los libros y cuadernos, carga un trompo, una bolsa de canicas y una resortera. La tía y el tío lo procuran y protegen. La bosta, la paja y el templo católico forman parte de su entorno. Excélsior, un periódico de papel maderable, envuelve a E y lo levita. Por primera vez, el infante de botas de hule y manga amarilla, sobrevuela por territorios extranjeros. Su tía le presenta, en forma de revista, al partero de El viejo y el mar, un tal Ernesto. Es dipsómano y cazador de elefantes.  El libro y la radio sustituyen al televisor.

8.-La pandilla salvaje es ajena al rastrillo de afeitar, la colt 45 y la escopeta de perdigones. Todos escolapios, traviesos y vivaces. Las frondas de los manzanos, olmos y ciruelos alimentan sus sueños de aventura. No hay límite en aquel paraje de bosques en penumbras y un ondulante tapiz de hojarasca, acículas secas y piñas doradas, como granadas letales. Los chamacos abrevan en los arroyuelos y la llanura saturada de charcos y ranas. Nada es salado. Predomina lo dulce: miel silvestre, chiluca con piloncillo y caña de azúcar. En H predominan los perros de costillar esquelético, la mula rejega y el asno de carga. El tío de E cabalga los fines de semana un cuaco blanco de gran alzada. El Rayo de plata surca las laderas y despeñaderos de caolín. E tiene el encargo de alimentarlo. Lo mismo hace con Trueno, el jamelgo de las carreras parejeras de doscientas varas. Negro como la boca del infierno. Los cinco rufianes de la pandilla salvaje, e incluyo a E, se han hecho expertos en matar codornices, ranas y nauyacas venenosas. Durante el receso, leen historietas ilustradas y cantan corridos de la revolución mexicana. Lo hacen bajo la sombra de un gigantesco oyamel. El ruido de las chachalacas alerta a las ardillas y conejos. E tiene ocho años de edad. Desconoce que en el cine acaba de debutar un agente ingles con licencia para matar: James Bond, 007. Su héroe del momento, por sugerencia de la radio, es Kalimán, el hombre increíble.

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