¿DO YOU CLAIMANT REFUGEE?

fusiladosEPILOGO

Eduardo fue llamado por una juez migratoria. En la carta comprobó que el lunes 14 de diciembre, a las nueve de la mañana, seria interrogado. Su caso de refugio político quedaría finiquitado ese día. De no ser convincentes sus argumentos, le darían una patada en el trasero. Y, de ser así, la deportación sería inminente.

El paralegal, a última hora, traicionó a su cliente.

Eduardo lo buscó por teléfono. La respuesta de la secretaria era la misma:

—Está fuera de Toronto…

—Pero ya tengo la fecha de mi appointment, señorita —alegó Eduardo.

—No se preocupe, la notificación tambien la recibe el bufete…

—¿Qué hago entonces?

—Ir a su cita y el licenciado enviará a un representante y al paralegal para que lo interprete…

El día llegó.

Eduardo escaló presuroso los escalones del edificio del Tribunal de Determinación de Refugiado. En el salón asignado fue recibido por un guardia que leyó la carta de la cita y confirmó las identificaciones oficiales del recién llegado: credencial de salud y hoja marrón del Ministerio de Ciudadanía e Inmigración con fotografía.

— You wait in that room —dijo el uniformado de tez blanca y señaló una puerta.

Eduardo se internó en el lugar indicado. Un amplio salón bien iluminado. Parte del decorado: larga mesa con tres sillas y tres micrófonos, sillón negro acolchado y atril.

Una mujer joven, con ojos desmañanados y vestida de blanco, aguardaba al solicitante de refugio político.

—¿Eduardo…?

—A sus órdenes…

—Soy su intérprete…

—¿Viene del despacho de abogados?

—No, me contrata el Tribunal… Me imagino que tambien su abogado vendrá y se apoyará con otro interprete…

Exactamente a la hora acordada, la juez, en toga negra, se hizo presente. Después de tomar asiento, preguntó:

—¿Está presente el abogado que representará al señor Eduardo…?

Eduardo, respondió:

—No.

La interprete, repitió:

— He is not present…

La jueza pidió el consentimiento de Eduardo para que el interrogatorio se realizara sin la presencia de su abogado. No hubo objeción.

La audiencia duró seis horas con un receso de cuarenta y cinco minutos. La intérprete hizo su trabajo con profesionalismo.

Después de responder las dudas de la jueza, Eduardo tuvo que abandonar la sala y retornar una hora después para recibir el veredicto final. Eduardo presentó pruebas contundentes del motivo de su demanda de refugio político por miedo fundado.

La juez, al retornar a su asiento de gran respaldo, leyó el dictamen. La intérprete lo repitió en castellano:

—Se le concede el refugio político…

La decisión, firmada por la juez, le fue entregada a Eduardo:

The Refugee Protection Division determines that the claimants are convention refugees and persons in need of protection and therefore the refugee protection division accepts the claims.

Mientras eso ocurría, un avión de AirCanadá tocaba tierra en el aeropuerto internacional de Toronto.

Los pasajeros descendieron y en fila india entraron al área de migración. Los aguardaban varios agentes uniformados para revisar sus documentos y, de llenar los requisitos, aprobar su ingreso a Canadá.

De los 126 pasajeros, 39 eran ciudadanos mexicanos. No necesitaban visa para internarse al país del maple.

Canadá y Estados Unidos, en diciembre del 2004 firmaron el Third Safe Country Agreement (Acuerdo del tercer país seguro) para evitar que los recién llegados por tierra demandaran asilo político.

Colombianos, argentinos, paraguayos y cubanos fueron los más afectados por la medida. Tendrían que permanecer seis meses o un año en Estados Unidos, casarse y buscar la residencia en ese primer país para posteriormente continuar su travesía.

Los agentes migratorios eran seres omnímodos frente  a los interesados en ingresar al país como turistas o estudiantes de inglés. No así con los solicitantes de refugio.

Elvira Carbonera, oriunda de la Ciudad de México, no logró disimular su nerviosismo al llegar a la ventanilla y enfrentar el rostro adusto de la agente afrocanadiense que exigió su pasaporte.

Tu sostente en tu verdad y será un juez quien te deporte, no ellos”, recordó las palabras de su hermana, radicada en Toronto.

Veinte mexicanos recién llegados fueron forzados a tomar asiento y aguardar una nueva entrevista con los agentes migratorios.

Elvira estaba dispuesta a solicitar refugio.

Los otros pasajeros traían en sus manos los boletos de vuelo y el contrato de una agencia turística para visitar los casinos del Niagara Falls y dormir en un hotel de cinco estrellas de Toronto.

—¿Qué viene hacer usted en Canadá? —preguntó la mujer en inglés.

—Vengo a refugiarme porque quieren matarme en mi país —contestó Elvira en castellano.

—¿Do you claimant Refugee?

—Yes, I do.

La agente migratoria llamó a uno de sus compañeros, alto y cárdeno. Le pidió que aislara a la mexicana.

Elvira fue esposada y trasladada a un pequeño cubículo de madera.

En esos instantes, de angustia y miedo, sintió que su custodio la trasladaba a un paredón de fusilamiento.

HEMEROTECA: tvnotas

 

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