LAS PICARDIAS DE PORFIRIO

Por Jesusa Cervantes/Apro

porfisPorfirio Muñoz Ledo activó y desactivó una bomba que tenía la capacidad de desatar una crisis institucional. La pretensión de modificar la Ley Orgánica de la Cámara de Diputados para que Morena se quedara seis meses más en la presidencia de la Mesa Directiva causó reclamos dentro de Morena e insultos e injurias de la oposición; también provocó el regaño presidencial porque le estaba lloviendo al gobierno. Cuando la situación estaba por alcanzar su punto de ebullición, Muñoz Ledo reapareció en el pleno y pidió la palabra: “Vengo a anunciar mi retiro…”
“Los diputados no quieren a un panista en la Mesa Directiva, señor presidente”, dijo en corto Mario Delgado a Andrés Manuel López Obrador. “Es sólo una foto”, respondió con desgano el mandatario, con lo que pareció no darle mucha importancia.
Concluía el encuentro entre diputados y senadores de Morena con el presidente la tarde del jueves 29 de agosto.
El mandatario no vio venir el laberinto de descrédito en el que se adentraba su partido, la crisis institucional que tocaba a la puerta y las injurias que recibiría Porfirio Muñoz Ledo.
Cinco días después, pasado el mediodía del martes 3, Muñoz Ledo pensó en voz alta, como acostumbra: “¡El presidente está encabronado!”
Diputados presentes lo recuerdan como un comentario al aire; dicen que no llevaba dejo alguno de preocupación. “Sólo fue una expresión, pero no entendimos a qué se refería”.
Horas después llegaron a su oficina Mario Delgado y la vicecoordinadora del grupo parlamentario, Tatiana Clouthier, quienes vía telefónica habían escuchado el reclamo de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, sobre el daño que hacía al gobierno la pretensión de modificar la Ley Orgánica de la Cámara de Diputados para que Morena se quedara seis meses más en la Presidencia de la Mesa Directiva.
En tono imperativo, Clouthier le sugería renunciar a la idea de mantenerse seis meses más en la Presidencia de la Mesa; más suave, Delgado lo conminaba a retirarse de la pelea.
Mientras tanto, el salón de plenos borboteaba y estaba a punto del estallamiento político: Muñoz Ledo era tachado de “espurio”, Andrés Manuel López Obrador de “tirano” y los integrantes de la coalición de “lacayos”. La situación política era complicada; incluso el presidente de la República estaba enojado por el tono que iba tomando la discusión en San Lázaro.
“Porfirio, esto no puede seguir así”, le repetían una y otra vez.
Clouthier sugería hasta qué decir para salir lo mejor librado posible: “Di que dejaste la sesión para reflexionar, que tú no eres un hombre de ambiciones y retiras tu nombre”.
Delgado, coordinador parlamentario de Morena y quien mantiene un acuerdo político con Ricardo Monreal, coordinador del Senado de la República, soltó preocupado:
“¡Además, imagínate que no ceda Monreal y nos dé una cachetada de dignidad no aprobando esta ley!”; luego dijo: “el presidente está enojado”.
Pero era más de la mitad de la fracción morenista la que pugnaba por la reelección y decía no al PAN. Aunque Muñoz Ledo no lo veía con malos ojos.
Lo dejaron solo
La idea de que Muñoz Ledo se quedara en la Mesa surgió de la diputada Dolores Padierna, quien despertó las ambiciones morenistas cuando en la Comisión Permanente propuso modificar el Artículo 17 de la Ley Orgánica de la Cámara de Diputados.
El planteamiento era que se quedara los tres años quien tuviera la mayoría absoluta, es decir Morena.
En el PAN no gustó la propuesta, pues por ley le correspondía a él dicha posición, luego de ser aprobado por las dos terceras partes de la Cámara, y el tercer año seguiría el PRI.
El tema se llevó a la plenaria de Morena el 31 de agosto y durante el análisis de cuándo y por qué se cambió la ley, llegaron a la conclusión de que fue en 2006. Y es que después de que Felipe Calderón “le robó a López Obrador” la Presidencia de México, en la Cámara se modificó la ley.
Desde el punto de vista de los morenistas fue el acuerdo político al que llegaron PAN, PRI y PRD para distribuirse el poder en la Cámara de Diputados a cambio de dar legitimidad a Calderón y dejarlo ingresar a San Lázaro para que tomara protesta como presidente.
Pero ahora la situación era diferente y el tabasqueño había ganado abrumadoramente la Presidencia, mientras que Morena y sus aliados hacían juntos las dos terceras partes de la Cámara de Diputados.
El argumento era convincente para muchos. “No tenían por qué acatar leyes de los neoliberales, leyes de la usurpación de la Presidencia y que se hicieron para repartirse el poder en San Lázaro entre PAN, PRI y PRD”, relata una de las diputadas.
Así, tres cuartas partes de los morenistas se pronunciaron por modificar la ley. Pablo Gómez, Tatiana Clouthier y cerca de 50 legisladores más estaban en desacuerdo.
La fuerza morenista y la certeza de que tenían razón llevó a rechazar, el 31 de agosto, con 259 votos, la planilla del PAN para presidir la Mesa Directiva.
El martes 3, el coordinador del PAN, Juan Carlos Romero Hicks, dijo en tribuna: “Hoy no es un buen día para la democracia. Morena no cumple los acuerdos ni cumple la ley”.
Surgió entonces el grito de la injuria contra Muñoz Ledo: “¡Espurio, espurio!” Aunque leve, el grito tomaría mayor fuerza días después, pero no la suficiente para que Muñoz Ledo dimitiera.
Tampoco fue suficiente para quienes lo respaldaban el regaño de Olga Sánchez Cordero, quien por teléfono les dijo que lo que estaban haciendo perjudicaba al gobierno: “Nos está impactando mucho negativamente lo que ustedes están tratando de hacer de cambiar la ley de un momento a otro. No puede ser así. El señor presidente, acabo de hablar con él, me dijo: ‘Nos está perjudicando mucho lo que está sucediendo en la Cámara de Diputados’”.
Se sumó la advertencia que cerca de las 16:00 horas hizo el coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, de que no contaba con los votos suficientes para avalar dicha reforma.
Por ello alertó de una parálisis legislativa, lo que implicaba que si López Obrador enviaba una reforma constitucional, difícilmente establecería alianzas para lograr las dos terceras partes de los votos, ya que por sí solos, Morena y sus aliados no los tienen en el Senado.

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