FULANO DE TAL

la langosta portadaAhora resulta.

Viviana encoje los hombros, desnudos y frescos, y no suelta la caja registradora. Pech repite su dicho:

—Borracho que come miel, pobre de él…

Fulano de tal, porque así lo llama, insiste:

—Hoy solo lechita, paisano…

Yo, del otro lado, no suelto el cuchillo. Las cebollas completas, en corte juliana, reposan, todas mochas en un platón. Prosigo la faena con las zanahorias y las papas. Tres o cuatro kilos serán suficientes.

—El que tiene sombra, segurito que ama el sol —devuelve Pech, en playera rayada (a la Pepe el Toro) y gorra de pescador.

Fulano de tal contraataca:

—La misma chola con diferente calzón…

El tipo es de Cuzco y bebe pisto hasta quedarse dormido en la mesa. Hoy es distinto. Lo dijo desde que empujó la puerta y metió su carota inca en el bar.

—Vengo con ganas de chinchar —exclamó al ver a Pech con la escoba accionada.

Este viernes, La Langosta tiene algo nuevo que celebrar: el cumpleaños de Silvia Quijano, la novia de Pech. Es limeña y duerme en la misma cama del peruano. La relación empezó en mayo y parece que va en serio.

Me comprometí a preparar un caldo de camarón o de gambas. Pech compró cinco kilos en un supermarché chino, el de la Plaza Côte-des-Neiges. Once dólares por kilo.

El epazote seco lo conseguí en una tienda latina de la Jean Talon. Mi receta es única. Es lo que pregono, pero en realidad la pesqué del YouTube.

—El secreto está en el sazón, hijo —repetía mi madre.

Y le creo.

La cocina es como un encordado de box. Ahí todo puede ocurrir. Los dos fajadores van a lo que van, pero cada uno tiene su estilo, su punch. El final debe sorprender.

Lo mismo ocurre en la cocina.

En mi caso, tengo una ventaja. El alcohol entume las papilas gustativas y se pierde el placer de los sabores.

Fulano de tal no traía la arrechera en la sangre. Por el contrario, dúctil como un trozo de mantequilla. Ni siquiera hizo alardes de querer vaciar los alambiques.

Llegó en son de paz y con un regalo en la mano.

—Tenga, camarada —dijo al saludar al paisano—, para la paisana, la madre de mis hijos…

Silvia lo invitó de buen modo. Se lo advirtió a Pech.

—El innombrable es mi causa —se sinceró la camarada— y aunque no suelta la guita, se encarga de nuestros hijos. Ellos la pasan bien a su lado…

En una cazuela de peltre metí las cascaras del camarón. Nada se desperdicia. Las freiré con la cebolla, el ajo, el tomate y los chiles guajillo y de árbol. Después, la  plasta terminará en el vaso de la licuadora. Y finalmente, el menjurje colado en la gran cacerola con agua, consomé de pescado en polvo, verduras y epazote.

Los camarones cerrarán el círculo culinario. No deben cocerse en demasía para evitar que pierdan su consistencia.

Como se darán cuenta, el pote es fácil de preparar.

Y yo, en lo mío.

Del lado externo, en lo suyo, bolos, bagres y el dadivoso de Pech.

Los socios de leche —Pech y Fulano de tal— aguardan el arribo de la susodicha Silvita Quijano.

La botana llegará a las mesas, después del corte de la torta y la canción de cumpleaños.

Una gringada con toque hispano:

 Feliz Cumpleaños, a ti,

Feliz Cumpleaños, a ti,

Feliz Cumpleaños Silvia

Feliz Cumpleaños a ti.

Los mexicanos son más inventivos y poéticos.

—No se gana, pero se goza… —repite Fulano de tal ahorcando el vaso de leche a medio llenar.

No es broma.

Viviana continúa engarrotada frente a la caja registradora. Falcón la tiene pisada. Llevan dos semanas alejados uno del otro.

Lo del argentino caló y hondo.

El vicio inyectó su dosis de maldad.

Según Viviana, un comando de hijo e putas abordaron al paraco y le leyeron la cartilla del buen ciudadano.

—O te calmas o te calmamos…

Los sujetos, del mismo corte que Olivares, iban armados. Las fuscas aletearon en sus manos.

—Lo bueno es que no le dieron su tiestazo —confesó Viviana.

La arrocera eléctrica hizo su parte. Temí que reventara por el sobrecalentamiento.

En la comilona habría suficiente grano para alimentar a la concurrencia.

La parábola de los panes y peces se repetiría en La Langosta.

Y yo, como buen chapín, en mi papel de dador.

El asunto de Irma y nuestro chamaco, me obligó a pintarle raya al pisto y la cerveza.

Debo tener limpia la mollera.

Quien no llora no mama.

Eso supongo.

HEMEROTECA: Quien domina el mundo – Noam Chomsky

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