PIENSO EN TI

goteo portadaPIENSO EN TI/I

Hace frio, desconozco si enfrentas la misma sensación en tu territorio.

Tú me leíste e imagino que allá, donde estés, existe calor de familia… o de abandono.

Los viejos terminamos conectados a la esperanza de morir tranquilos.

El televisor continúa encendido.

La misma expresión de tedio enfrenta al periodista. Es el primer ministro provincial hablando de los problemas de Quebec.

Cada dirigente termina su mandato en una cama y con la boca abierta.

Hablaron tanto durante su trajinar de poder que los huesos de su mandíbula son un desastre.

Tenemos 206 huesos y solo dos permiten el habla: los maxilares.

En breve se abrirán las puertas del otoño.

L’automne.

Campanazos certeros al emitir la palabra compuesta.

Lutón… lutón… lutón…

Y sin la L: utón… utón.. utón…

Donde repto, al fin escuálido veneco, debo abandonar mi fango y meterme en la madriguera del infierno.

Pienso en ti Alba, donde estés…

—o—

PIENSO EN TI/II

Tengo que abandonar el bar.

Los doce taburetes siguen anclados en la duela. Soy el último en ocuparlos.

—Dans dix minutes, mon ami…

Del lado contrario de la barra, la misma mujer de rostro deslavado y pelo rubio, en chongo.

Me gusta.

Es atrayente, a pesar de su falta de sueño y maquillaje.

La ajustada playera negra enfrenta el riesgo de desgarrarse. La ausencia de sostén, destaca el potencial de sus grandes y maduros pechos.

— ¿Pouvez-vous servir le dernier? S’il vous plait…

— La dernière, Gil —advierte.

El vaso tequilero vuelve a tomar la tonalidad del agua.

Fue una noche de ausencias. Falté al trabajo. No tuve ánimos de meterme el overol y durante ocho horas alimentar de polvo plástico la máquina que fabrica tablas para cercas de jardín.

Miro el reloj de pared.

Tendré problemas para el regreso.

El último tren subterráneo corre a la una y media de la mañana. L’Horizon cierra sus puertas a las dos.

He enfrentado el mismo dilema en otras ocasiones. Durante dos horas tendré que caminar en la semioscuridad.

Anne me obsequió dos cigarrillos de tabaco. Siempre lo hace. Sabe que no fumo, pero prefiere achicar su cajetilla.

Meno viccio, compa(d)re —dice en un mal castellano.

La avenida Jean Cartier es ancha y solitaria. Los árboles son sombras en movimiento. Hay aparadores que semejan jaulas vidriadas, sin iluminación.

—Merci, Anne —musito y aparto mi trasero del taburete.

El espejo me permite observar unos segundos. Tengo las marcas del cansancio en la cara, marchita y pomulosa. El suéter es holgado y cubre mi delgadez, casi mortuoria.

El pelo es plateado e invade mis labios.

Salgo del local casi encogido.

— Que Dieu vous bénisse, mon ami —escucho a mis espaldas.

No es fácil tirar a borda una relación de tantos años.

Jessica murió en el hospital, sin yo acompañarla en los últimos segundos de su vida.

Pretexté ir al trabajo. Jamás imaginé que en ese preciso día, el corazón de Jessica dejaría de latir.

Alba tuvo que despertarme al repicar el teléfono portátil.

— On parle de l’hôpital, il faut le présenter de toute urgence…

La voz de la mujer parecía alterada.

De inmediato presentí lo peor. La diabetes pudo doblegar la fortaleza y lucidez de mi mejor amiga y compañera de ruta.

—o—

PIENSO EN TI/III

El golpeteo de la tristeza.

Clap… clap… clap… clap…

La carcajada del renacuajo que desayuna rodeado de malandros.

—Jarj… jarj… jarj… jarj…

Casi se desprende del asiento.

Percibo los brincos del minutero de pared.

—Tic… tic… tic… tic…

Y el paso de los autos y gritos de algunos chiquitines.

—Rrrrrrr… Rrrrrrr.. Rrrrrrrr… Rrrrrrrr

—¡Arrêt !

—¡Fait attention !

—¡Regardez Maman, il y a crème glacée à la vanille!

El Tim Hortons es el atracadero de las bestias hambrientas y depresivas.

La decisión está tomada.

Me encerraré en la toilette de damas, es el menos visitado.

Por el momento, el valor escasea. Pienso en mis hermanos.

Jessica me hizo prometer que jamás atentaría contra mi vida. Pidió que rehiciera mi vida afectiva.

—Tienes derecho a ser feliz —dijo en su cama sin soltarme la mano.

En un año entro a la lista de pensionados, después de tres décadas de joda diaria.

Alba no dejará a su marido e hijos. En noviembre dejan Montreal. Clint se ha jubilado y odia la nieve.

Termino mi porción de café e intento levantarme de la mesa. Una mano toca mi hombro. Levanto la cabeza y no doy crédito.

Es Anne…

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