¡ATACA DE NUEVO!

chacal portadaEPILOGO

Agotado, retorné al departamento. Era de noche. En los instantes que metía la llave en la cerradura de mi cuarto, Juan, el colombiano, me abordó en calzoncillos y con su escandaloso acordeón al cuello.

Por el tufo picante de su aliento, y el intenso y rojizo brillo de los ojos, intuí que andaba marihuano. No me sorprendió. En San Francisco, California conocí a un sacerdote cuarentón, afín al alcaloide.

“Despierta mi espiritualidad religiosa y me acerca más a Dios”, insistía, mientras desyerbaba los maceteros con cannabis savia.

En el sótano del templo construyó su singular e ilegal hortaliza, donde amontonaba a los santos de yeso, dañados por la humedad.

—Rogelio dijo que checara el periódico de hoy, señor; se lo dejó en la mesa de la cocina… —dijo Juan, somnoliento y de inmediato volvió a encerrarse en su habitación.

No tiempo tuve de agradecer el favor.

Intrigado busqué el rotativo. Efectivamente ahí estaba, junto a un mensaje escrito en el reverso de un sobre manila.

“Me habló por teléfono su hija y dijo que le comprara el periódico de hoy porque trae una noticia muy desagradable para usted, señor Valdez. Rogelio”.

En mi habitación, después de destapar una lata de cerveza, observé el tabloide. No tuve necesidad de hurgar en sus interiores.

En la portada, a grandes titulares, leí:

¡EL CHACAL ATACA DE NUEVO!

Y en el cintillo:

¡Su casero fue la víctima; lo castró y arrancó los ojos!

Una fotografía de Oscar Naranjo era reproducida en un cuarto de plana.

No daba crédito, pese a tener el periódico entre mis dedos. Bulleron los recuerdos vivos con el personaje, amigable y solidario.

Tuve urgencia de defecar. Las piernas se me aflojaron.

La extensa nota de la página ocho confirmaba algunos hechos de los que era ajeno:

Oscar, en realidad se llamaba Aarón Lautaro y le apodaban El Chacal. Tenía treinta seis años de edad y estaba involucrado en varios homicidios.

La policía recomendaba denunciarlo, en caso de cualquier avistamiento, por tratarse de un peligroso asesino.

HEMEROTECA: O. C. Tomo 3 – Vladimir Il’ich Lenin

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