MÉXICO EN SU ENCRUCIJADA

hablemos cabezalEl sábado 19 de octubre, Donald Trump habló por teléfono con el presidente Andrés Manuel López Obrador, en presencia del secretario de relaciones exteriores, Marcelo Ebrard. Ocurrió dos días después de la balacera en Culiacán.

La llamada tranquilizó los ánimos de la oligarquía nacional y a los accionistas de las trasnacionales. Por ende, le taparon la boca a sus voceros políticos.

Quedó claro que López Obrador, a diferencia de los ex presidentes Salinas, Fox, Calderón y Peña, es honrado y no tiene ligas con el crimen organizado.

Netflix, en su serie el Chapo, evidenció esas ligas de los ex mandatarios mencionados. Lo mismo quedó registrada esa connivencia en libros, revistas y periódicos.

De no ser así, la CIA y DEA hubiesen impedido tal encuentro telefónico.

Los acontecimientos de Culiacán —jueves 18 de octubre— demostraron que el crimen organizado aun cuenta con importantes aliados en el poder judicial, gubernaturas, fiscalías, cuarteles y cuerpos policiacos.

Incuestionablemente hubo un plan siniestro para intentar sabotear al gobierno que encabeza López Obrador.

El operativo de captura al hijo del Chapo, en horas de mayor tráfico humano, evidenció la perversidad de quienes tomaron la iniciativa.

Un día antes, el gobierno estatal, emitió un comunicado para que no se abrieran las escuelas públicas vespertinas. El pretexto: la presencia de un posible torrencial.

De igual manera, quedó demostrado que el narcoparamilitarismo es un poder real. No solo político, sino bélico.

Estudiosos del tema, aseguran que en México circulan no menos de quinientos mil sicarios o paranarcos.

Una veintena de cárteles los controlan. Tres son los de mayor calado, por su difusión y capacidad económica: del Pacifico, Jalisco Nueva Generación y Los Zetas.

El narcotráfico en México mueve 600 mil millones de pesos al año. Parte del dinero es trasegado en sucursales bancarias del mundo y paga protección en los tres poderes de gobierno.

Sin el visto bueno de la DEA sería imposible la presencia de los capos.

El narcotráfico, por esencia es anticomunista. Por lo tanto, tiene una función política para el gobierno estadounidense.

En la década de los ochenta, el narcotráfico mexicano y colombiano le hizo el trabajo sucio a la CIA. Esta utilizó el dinero de las drogas para armar a los contras de Nicaragua.

Un millón de hogares mexicanos han padecido el flagelo de las ejecuciones y desapariciones de sus seres queridos.

López Obrador, en ese jueves negro, optó por evitar una masacre en Culiacán.

La libertad del hijo de un capo en desgracia nada valía frente a las vidas humanas que estaban en juego.

Los narcoparamilitares se hicieron de rehenes —ocho militares en servicio— y amenazaron con ejecutarlos.

Y para evidenciar que no dudarían en su propósito, filmaron una ejecución y le enviaron el video, vía Internet, a un periódico gringo.

La misma acción la aplicarían con familiares de militares radicados en Culiacán.

De paso, iban dispuestos a balear a personas inocentes que se cruzaran en su camino.

En Colombia, durante el gobierno de Álvaro Uribe, surgieron grupos armados de autodefensa. Todos anticomunistas. Y nada cambió. Por el contrario, a la fecha, el negocio del narcotráfico va in crescendo.

Los paramilitares, en realidad son utilizados para asesinar a luchadores sociales.

Desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el territorio mexicano ha sido minado. El narcoparamilitarismo tiene presencia en todo el país. Su poder bélico es desmesurado.

Los capos han contratado a instructores de todos los ejércitos de élite del mundo. De ahí su eficacia.

En el país viven sesenta millones de pobres y miserables. Suficiente ejercito paramilitar de reserva.

El mayor reto que tiene López Obrador es intentar moralizar a las fuerzas armadas y cuerpos policiacos.

En esta cruzada debe mejorar las condiciones de vida de los marginados e involucrar a los padres y abuelos en la educación y protección de sus descendientes sanguíneos.

El poder factico, por su propia sobrevivencia, debe contribuir en ese propósito moralizador.

López Obrador es humanista. Difícilmente, como comandante supremo de las fuerzas armadas, ordenará masacres, torturas o desapariciones de adversarios políticos o luchadores sociales.

La sociedad debe hacer su parte para contener el avance de las fuerzas criminales que anhelan retomar el control del gobierno federal.

Solo el pueblo salva al pueblo…

HEMEROTECA: narcotrafico unam

Chamuco – Narcotrafico Para Inocentes – El Narco En Mexico Y Quien Lo Usa

Valdes Castellanos Guillermo – Historia Del Narcotrafico En Mexico

Los carteles no existen – Oswaldo Zavala

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