LA BOTELLA

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El barullo exterior superó con eficacia al despertador del Dollarama.

La consciencia arribó en un horario indeciso y con la almohada babeada y oliendo a borracho.

La urgencia de orinar recuperó mi alma perdida en la oscuridad arcana. Me permitió captar algunas frases sueltas de Guito Baldan.

—…rarement… en deux jours… c’est vrei…ne manqué pas de transport…

Lancé madres.

En pantalón salí del cuarto y corrí al sanitario.

—Está ocupado, señor Venancio –alertó el italiano desde la cocina–. Mijaíl se está bañando…

—Vale…

Pensé en regresar al cuarto y mear en una botella vacía de vodka.

—Señor Venancio —volví a escuchar la voz de pito del casero.

—Dígame…

—Quiero presentarle a su nuevo compañero de departamento.

—Me visto y regreso.

Añoraba descargar la vejiga y tragarme un par de aspirinas.

El italiano y su acompañante reanudaron su charla.

Intenté recuperar imágenes de lo ocurrido en el bar, antes de terminar echado en mi cama, sin raspaduras.

Después de ser coparticipe de un espectáculo transexual, retorné a la mesa. Imparable la bebedera de cerveza.

Tenía la certeza de no haber intimidado con la mujer del cocinero.

Por lo tanto, alguien tuvo la generosidad de regresarme con vida al departamento.

Y comprobé que mi cartera no sufrió merma.

Retenía los ciento ochenta dólares y unas tarjetas de presentación de gente desconocida.

Y un detalle:

El libro de Sartre, propiedad del periodista mexicano, yacía en la mesa con una dedicatoria en la primera página:

Une bonne nuit, une seule, et toutes ces histoires seraient balayées. (JPS).

Tal vez no te diga nada ahora, pero lo entenderás cuando aprendas la lengua del filósofo. EY (juin/2012).

Llené la botella de orines.

En los instantes que me enfundaba la camisa, percibí el picante hedor de marihuana.

En esta ocasión fue el marroquí quien la fumaba, ante la complacencia del casero.

—Hijo e puta… —murmuré, apreté los puños y cerré los ojos.

Y como si se tratara de una tragedia Shakesperiana, el telón cayó y la oscuridad cubrió el escenario.

El tercer acto de mi vida en Montreal estaba por empezar…

Tercera llamada… Tercera…

HEMEROTECA: PRO4-2

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