PARAISO OLVIDADO

portada en la entrana del castorEn Montreal, antes de morir, dejo testimonio de lo que vi de chamaco en las retinas de la abuela.

No pude despedirme de ella.

Aun inhalo el picor del tofiate que estaba impregnado en la habitación.

—Los ojos son la puerta del infierno —sentenciaba la abuela, arrastrando sus pies de reumática—. Siempre vas a encontrar cosas desagradables. Nunca le creas a quienes te miran con remanso. Tienen el Diablo en las entrañas.

Yo heredé algunos de sus dones. Fue muy paciente en enseñarme a conocer el secreto curativo de las yerbas y el poder de las manos.

Los ojos son respiraderos naturales. Y a través de ellos nos encadenamos en los tiempos inmemorables.

Provenimos de un hombre y una mujer con un pasado marcado por la mar y el crucifijo.

En Huayacocotla aún es posible respirar el aire salino del Atlántico. La altura y distancia es lo de menos. Tuvimos cola de pescado y escamas.

La naturaleza construye una intrincada cadena volcánica que parte del palmar al enebro y del sílice al caolín.

El lugar, siempre húmedo, transpira un vaho pegajoso y pardo. Jamas desaparece el olor a ocote y olmo.

Pero debo centrarme en el tema. En la revelación hecha desde las retinas opacas de la abuela, semejantes a los ojos de una mojarra muerta.

Vi una caseta de cobro con varios policías que tenían en el pecho extraños distintivos que resaltaban su nacionalidad y oriundez.

Hablaban una castilla ajena a la de mis hijos.

Y entonces comprendí: la mexicanidad es un asunto perdido.

Cada estado terminó transmutándose en República.

Los habitantes del Estado de México serán toluqueños y los de Sinaloa, culichis.

2071:

El año pude apreciarlo en el calendario electrónico que resaltaba en ambas vías de la caseta de cobro.

En el país del maíz y la calavera de azúcar, brotaron, como ronchas de varicela, treinta y dos nuevos países con autoridad propia.

—Otra vez no hay agua, putísima madre —escuché con nitidez la expresión de un uniformado.

—Sin agua y luz este fin de semana —adelantó su acompañante—. Solo las fábricas, los comercios con escaleras movibles y elevadores y las casetas de recaudación tienen energía eléctrica propia…

 Un imparable ejército de motonetas cruzaba la caseta. El conductor no necesitaba hacer el pago con monedas o billetes.

Un ojo electrónico registraba su presencia y el cobro era en automático. El usuario estaba obligado a depender de un código de barras y una cuenta bancaria.

 El robo se castigaba con la muerte.

Sin embargo, en el Estado de México y la Gran Metrópoli de Tenochtitlan eran permitidas la bigamia, el amor libre y la diversidad sexual.

Los de Baja California Norte, llamados Tijuanenses, le tenían animadversión a los de Baja California Sur, los Paceños, por estar colonizados por ingleses y alemanes.

Los gringos o yanquis tenían el manejo financiero de la zona norte del antiguo México.

Los marines podían desplazarse sin compuertas por los setenta y dos mil kilómetros cuadrados del territorio, otrora mexica.

 En el Pico de La Encantada de la Sierra de San Pedro Mártir, construyeron una fortaleza con misiles nucleares, como medida disuarsiva.

El inglés era la lengua oficial en las dos bajacalifornias.

Algo similar ocurría en los países de Coahuila, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas.

En esa región, el castellano terminó siendo una lengua proscrita.

Y los tiempos de paz se evaporaron.

La  masa de habla castiza y militante puntual de las fiestas patrioteras, optaba por festejar, a ultranza, las costumbres y orígenes de su propia nación.

Los colimenses, por ejemplo, durante la tercera semana de julio, recordaban el surgimiento de la Gran Colima con danzas, fuegos artificiales, desfiles, ceremonias religiosas y borracheras.

En 1523, el capitán español Gonzalo de Sandoval había derrotado a los colimecas, encabezados por el rey Colimán. Desde ese momento, nació al primer colimense mestizo, ascendente del presidente de la República de Colima, Juan Carlos Sandoval Icaza.

Este personaje de mano dura descendía sanguíneamente del Capo Mayor del Contrabando, don Miguel Sandoval, considerado un héroe nacional por ayudar con armas y dinero a independizar Colima.

La Catedral Basílica Menor lleva su nombre.

Y bajo el Atrio Mayor reposan los restos del  ilustre narco y sus leales sicarios.

En otros países con raíces mexicas ocurría algo parecido. Por ejemplo, en Michoacán, Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

Los antiguos dirigentes de los cárteles de la droga, aliados con jueces, policías, empresarios, políticos y militares de alta jerarquía, lograron consolidar sus propias naciones y someter las revueltas de los federalistas que terminaron en el exilio, la cárcel o en el cementerio.

Los sindicatos son cosas del pasado. Predomina el contrato laboral por individuo.

Y está prohibida la huelga o cualquier manifestación de protesta.

La educación pública es cosa del pasado.

El clero católico y los ministros religiosos tienen la responsabilidad de amoldar la conciencia social de los infantes y jóvenes.

Las universidades fungen como Talleres de Formación Tecnológica y los padres de familia, un día por semana, limpian calles y parques para pagar la formación académica de sus hijos.

—0—

Tengo ochenta y dos años y soy ciudadano de San Luis Potosí: país acosado por nueve naciones ricas en agua, metales preciosos y madera.

Desde el lecho, recuerdo el asesinato del último presidente de México, Carmelo Uruchurto. Fue en Tamazunchale, en la frontera con Hidalgo. Ahí se desplomó la avioneta. Sus restos jamás fueron recuperados.

Carmelo Uruchurto es considerado el último federalista patriota de los mexicanos.

La resistencia federalista aún utiliza su nombre en los comunicados clandestinos. 

(No puedo hacer públicos mis recuerdos, menos transmitírselos a mis hijos o nietos. Los condeno a ser procesados y ejecutados, de acuerdo a la Ley Marcial vigente).

En San Luis Potosí vivimos de la explotación de la fluorita para potabilizar el agua.

Y exportamos anfetaminas y piedra de cocaína. Tienen demanda en los países del norte.

Nuestras drogas, ya legalizadas, dependen del capital privado. Es posible adquirirlas en cualquier tienda o supermercado.

 En las fiestas regionales nunca faltan los estimulantes o alcaloides. Ni el alcohol o mariguana. 

La prostitución está autorizada dentro de las zonas construidas en los suburbios de las grandes ciudades. 

En San Luis Potosí tenemos cincuenta y ocho, una por alcaldía territorial. 

La de Guadalcazar y Ciudad del Maíz son las más grandes y pobladas.

Hasta casino tienen.

Durante la primera semana de enero, se reúnen mil doscientos empresarios, generales, presidentes y comandantes de las gendarmerías. Lo hacen en la sede de Las Naciones Libres de América, dentro de la Gran Metrópoli de Tenochtitlán.

En la cumbre tratan asuntos de seguridad nacional, comercio y soberanías. Dirimen diferencias y determinan los precios de los alimentos básicos, las drogas y los productos de exportación.

Las conclusiones son transmitidas en las televisoras privadas de cada país.

Es obligatorio asistir a las plazas públicas para respaldar a quienes tienen la delicada misión de gobernarnos y darnos seguridad y empleo.

En tres años, quedo eximido de esta responsabilidad. Por decreto presidencial, a los ochenta y cinco años de edad, debo suicidarme con asistencia médica.

Mis propiedades pasan al Estado.

Las pensiones o jubilaciones son cosas del pasado.

Espero lean estas líneas mis descendientes.

—0—

La abuela guardó el secreto en sus retinas.

No podré escapar a mi destino. Mi muerte será confortable, rodeado de imágenes relacionadas a mis recuerdos gratos.

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